Natalan comparte el mismo vagón de Lunes a Viernes a la misma hora que Soarinng.
Natalan está totalmente enamorado por aquel chico bicolor del que ni siquiera nota su presencia.
O al menos eso es lo que piensa.
¿Qué sucedería si por azares del dest...
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˗ˏˋꘪ ☪NATALAN﹒ꕊ੭
Me mentiría a mí mismo si dijera que el tener que tomar el mismo tren todos los días a la misma hora para ir a la Universidad, era la principal y única razón del por qué suelo despertar con una hora de antelación. Claro, en un principio fue así. Pero desde hace dos meses eso dejó de ser una razón para mí, para convertirse en una simple excusa.
Él era mi razón.
A la misma hora que yo salía en dirección a mi Universidad, él tomaba el mismo vagón. Sólo que descendía dos estaciones antes de la mía. Siempre observaba con detenimiento como tomaba asiento en los lugares frente a mí, con aquel polerón de un color llamativo a la vista de cualquiera, ese castaño de sus lacios cabellos, y esos anteojos que adornaban a la perfección su perfilado y delicado rostro, quien cerraba sus ojos en una forma inútil de intentar conciliar el sueño los pocos minutos que le quedaban de camino. Se notaba sereno, despreocupado.
Se veía de ensueño.
En momentos como éste, en el que siento un leve latir dirigido hacia un total desconocido para mí, desearía tener el suficiente valor para acercarme a cualquier pesona que me causara una mínima de curiosidad por conocer y entablar una conversación, sea cual fuese la persona. Pero existía un problema; yo era un chico que inoportunamente se enamoró de otro chico.
Que triste.
Y es que esto no es una historia de amor adolescente en la que la protagonista conoce al amor de su vida por mera casualidad, se enamoran y viven plenamente con un "felices para siempre" de por medio. Muy internamente desearía que fuese así y que esas situaciones sucedieran realmente, pero para él yo era un total desconocido que curiosamente comparten el mismo vagón desde hace dos meses.
Tampoco me consideraba lo suficientemente atractivo físicamente como para acercarme en busca de respuestas que sólo él podría responderme.
Como su nombre, y número teléfonico.
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Sostuve con fuerzas el tubo de soporte al costado de mí y maldije silenciosamente, sabiedo lo que sucedería con tan solo sentir el movimiento del tren; faltaba menos de un minuto para llegar a la estación final de aquel misterioso chico, como ha sido la misma rutina desde hacía más de ocho semanas ya. La voz en el parlante confirmó mis sospechas y anunció el nombre de la estación paradera, ocasionando que mi mirada bajara inconscientemente en busca de aquellos ojos bicolores que tanta curiosidad y desvelos me han causado éstas semanas.
Y ahí estaba él, colocándose su mochila de vuelta sobre su hombro en lo que esperaba que las puertas al costado y frente mía se abriesen. Hubo unos escasos segundos en los que observé como el chico tomaba en mano su móvil mientras que el tren terminaba de detenerse; alzó la vista hacia el frente por inercia, y por primera vez en todo el trayecto mañanero, nuestras miradas se cruzaron.
Fueron solo unos míseros segundos...
Tan solo un par de segundos que cualquier persona externa podría considerar normal a simple vista, pero que ese gesto para mí fue la gota que colmó el vaso para ocasionar que mi flujo sanguíneo aumentase drásticamente hasta mi rostro y mis manos tiriten de nerviosismo, obligándome a aferrarme más al soporte.
Desvié la mirada inmediatamente y fruncí el ceño, maldiciéndome internamente con frustración por todo lo que ese completo desconocido conseguía hacerme sentir con tan solo notarme. Acomodé levemente el mechón que cubría con torpeza uno de mis ojos en un intento por mostrarme decente ante él. Portaba una de las camisas más cómodas y en buen estado que podía tener en mi armario. Era mi mejor vestimenta y la que he empezado a optar por usar para dar una buena imagen desde que aquel chico empezó a introducirse en mi vida diaria sin siquiera él notarlo.
Pero, a pesar de sentir que iba bien vestido, las dudas comenzaron a surgir.
❝Estoy volviéndome loco...❞
Pasó al costado mío con paso apresurado, como si de un soplido se tratase. No me dio tiempo ni de reaccionar cuando su presencia ya se encontraba fuera del vagón. Si acaso y me dio tiempo de observarlo de reojo hasta desaparecer totalmente de mi vista, acompañado del cierre de las puertas y el trayecto regular hacia la próxima estación.
Mis pulmones volvieron a recuperar el aire que tanto anhelaban minutos antes, aunque mi pecho dolía.
Mi corazón dolía.
❝Tal vez mañana...❞
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❝Tendría el valor de cruzar el vagón, y preguntarte: "¿Quién eres?"❞