Capítulo diecisiete

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La policía estaba estacionándose frente a la casa de Voyage. Era sólo un policía bajando del automóvil. El policía tocó el timbre y de inmediato Voyage le abrió la puerta.

—¿Sí?

—Buen día, hace un momento tuvimos un reporte de una chica reportando un ataque en esta casa.

—Sí, lo sé, mire, pase y vea lo sucedido. Todo es un malentendido.

El policía entró y vio en el piso de arriba a un hombre sosteniendo a la chica en sus brazos.

—¿Ella es la chica?

—Sí, es mi hija, y tiene problemas y muchas adicciones.

—¿Y usted quién es? —preguntó el policía a Bastián.

—Soy su tío, mi sobrina tiene tendencias violentas y alucinaciones por un problema de drogas. Voy a regresarla a su cama, Voyage.

—De acuerdo, déjala descansar.

—Ella tiene alucinaciones que la queremos dañar, cuando nosotros tratamos que no se haga daño. Hace unos días se hizo una fractura en la pierna por tratar de salir por la ventana.

—¿Toma algún medicamento? —preguntó el policía.

—Sí, pero ayer se me terminó el medicamento y hoy ella rompió la receta. Estoy esperando que las farmacias abran para comprar más medicamento.

—¿Y cómo lograron calmarla?

—No lo hicimos, cuando tiene estos ataques y no toma su medicamento, ella se altera pero cuando la logramos calmar, se duerme o se desmaya. Es muy difícil, ¿sabe?

—Me imagino, tengo que revisar a la chica y hacerle unas cuantas preguntas para asegurarme, con su permiso—respondió el policía subiendo las escaleras.

Bastián después de dejarla en la cama, fue a ocultar sus armas detrás del closet antes que el policía viniera mientras pensaba donde pudo ocultar la USB.



Siete con quince de la mañana.

Marcus despertó adolorido y mareado, vio que tenía todo el brazo de su saco con sangre y Dylan tirado en suelo con un charco de sangre bajo su pierna. Ambos estaban en una habitación fría donde guardaban las verduras. Marcus se arrancó la manga del brazo herido, se acercó a Dylan y le dio la vuelta para comenzar a hacerle un torniquete con la manga.

—¿Marcus? —respondió Dylan tratando de levantarse.

—No hagas esfuerzos, ahora ayúdame—respondió Marcus terminado el torniquete y apretándolo fuerte.

Marcus se arrancó la manga y se la entregó a Dylan. Dylan hizo su mejor esfuerzo de hacerle el torniquete mientras recibía ayuda de Marcus.

—Bien aprieta fuerte. ¿Cómo te sientes? —preguntó Marcus ayudándole a levantarse.

—Me cuesta recargar la pierna, ¿y tú?

—Tengo mareo y frío. Bien, ¿cómo salimos de aquí?

Marcus se acercó a la puerta, pero obviamente estaba cerrada y no tenía algo para abrirla. La puerta era de metal, con una pequeña ventana, pero la puerta era muy sólida cómo para abrirla de una patada o derribarla. Dylan arrastró algunos estantes de metal y cajas con verduras, pero no había nada, ni un sólo ducto de ventilación.

—Nada aquí, ¿alguna idea? —preguntó Dylan apretando su pierna del dolor—. Por lo menos el frío no es mortal.

—Los estantes, ¿se pueden desarmar y tomar alguno de los tubos?

Historia PausadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora