34. Te eché de menos

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Pipe Otaño

 Subí las escaleras sintiendo que cada escalón pesaba una tonelada. Escuchar a Ivette decirle a Matías que "siempre pensó en él" fue como si me tiraran un balde de agua helada después del calor de Cádiz. Me tiré a la cama de plancha, con la sudadera aún puesta, esa que ella llevaba hace apenas unas horas.

—Soy un extra —susurré contra la almohada—. Una segunda opción.

Me quedé mirando el techo, recordando el brillo de sus ojos frente al Teatro Falla. Me dolió darme cuenta de que ese brillo no era por mí, sino por el orgullo de su tierra, y que yo solo fui el espectador de su felicidad. A las cuatro de la mañana, la luna sobre Sierra Nevada me recordó a la cúpula dorada de la Catedral de Cádiz, pero aquí no había manos entrelazadas ni promesas de ir a la playa. Solo quedaba el eco de una risa que ya no me pertenecía.

 Ivette Jiménez

 En cuanto la puerta del cuarto se cerró, el mundo exterior desapareció. No había cámaras, no había nieve, no había Pipe. Solo estaba Matías. Nos besamos con una desesperación que me quemaba por dentro; sus dedos en mi pelo y su mano firme en mi cintura me recordaron por qué él es mi lugar seguro.

—Echaba de menos tus besos, preciosa —me dijo él, jadeando.

—Y yo... no tenés idea —respondí, volviendo a atacar su boca.

Me subí a su regazo, necesitando sentir su cercanía después de estos dos días de distancia emocional. Sus besos en mi cuello eran húmedos y cálidos, marcando de nuevo su territorio, borrando cualquier rastro del salitre de Cádiz. Estaba tan agitada, tan llena de emociones encontradas, que mi cuerpo simplemente se rindió. Me quedé dormida sobre su pecho, escuchando los latidos de su corazón, el único ritmo que realmente me importa.

 Matías Recalt

La miré dormir. Parecía una princesa, tan ajena al caos de sentimientos que había provocado. Verla ahí, tan vulnerable, me hizo sentir una punzada de culpa por no haber ido con ella, pero también una satisfacción posesiva. Pipe pudo haber tenido su tour y sus fotos, pero yo tenía esto: su sueño, su entrega y su amor.

—Mañana volvemos al rodaje, nena —susurré apartándole un mechón de la cara—. Y mañana vas a ser mía delante de todos.

 Y mañana vas a ser mía delante de todos

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Nota:

Perdón por no subirlo todo a la vez, enserio, estoy intentándolo 🤍

Si Supieras... || Matías RecaltDonde viven las historias. Descúbrelo ahora