Capítulo |46| -Alarido desgarrador-

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Después todo fue negro. No había nada más que negro y mi nombre por todas partes, ¿qué pasa?

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—Sabes lo que piensa Thomas sobre qué acuestes a los niños en la cama.—

Fue lo único que dijo Stephan antes de volver a salir con mi bebé en manos. Si, aparte de que Thomas no quería que estuvieran en el aposento, tampoco quería que estuvieran en la cama. No sabía porque, pero él no quería.

Así que tomé con cuidado el pequeño cuerpo de Elijanh, y a paso lento, lo lleve a su aposento, acostándolo en su cuna —en la que anteriormente estaba Oliva, para poder hacer los quehaceres en el aposento sin despertarla— y arropándolo poniendo un beso suave en su frente. Al igual que con los demás que aún seguían durmiendo.

No me gustaba para nada la forma en que Thomas tomaba todo esto. Eran sus hijos, y los trataba tan estrictamente, me dolía ver cómo a aveces le alzaba la voz. Eran solo niños, sus niños. Que tal vez y muchas veces ni sabían lo que él decía.

Elijanh era la pura imagen de Thomas, pero tenía —de vez en cuando— la actitud de Stephan. Mientras que Stephen era igual físicamente a Stephan, pero a veces y siendo aún tan pequeño, se podía ver algunas actitudes de las de Thomas. Y no me gustaba. Mi bebé no debía de comportarse así, sino como un bebé educado, lleno de amor, y cariños por los demás. Pero por más que quería educarlo o, enseñarle, no podía.

Thomas un día me enseñó, me mostró y me recalco muy claro, que a sus hijos, de él, solo lo podían educar sus parientes y sus educadores, no yo. Yo solo soy aquella que los hacía en el vientre, los alimentaban, y trataba de mantenerlo limpios y vivos. Pero más de ahí, yo no tenia otro papel en sus vidas. Yo no tenia que ser nadie. ¿Pero como yo iba a ser nadie en la vida de esas personitas que yo misma había hecho dentro de mi?, ¿cómo lo pensaba Thomas?, ni siquiera se me pasaba por la cabeza eso. Es que yo sin mis bebés no vivo, no lo hago.


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-¿Te duele?,- preguntó después de que el aposento quedará totalmente vacío. Sentía su mirada en mi, que aunque no molestaba, se sentía.

No me atreví a levantar la cabeza, pero tampoco quería responder. Yo también quería que se fuera. Y que me dejara sola, que nos dejaran solos.

Pero asentí despacio, porque puede ser, que a ese problema ella le tenga solución, tal vez ella pueda ayudarme, tal vez ella sabía de algo que yo no.

-Eso es bueno, está bien.- dijo, mientras y sin permiso, aún estando al lado de la cama, bajo los tiros del vestido que tenía, dejando mis senos descubiertos y tocándolos, sin preguntar ni nada, haciéndome sentir de lo más incómoda, y apretando los labios por lo doloroso que era. No dije nada, tan solo moví la cabeza a un lado y apreté más los labios, sintiéndome avergonzada y tocada. ¿Qué podía hacer yo contra ella? ¿O a ella?, ¿qué estaba buscando?

¿Eso estaba bien?, ¿por qué estaría bien que doliera al darle el seno a mi bebé?

-No puedes decirle a... a tus esposos, no puedes dejar que ni siquiera se enteren.- dijo mientras volvía a poner los tiras donde estaban, tapando mis senos. Mire a mi pequeño y frágil bebé, durmiendo ahí en la enorme cama, rodeado de raras cosas y de mi.- Ellos no pueden enterarse de que duele. Solo... no dejes que se enteren. Y mucho menos Thomas, procura por favor que ellos no se den cuenta. Escóndete, o haz lo que sea para que ellos no sepan.- dijo mientras miraba a mi bebé dormir.

¿Por qué había dicho todas esas cosas?, ¿por qué está mal que ellos sepan lo mucho que duele e incomoda dar seno?

Porque si lo era, y bastante.

El pecado de ser mujer.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora