Donde para saldar una deuda con un mafioso importante, los señores Yang deciden entregar a su hija de 16 años, Jeongin, a el gran y sanguinario señor Seo Changbin.
• Adaptación.
• La historia pertenece a @Stephen_Kats.
• Historia corta.
• Changbin...
En cuanto Changbin entró a la habitación y cerró la puerta, tomó a Jeongin de la muñeca y la estampó contra la pared justo al lado de la cama.
El plan de él en un inicio era sólo asustar a la menor, pero al verla que se lo tomó tan en serio quiso jugar con ella.
-¿Crees que puedes hacer lo que quieras aquí sin antes pedirme permiso?, ¿eh? -Preguntó amenazador y la tomó de la mandíbula para levantar su rostro y hacer que lo mire. Vio que tenía sus ojitos lagrimosos.
-P-papi, yo lo s-siento, no lo v-volveré a hacer. -Dijo asustada.
-Claro que no lo harás de nuevo cariño. -Le quitó el saco y lo aventó a algún lado de la habitación. -Porque con este castigo que te daré aprenderás a no hacer las cosas antes de preguntarme. Y a no desobedecerme.
Soltó su mandíbula para tomarla de la cintura y la aventó a la cama donde sus lentes saltaron hacia algún lugar por la rudeza. La observó ahí como con ojitos suplicantes lo observaba, creyendo que le haría algo realmente malo.
-Abre las piernas, linda. -Jeongin se asustó y negó lentamente.
-M-mi papá me dijo q-que no. Sólo podría abrir-las a mi n-novio... -Susurró.
Changbin sonrió. -Yo soy tu papi, debes abrirlas para mí. Tu padre no sabía nada. Ahora abre esas lindas piernas para mí.
Jeongin aún estaba dudosa, pero las terminó abriendo para él.
-Ahora quítate esas molestas braguitas. -Temerosa de lo que podría hacerle, así lo hizo. Inconscientemente estaba sonrojada.
Dejó su coñito expuesto al hombre mayor que lo vio con hambre.
Un lindo, rosado y virginal coñito estaba a su disposición, que afortunado era.
Comenzó a buscar algo por la habitación, lo encontró en un ropero. Jeongin lo vio acercarse a ella con una especie de esposas y otros dos objetos que no supo bien identificar.
-Ok, estas son esposas. -Se las mostró. -Te las pondré porque sé que estarás algo inquieta.
-¿Y-y la otra cosa que e-está ahí qué es p-papi? -preguntó Jeongin señalando con la mirada la otra cosa que había dejado en la mesita de noche de al lado, mientras se dejaba hacer por el otro que le ponía las esposas.
-Oh, Jeonginnie, eso lo usaremos para otra ocasión. -Le dedicó media sonrisa. -Ahora abre bien esas piernas para mí que tu castigo va a empezar.
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