Capítulo 1 ― Oportunidades ―

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Cuando era pequeña, mi padre y yo siempre hablábamos de la Universidad de Huntford. Sobre que era la mejor opción por las oportunidades que te ofrecía una vez terminabas la carrera.

Pero cuando murió un año antes de que yo siquiera tuviera la oportunidad de empezar allí, esa idea se esfumó de mis pensamientos.

Mamá y yo sabíamos que su trabajo no era fácil. Que ser agente de la UIC (Unidad de Investigación Criminal) conllevaba un riesgo al que se accede voluntariamente. Cada mañana salía por la puerta de casa sin saber si esa sería la última vez que lo viéramos. Pero siempre nos decía que él podía ayudar a personas atrapando a aquellos que infligen daño con maldad.

Cuando tenía 17 años, unos compañeros de mi padre se presentaron en nuestra casa. Sin él. Y nos dieron la noticia que había desaparecido con una gran probabilidad de estar muerto.

Durante meses esperamos y esperamos por si nos daban una noticia de su paradero. Si lo habían encontrado. Pero todo fue en vano.

Los meses se convirtieron en un año, y lo declararon muerto.

Todas las esperanzas que teníamos se fueron con él, donde quisiera que estuviera.

Se organizó un funeral con un ataúd vacío, donde asistió la familia y compañeros de mi padre. Nunca me había sentido tan alejada de la realidad.

Nos mudamos de Londres a Australia. Para empezar de cero. O al menos intentarlo.

Y todos esos recuerdos pasaron por mi mente como si fuera una película, mientras veía una carta sin abrir de la Universidad de Huntford encima de la mesa.

Siento como el pulso se me acelera, como el martilleo del corazón retumba sobre mi pecho, haciendo que oiga las pulsaciones de este en los oídos. Nunca llegué a mandar mi solicitud. ¿Cómo demonios ha llegado esto aquí?

― ¡Mamá! ¿Cuándo ha llegado esta carta? ― Digo sin apartar la vista de esta mientras escucho unos pasos acercándose.

― ¿Qué carta cielo? ― Me mira con confusión a la vez que cojo la carta y se la enseño. ― Universidad de Huntford... ― Abre los ojos como platos. ― ¡Cariño! ¡Pero esto es genial! ¡Siempre has querido ir! ― Empieza a dar saltos de alegría y a abrazarme, pero yo no me muevo.

― Dejé de querer ir cuando papá murió. ― Murmuro en un tono casi imperceptible, pero mi madre escuchó. ― Además, no la he abierto, no sé lo que dice.

― ¿Y a qué esperas? ― Dijo mi madre entrecerrando los ojos. Haciéndome un análisis.

Pero, ¿a qué estaba esperando? Algo me impedía abrir la carta. Algo en mí no lo quería saber. Ese sitio era mío y de mi padre. Y me había negado a volver a recordar. ¿Pero, y si eran buenas noticias? Y si ese es el caso, ¿Por qué ahora?

Hace poco me licencié en criminología en la Universidad de Queensland con matrícula de honor, aquí en Australia.

Un recuerdo se me vino a la mente.

― El señor Beckett me dijo que veía mucho potencial en mí, y me preguntó si seguiría estudiando una vez acabara.

―¿ Piensas seguir estudiando? ― Dijo mi madre mientras se dirigía al sofá. Cogí la carta y la seguí.

― He pensado en hacer un máster de psicología criminal.

Hubo un silencio entre las dos, mientras veía como sus ojos verdes empezaban a aguarse, y un atisbo de una lágrima se esfumó cuando sus dedos rozaron su mejilla.

― Mamá... ― Dije mirando a otro lado. Odiaba ver a mi madre así. No hacía falta que lo dijera, ya sabía el porqué.

― Esque... te pareces tanto a él. Estaría muy orgulloso de ti, Olivia. Es una pena que no pueda ver en lo que te has convertido. ― Me cogió la mano, y eso hizo que mi atención se volcara en ella. ― Sé que esa universidad era el sueño de los dos, pero no tiene por qué seguir siendo en pasado. Que no esté aquí no significa que debas renunciar a lo que quieres.

Intenté contener las lágrimas, pero estas acabaron saliendo. Mi madre me las quitó suavemente y me puso las manos en las mejillas.

― Abre la carta, Olivia. O la duda te perseguirá siempre como un fantasma.

La miré directamente a los ojos. Tenía razón. No podía huir para siempre de los recuerdos, porque estamos hechos de ellos, de recuerdos agradables, dolorosos, tristes... Todos ellos nos hacen ser quiénes somos a día de hoy. El recuerdo de él es algo que debo abrazar y aceptar, en vez de alejarlo para siempre.

Eché un vistazo a la carta antes de abrirla. Si mi madre vio que me temblaban las manos, no dijo nada. Menos mal que no decidí ser cirujana.

Desplegué el papel y empecé a leer en voz alta.

Estimada Olivia Martins, nos ha llegado a nuestro poder una carta de recomendación de un profesor de la Universidad de Queensland, el señor Beckett. Afirma que tiene las aptitudes necesarias para convertirse en una de las mejores profesionales en el campo de la criminología. Es por esto que estamos encantados de proporcionarle una beca completa para que pueda empezar su máster de psicología criminal en una semana. Si acepta nuestra oferta, por favor, contacte con nosotros lo antes posible. Atentamente, Universidad Huntford.

Estoy sin palabras. Mi cerebro va a mil por hora. Mi madre se me queda mirando, esperando a que reaccione de alguna manera. A que emita algún sonido, haga algún movimiento.

Me giro lentamente hacia ella.

― Yo... No sé... Esto... ¿En una semana? Es imposible mudarme otra vez a Londres con ese tiempo. Y tú te quedarías aquí sola y... ― Me callé cuando vi la cara de mi madre. Impasible. Sin expresión. Se viene una bonita reprimenda.

― Olivia Martins Dufour. ― Mala señal si utilizaba mi nombre completo. ― Tienes una oportunidad maravillosa, la cual has esperado durante mucho tiempo, aunque lo niegues, ¿y vas a desperdiciarlo porque dices que me quedaré sola? Ay... cariño. ― Se quedó un rato callada, estudiándome. ― Te voy a hacer una pregunta, y quiero que respondas con sinceridad, nada de mentiras. ¿De acuerdo? ― Asentí. ― ¿Qué te impide aceptar esa beca e irte?

Los recuerdos que hay ahí. Nací y me crié en Londres. Y volver significa que los recuerdos negativos tengan más peso que los positivos.

― Los recuerdos, y no poder disfrutar de esto con él, como siempre dijimos. ― Me mordí el labio para evitar romper a llorar. ― ¿Cómo lo haces? ¿Cómo puedes seguir sin él?

― Olivia... Él no está. Pero siempre formará parte de nosotras. Es algo que acepté, por mucho que me doliera reconocer que nunca más volvería a verle. Muchas veces queremos quedarnos en un recuerdo y no hacer frente a la realidad, pero eso solo sirve para negar lo que tienes. Quise, quiero y querré a tu padre hasta que mi memoria me permita recordarlo. ― Se levantó del sofá y se dirigió a una vitrina al lado del televisor. ― Me regaló esto un día cualquiera. ― Me dio una pulsera de oro con un nudo sofisticado. Me giré hacia ella esperando alguna explicación. ― Dijo que el amor soporta lo imposible. De ahí el nudo. ― Mientras hablaba, me cogió la muñeca y me puso la pulsera. ― Quédatela. Así nos sentirás cerca.

No pude contener más las lágrimas y abracé a mi madre. Ambas lloramos como si necesitáramos esa conversación. Como si decir todas esas cosas en voz alta se hiciera realidad. No podía seguir huyendo de la realidad. De mi realidad. Mi padre no estaba, pero sus recuerdos siempre permanecerán.

Fue en ese instante cuando tomé una decisión. Una que haría que me cambiara la vida aunque yo no lo supiera en ese momento.

Universidad de Huntford, prepárate.

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