Nadie dijo que sería fácil

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Ramírez se encontraba tumbado en su cama, pensando mientras miraba el techo. Hacía unos días se encontraba sin empleo, pero también sin preocupaciones. Sin embargo, desde que llamó por teléfono para obtener un puesto de trabajo, su cabeza no había parado de dar vueltas. Su mundo se había llenado de complicaciones. Debía hacer las cosas bien, pero para ello, tenía que pensar hasta dar con la manera adecuada de acercarse, inicialmente, a un joven de diecisiete años llamado Ernesto Hernández. Podía parecer tarea fácil, pero no lo era y menos para un principiante como Ramírez. Pensadlo vosotros también: ¿Cómo te acercas a un chaval de diecisiete años que ha perdido toda su esperanza en cumplir su sueño, para ofrecerle ir a una escuela pensada precisamente para alguien como él? Parad un momento..., ¿A que no es tan fácil? Ahora mismo podría coger y decir: Id a la página 32 si pensáis que realmente esto es coser y cantar, pero simplemente, no puedo, porque esto, lo mires por donde lo mires va a ser una cagada.

Diez días, exactamente. Ese era el tiempo que Ramírez llevaba pensando en cómo hacerlo. Sus únicos descansos habían sido las horas del desayuno, la comida, la cena y finalmente, el momento de irse a dormir. El resto del día lo había pasado mirando al techo sin hablar con absolutamente nadie.

Se sentía solo y en ocasiones como esta, sentirse así es una mierda. Siempre necesitas a alguien cerca, que te de consejos sobre cómo actuar. Con el tiempo te acostumbras a reclutar estudiantes, pero el primero es el más difícil, sobre todo, cuando ni siquiera sabes cómo vas a impartir tus clases, ni sabes nada de lo que vas a hablar. En este caso, de cine.

El trato que le habían ofrecido a Ramírez era sencillo: durante un año, dar clases a nueve jóvenes con dos cosas en común, los sueños y los secretos. En el resto, eran completamente diferentes. Y ya no solo hablo de la edad, de la personalidad o los gustos, sino de todo en general. Una vez más, parad a pensarlo: ¿Dar clase a gente que no se conoce de nada y que probablemente no congenien para que cumplan un sueño del cual tu no entiendes nada? Ahora, apartando este tema, os pregunto yo a vosotros ¿Seríais capaces?, igual vuestra respuesta es clara, ya sea porque os guste mucho el cine o por cualquier otra mierda, pero si esa misma pregunta se la hubierais hecho al señor Ramírez hace once días, probablemente y sin ningún tipo de duda, hubiera respondido que sí, que sería uno de los trabajos más fáciles del mundo. Pero por lo visto, todo cambia y su sensación actual respecto a este tema es: Estoy jodido. No es que esté metido en su mente, pero joder, diez días hablando únicamente con las voces de tu cabeza, tiene que ser una auténtica mierda. Esperemos que dentro de poco se decida a levantarse de una vez y comenzar su cometido, porque a este paso, nunca va a emprender uno de los viajes más bonitos de su vida. ¿Y cómo lo sé?, porque yo fui uno de sus estudiantes y ahora mismo, me apetece contar al dedillo todo lo que pasó. Quiero que todo el mundo conozca esta historia, la historia de cómo una persona que salió de la nada, se convirtió en uno de los mayores héroes de la historia, quizá no para todo el mundo, pero al menos, sí para mí.

Después de haberos contado todo esto, espero que estéis preparados para la idea revolucionaria que tuvo Ramírez mientras se tomaba su quinto café del día para poder permanecer despierto.

- Camuflaje -. Se dijo

Efectivamente, el camuflaje. Esta palabra sonó dentro y fuera de su cabeza e inmediatamente, se le dibujó una sonrisa. Igual pensáis que es una estupidez o que haber tardado tanto tiempo en pensar algo tan obvio como el camuflaje era de idiotas, pero hacedme caso, tras esta palabra había una misión bastante bien elaborada.

Ramírez corrió hacia una pizarra que tenía en su habitación y sin más dilación, comenzó a escribir en ella. Si no detienes ese momento para ponerlo en cámara lenta, pensarías que lo que estaba escribiendo era otro idioma. La velocidad con la que movía sus manos para no olvidar su idea era increíble. Cualquier persona que lo viera se asustaría de las ansias con las que mi futuro profesor, plasmaba sus ideas.

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