LEONARDO.
Llego a casa a la hora del medio día, le informe a mi esposa que tendríamos acompañante en la hora del almuerzo por lo que apenas entro a la cocina el olor humeante de la comida choca en mi nariz. Dios eso sí que huele delicioso. Mi esposa está revolviendo algún guiso en una impoluta hoya de acero inoxidable mientras murmura alguna música árabe.
—No era necesario que cocinaras esposa mía, hubieras dejado que las mujeres de la cocina lo hicieran —ella se gira para verme y sonríe.
—Hoy quise hacer unos platillos especiales, mayormente no me encargo de esta área ya que tu madre es muy quisquillosa con lo que come y prefiere ordenar a las mujeres que hagan comidas saludables y de poca grasa, pero... hoy tenía muchas ganas de probar mi comida.
Me siento en uno de los taburetes que hay en la isla observándola con gran interés. Hoy está más bella que antes, su cabello brilla y se ve tan sedoso que me provoca acercarme y hundir mis dedos en esas hebras de cabello castaño oscuro. Ella sigue revolviendo el guiso que hay en la hoya por unos minutos hasta que la apaga. Toma la hoya con dos paños para no quemarse y retirarla de la estufa.
—Espero que a tu invitado le encante la comida árabe, esta receta me la enseño mi abuela hace años —dice con gran emoción en su voz.
—¿Te gusta mucho cocinar? —pregunto curioso.
—Me gusta muchas cosas, y cocinar es una de ellas —responde sin dejar de sonreír. Se muy poco de mi esposa, bueno... se cosas de ellas, pero no lo que más anhela su corazón o que hacía en su día antes de conocernos. Nunca tocamos ese tema por texto...
—¿Cuáles son? —ella toma una tabla para picar verduras y da inicio a eso a cortar las hortalizas que saco del refrigerador.
—Bueno... cuando era pequeña me gustaba pintar, hasta que mi madre decidió que lo mejor que puede hacer una mujer es tejer, y entonces mando a retirar todas mis pinturas y lleno mi habitación de canasta con estambre y agujas de tejer. Viví una parte de mi niñez con mi abuela paterna, ella era todo lo opuesto a mi abuela materna. Ella creía que las mujeres merecían tener más libertades, claro está que cuando murió muchas cosas cambiaron y tuve que aprender a las malas que lo que pensaba de las actitudes de machistas de mi madre era normal ya que vivíamos en un lugar arraigado y culto, donde las mujeres dependemos de la protección de un hombre —ella suelta un suspiro. Toma lo que corto y lo hecha en un recipiente —mi abuela era todo para mí, ella fue la que me enseñó a cocinar, mi madre no sabe si quiera mover una espátula así que... no se me era permitido en casa de mis padres entrar en la cocina.
—¿Y cómo hacías para no olvidar como cocinar? —vuelvo a preguntar aún más interesado por su relato, por su vida.
—Cuando mi hermano Omar se mudó solía ir a su mansión para cocinarle, él amaba mis platillos y yo adoraba hacérselos, además lo que se estudia no se olvida esposo mío —dice con entusiasmo. Sonrió por lo hermosa que se ve cuando está feliz.
—Te amo esposa —murmuro. Ella se sonroja y niega.
—Yo te amo más mi amor —mi piel se eriza cuando escucho esas dos palabras —¿me dirás quien viene? —pregunta curiosa.
—Viene uno de los hermanos Cavalli —respondo. Ella me da de probar de su guiso y he de admitir que está muy bueno y picante al punto que tuve que tomarme un vaso de leche. Mi esposa se ríe a carcajadas de mí.
—No puedo creer que mi hombre tan fuerte y duro no tolere el picante —me incorporo y acorto la distancia entre nosotros rodeando su cintura y pegándola a mí.
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ESCLAVO DE TU AMOR TOMO 2
RomanceLEONARDO. Soy el sucesor de la mafia italiana, hijo único de la familia más poderosa de Italia y una gran parte de estados unidos. Mi deber como un De Rosa es vivir y morir por mi imperio manchado de sangre y pecado, mi deber es no caer bajo los hec...