28: Amor Consumado

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Al despertar encuentra frente suyo un espacio vacío en la cama, una que no es la suya, pero reconoce el closet y el decorado del lugar, por lo que vuelve a cerrar los ojos y suspira, hundiendo la cara contra la almohada. Realmente aquello pasó, se dijeron "te amo" y dijo algo muy vergonzoso, demasiado.

De regreso al apartamento, Bakugo se encargó de conseguirle comida y durante el viaje en taxi entre bocados hablaron, platicaron e incluso rieron juntos, sin embargo, no faltaron las lágrimas de su parte y sorpresivamente ellas dieron paso a lindas palabras de consuelo por parte del vástago. Siente la cara arder al recordar la forma en que le acunó el rostro, limpiando las lágrimas con pulgares o capturándolas con los labios, susurrándole contra la mejilla lo mucho que lo había echado de menos y que no lo soltara, claro que se estaba burlando un poco de él, pero se sintió bien.

— Oye —Se tensa al escucharlo y usa ambas manos contra el colchón para impulsarse, ve sobre el hombro izquierdo y mira a su chico vampiro, quien modela sin camisa bajo el marco de la puerta. Ya no hay perforación alguna ni maquillaje, pero sigue siendo igual de abrumador y atractivo—, pasan de las dos de la tarde, ¿nadie vendrá a arrancarme la cabeza porque no llegaste?

— No, nadie.

— Bien.

— ¿Mis ropas? —pregunta, girando poco a poco en la cama y viendo las prendas que viste, claramente no son suyas.

— Estaban mojadas, si dejaba que durmieras con eso ibas a enfermar —Bakugo camina hacia él, tomando lugar en la orilla de la cama— y como estabas usando una sudadera mía, supuse que no iba a molestarte usar más ropa mía.

— Claro que no me molesta, es solo que —Oh, siente las orejas calientes y eso significa que se ha sonrojado escandalosamente— me cambiaste cuando estaba dormido.

— Lo hice.

— Me desnudaste.

— ¿Es eso lo que te molesta? —Pregunta Bakugo sonriendo radiante, que los colmillos luzcan sin nada de pena hace que un escalofrío le recorra el cuerpo. Traga al verlo gatear hacia su dirección, colocando las manos a cada lado de su cadera y acorando un poco más la distancia entre sus rostros, pero no lo suficiente como para sentir su respiración o hacerlo retroceder para seguir viendo esa sonrisa que tanto lo ha enamorado— ¿Te molesta que te haya desnudado cuando estabas dormido?

— No me hagas sonar como un pervertido.

— No lo negaste.

Usa la mano derecha para cubrir los ojos del vástago, quien, a pesar de no verlo ahora, no borra sonrisa ni se aparta, solo se mantiene ahí y su corazón se enternece por ello, ¿ambos? Le gustaría poder saberlo. Acorta la distancia entre sus rostros conteniendo el aire, viendo con atención los delgados colmillos que se diferencian así de un hombre lobo, también de que se distinguen con facilidad de los demás al sobresalir un poco, aunque tiene entendido que pueden crecer en dadas circunstancias.

Los labios delgados de ese tono rosado le parecen muy bonitos para ser de un varón, pero es consciente de que, si los viera en una chica, no les prestaría la atención que se merecen. Baja un poco más hasta depositar un suave beso en el labio inferior y solo eso basta para que la sonrisa de Bakugo se borre y contenga la respiración. Sonríe ante eso, besándolo nuevamente.

— Quita tu mano de mis ojos ya, quiero verte.

— No, me da vergüenza —suelta una risilla, volviéndolo a besar—. Quédate así.

— ¿Qué? ¿Hasta la muerte?

— Si vamos a estar juntos, sí.

— No es justo —Ahora es Bakugo quien se impulsa para besarlo y no puede evitar quedarse quieto para recibirlo—. Quiero verte, Eijiro.

No Me Sueltes (BakuShima)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora