Natalan comparte el mismo vagón de Lunes a Viernes a la misma hora que Soarinng.
Natalan está totalmente enamorado por aquel chico bicolor del que ni siquiera nota su presencia.
O al menos eso es lo que piensa.
¿Qué sucedería si por azares del dest...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
˗ˏˋꘪ☪NATALAN﹒ꕊ੭
La misma rutina sucedió sin falta. Esa ansiedad por pensar de que el día anterior pueda llegar a ser el último día en que consiga mirar esos hermosos ojos bicolores surgió nuevamente. Ya se había vuelto una enfermiza costumbre para mí.
El tren dio parada en la estación en la que él sube. Y como todos los días, él apareció.
Tomó el asiento al que solía concurrir, con la excepción de que fijó su vista totalmente a la pantalla de su móvil sin notar aunque sea un segundo su alrededor. No pude evitar mantener mi mirada posada en él y observarlo de pies a cabeza como si fuese la primera vez que nos encontrasemos.
La misma sudadera llamativa, los mismos ojos bicolores siendo perfectamente acompañados por aquellos anteojos circulares, los mismos castaños cabellos, la misma mochila decorada con pines de pikachú...
Pero ante mis ojos, seguía siendo la persona más interesante de observar.
Era precioso, sin duda alguna. Posaba unos auriculares de cable que lo ayudaban a desconectarse de su alrededor hasta llegada su parada mientras escuchaba lo que parecía ser un podcast, según lo que alcanzaba a observar desde mi puesto.
Su ceño se frunció y su mirada cálida como solía ser se había endurecido repentinamente en lo que rebuscaba algo en su mochila. Sacó una libreta de notas de pasta dura sin despegar la mirada del aparato electrónico y comenzó a anotar de forma frenética, sin detenerse aunque sea para pensar.
❝¿Qué tanto escribes, lindo chico desconocido?❞, me hizo preguntarme a mí mismo ante su actitud.
Él sin duda no lo sabía, pero ayer había ido de compras en busca de ropa más decente con la cual sorprenderlo. Ahora vestía la camisa más elegante y mis pantalones favoritos, que me hacían sentir confiado de mí mismo. Lo hice por él.
Te lo suplico, mírame... Lo hice por ti.
Pero él sólo llevó sus manos hasta la zona del tabique al mismo tiempo que cerraba sus ojos con rudeza, en una forma desesperada de buscar tranquilidad. Había despegado finalmente su mirada de aquel dispositivo, ocasionando que una notable sonrisa volviese a aparecer en mis labios.
Sus ojos dolían, por lo que se podía observar a simple vista. Posó sus lentes por encima de su frondoso cabello castaño y recargó su cabeza sobre la ventanilla como solía hacerlo todos los días con la intención de dejar descansar su vista. Solo en esos momentos pude observar con detenimiento sus rasgos por primera vez en el día; aquellos ojos bicolores tan lindos venían siendo acompañados por una mirada cansada junto a unas notables ojeras por lo que parece ser de no haber dormido el día anterior.
Mi sonrisa desapareció inconscientemente al notar su estado.
Él tan sólo giró su propia cabeza hacia un costado, permitiendo a su boca exhalar un largo y pesado bostezo que él mismo cubrió con una de sus manos. Sentí como todo en mí parecía dejar de funcionar correctamente al presenciar esa escena.