Bajo el cielo vasto y despejado del antiguo Egipto, el grupo liderado por la sacerdotisa se adentraba en las ardientes arenas del desierto. El sol ardía implacable sobre sus cabezas mientras avanzaban, siguiendo las huellas dejadas por generaciones de viajeros en busca de la sabiduría de las deidades.
El Nilo, serpenteante y majestuoso, flanqueaba su camino, ofreciendo un oasis de vida en medio del vasto mar de arena. Las palmeras se mecían suavemente con la brisa, proporcionando sombra y alimento a los viajeros fatigados. Pero más allá de las orillas del río, el desierto se extendía como un mar de oro, desafiando a quienes se aventuraban en sus dominios.
La sacerdotisa, con su conocimiento ancestral, guiaba al grupo con determinación a través del laberinto de dunas y oasis. Cada paso era una prueba de resistencia y voluntad, pero también una oportunidad para conectar con la tierra y sus misterios ocultos.
Horus e Ishia seguían con atención las indicaciones de la sacerdotisa, conscientes de que su destino estaba ligado al encuentro con la Diosa Leona. En las tierras de Sekhmet, la sabiduría y el poder de la diosa podían ofrecer respuestas a las preguntas que los atormentaban.
Este camino nos llevará directamente a las puertas de Itjtawy, la capital donde reside la Creadora del Desierto - anunció la sacerdotisa, señalando hacia el horizonte distante.
El grupo renovó sus fuerzas y continuó su marcha hacia adelante, atravesando dunas interminables y valles ocultos. El calor del desierto los envolvía como una manta abrasadora, pero su determinación no flaqueaba.
A medida que se acercaban a Itjtawy, el rumor de la ciudad se hacía más audible. El bullicio de las calles y el ajetreo de los mercados resonaban en el aire, señales de vida en medio de la aridez del desierto.
Estamos cerca - anunció la sacerdotisa, su voz llena de anticipación.
***
Mientras el grupo se aproximaba a la Capital, un nuevo desafío se alzaba en su camino. En medio de las dunas, se encontraron nuevamente con Los Terra, cuyas intenciones no eran amistosas. Horus y Ishia, preparados para enfrentarse a cualquier obstáculo, se dispusieron a lidiar con ellos nuevamente.
Los Terra, con sus rostros cubiertos por turbantes y armados hasta los dientes, bloqueaban el paso del grupo con determinación. Sus miradas hostiles y sus armas relucientes indicaban que no estaban dispuestos a dejarlos pasar sin pelear.
Horus, con su espada en mano, y Ishia, con su magia lista para ser desatada, se prepararon para el combate. La sacerdotisa, consciente de la importancia de llegar a Itjtawy sin demora, instó a la prudencia y la diplomacia.
¿Qué desean de nosotros, guerreros de la arena? - preguntó la sacerdotisa con calma, tratando de calmar los ánimos.
Los Terra, con voz ronca y tono desafiante, exigieron tributo y sumisión. Querían apropiarse de los recursos y tesoros que el grupo llevaba consigo, y estaban dispuestos a luchar por ello.
No tenemos nada que ofrecerles, excepto nuestro respeto por esta tierra y nuestra determinación de cumplir con nuestro destino - respondió Horus con firmeza, sin retroceder ante la amenaza.
Los Terra, desafiados por la valentía del grupo, se prepararon para el enfrentamiento. Las espadas chocaron en medio de las dunas, y la magia se desató en un torbellino de energía. Horus y Ishia luchaban con ferocidad, protegiendo a la sacerdotisa y enfrentándose a los Terra con determinación.
La victoria sobre Los Terra no fue fácil, pero el grupo logró imponerse. Sin embargo, las provocaciones de los guerreros los llevaron a desviarse del camino hacia Itjtawy. Mientras se alejaban de la ruta correcta, el sol abrasador del desierto castigaba sus cuerpos fatigados. La sacerdotisa, consciente del retraso que esto significaba, instó al grupo a encontrar rápidamente el rumbo correcto.
Debemos recuperar el tiempo perdido y retomar nuestro curso hacia Itjtawy antes de que sea demasiado tarde - advirtió la sacerdotisa, con urgencia en su voz.
Horus e Ishia asintieron con determinación, dispuestos a enfrentar cualquier desafío que se interpusiera en su camino. Con los ojos fijos en el horizonte, se adentraron en el laberinto de dunas, confiando en la guía de la sacerdotisa para encontrar el camino correcto.
A medida que avanzaban, las sombras del desierto parecían cobrar vida, jugando con sus percepciones y desafiando su resistencia. El calor sofocante y la falta de agua comenzaban a hacer estragos en el grupo, pero su determinación no menguaba. Sabían que el destino de Ma'at y el futuro de Egipto dependían de su éxito en esta misión.
Con cada paso, el paisaje cambiaba, revelando nuevas trampas y desafíos. Las dunas se extendían hasta el horizonte, como olas congeladas en el tiempo, y el viento susurraba secretos ancestrales en sus oídos. En medio de este vasto mar de arena, el grupo se aferraba a la esperanza de alcanzar Itjtawy y enfrentarse a su próximo desafío: la Creadora del Desierto.
El tiempo corría en su contra, pero su determinación era inquebrantable. Con el corazón lleno de coraje y la mente enfocada en su objetivo, Horus, Ishia y la sacerdotisa continuaron su travesía a través del desierto implacable, decididos a cumplir con su destino, pese a las adversidades que se interponían en su camino.
***
El sol del desierto castigaba sin piedad a Horus, Ishia y la sacerdotisa mientras avanzaban hacia Itjtawy. Sus ropas estaban empapadas de sudor y sus gargantas resecas anhelaban desesperadamente un trago de agua. A medida que el calor aumentaba, sus pasos se volvían más pesados y sus cuerpos clamaban por descanso.
Horus, con la frente perlada de sudor, miró al horizonte y suspiró con pesar. "El calor es implacable, pero no podemos detenernos ahora. Ma'at y el destino de Egipto dependen de nosotros."
Ishia asintió, su determinación intacta a pesar del agotamiento. "Tenemos que doblar nuestro esfuerzo y seguir adelante. No podemos permitir que el desierto nos venza."
La sacerdotisa, con su mirada fija en el horizonte distante, agregó: "Cada paso nos acerca un poco más a nuestro objetivo. No podemos rendirnos ahora, no después de todo lo que hemos pasado."
Aunque el calor abrazador del desierto los sofocaba y el agotamiento amenazaba con vencerlos, el grupo se aferraba a la esperanza y a la determinación. Con cada paso, renovaban su compromiso de llegar a Itjtawy y enfrentarse a la Creadora del Desierto.
Sin embargo, conforme avanzaban, el sol parecía intensificarse, como si el mismo desierto conspirara en su contra. El calor se volvía casi tangible, envolviéndolos en una sensación sofocante que dificultaba incluso el respirar. Cada paso era un desafío, cada inhalación una lucha contra el aire ardiente que llenaba sus pulmones.
A pesar de su valentía y determinación, el grupo comenzaba a flaquear. El agotamiento los arrastraba hacia la somnolencia, y la falta de agua amenazaba con debilitar sus cuerpos aún más. En medio del desierto interminable, la esperanza parecía desvanecerse lentamente, como el resplandor de una vela que se apaga en la oscuridad de la noche.
Pero incluso en su hora más oscura, la llama de su determinación seguía ardiendo. Con el corazón lleno de coraje y la mente enfocada en su objetivo, Horus, Ishia y la sacerdotisa se aferraban a la esperanza de llegar a Itjtawy y enfrentarse a su próximo desafío. Aunque el camino parecía interminable y las fuerzas menguantes, sabían que no podían rendirse. El destino de Ma'at y el futuro de Egipto dependían de su resistencia y perseverancia en medio del abrasador abrazo del desierto.
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Horus Jepri Chronicles
AdventureSumergiéndonos en un emocionante viaje a través de los reinos divinos y terrenales, «Horus Jepri Chronicles» nos presenta una épica antología compuesta por once episodios que tejen una narrativa envolvente y llena de misterio. La historia se inicia...