Capítulo XVI

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Hola a todos! Acá el último capítulo que tenía editado jeje. 

En este vemos a Rhaenyra más calmada, pero no durará tanto, recuerden que es un fanfic Dark Rhaenyra.

También avisar que mi hermana volverá a sacar uno Dark Daemon y le di libertad creativa, así que ahí iré anunciando que se teje con ese. 

Besos y abrazos y no olviden comentar.


Cuando Daemon, Laena y Laenor llegaron al campo de batalla, se encontraron con un paisaje desolado marcado por los estragos de la guerra. La tierra estaba marcada por cicatrices de batalla, con escombros humeantes y restos de equipos militares esparcidos por doquier. El aire estaba cargado con el olor acre del humo  y el sonido de la devastación aún resonaba en sus oídos mientras avanzaban entre las ruinas.

A medida que se adentraban más en el campo de batalla, los signos de la feroz lucha que se había librado allí se volvían más evidentes. El suelo estaba calcinado y marcado por las huellas de un fuego ardiente que había consumido a cientos de enemigos. Era evidente que un dragón había dejado su marca en el campo de batalla, con llamas devastadoras que habían arrasado a su paso.

A pesar del desolador panorama que se extendía ante ellos, Daemon no podía evitar buscar ansiosamente cualquier indicio de la presencia de Rhaenyra y Syrax. Su corazón latía con temor mientras seguían los rastros de la batalla, pero cuando llegaron al corazón de las montañas, los indicios se volvieron más viles. 

Allí, entre las rocas y los escombros, encontraron evidencia de un terrible enfrentamiento. Había señales de que un dragón había sido herido y arrastrado, y el mero pensamiento de que Rhaenyra y Syrax pudieran estar muertas era demasiado para contemplar.

Para Laena y Laenor, la preocupación se centraba principalmente en el destino de Syrax, quedaban pocos dragones en el mundo, y perder a una sería una noticia lamentable.

Rhaenyra podía morir en las manos de los Dothraki y a ellos no les importaría en ese minuto. No luego de todo lo que había hecho, y no luego de que ver que el rey consorte aún tenía que hacer pausas para caminar debido al dolor de su cuerpo. 

Mientras avanzaban entre los restos del campo de batalla, cada paso aumentaba la tensión y la incertidumbre sobre lo que podrían encontrar. 

Con la estrategia cuidadosamente planeada, Daemon, Laena y Laenor dejaron a Vhagar, Bruma y Caraxes en un lugar seguro, resguardados entre los roqueríos lejanos de la ciudad Dothraki. Los imponentes dragones reposaban, alertas pero tranquilos, listos para intervenir en un instante si su ayuda era necesaria. Su presencia silenciosa y majestuosa era un recordatorio constante de la fuerza que tenían a su disposición, pero también de la responsabilidad que conllevaba su cuidado.

Llevar dragones a una guerra era un poder abismal, pero los dragones no eran inmortales, y todo parecía indicar que los enemigos sabían matar dragones. 

Con cautela y sigilo, los tres avanzaron kilómetros bajo el abrasador sol, evitando cualquier indicio que pudiera alertar a los Dothraki de su presencia. Cada paso era calculado, cada movimiento medido para evitar cualquier encuentro no deseado. La necesidad de mantener la sorpresa era crucial, ya que cualquier error podía poner en peligro su misión y la seguridad de los posibles prisioneros de guerra.

A medida que se acercaban a la ciudad, el corazón de Daemon latía con anticipación y ansiedad. Sabía que el éxito de su misión dependía de su habilidad para infiltrarse en la ciudad enemiga sin ser detectado. 

Cada rincón oscuro, cada callejón estrecho ofrecía un escondite potencial, pero también ocultaba peligros desconocidos y su salud, estaba lejos de ser la idónea para esa misión. 

El oscuro corazón de la reina (Daemyra) (Dark Rhaenyra)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora