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La cama ya no se siente cómoda, es algo que Juan se da cuenta ahora que no la comparte con Santiago

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La cama ya no se siente cómoda, es algo que Juan se da cuenta ahora que no la comparte con Santiago.  Alguna vez había comparado al rubio con alguno de los sofás del hotel, no se acordaba bien con qué adjetivos, pero ahora se daba cuenta de que no era realmente tan buena comparación.

El sofá no habla, sólo está ahí, su presencia y consuelo es incondicional porque no tiene vida ni voluntad propia.   No es necesariamente cálido a no ser que hayas estado sentado ahí hace rato.   No es gentil ni moldeable a las circunstancias, sus cojines no se van a hacer más suaves si te agarra en un mal día.

Pero Santiago era distinto, era maravillosamente capaz de ser proveedor de tales sensaciones tan dulces por deseo suyo.   El cordobés adoraba ayudar a aquél quien lo necesite, mimar a quien necesite consuelo, abrazar a quien tenga frío, tener una buena charla con quien sea, tenga mate en mano o no.   Su voz se volvía más dulce si notaba que te había agarrado en un día particularmente malo.

Estaba pensando estupideces, el bonaerense suspira mientras da otra vuelta, dándole a la espalda a la cama de Santiago, a la cama en la que ahora estaba durmiendo Rafael.    Adoraba a Rafael, él había sido el primero en ofrecer soporte y consuelo, pero no era lo mismo.

Ahora que esto había pasado, que se habían alejado, Juani lo necesitaba más que nunca.   Llevaba desde ese primer momento que Santiago se confesó entre lágrimas pensando en el rubio.

El rubio que lo introdujo a tanta música que él ahora adora, como Bill Evans, estaba escuchando muchísimo a aquél artista últimamente.   El sonido de su piano le hacía acordar a los ojos del cordobés, sus ojos azules con pintas de verde, esos ojos que se moldeaban tanto a las emociones de su portador, que se achinaban cuando sonreía y se caían cuando entristecía.

Nunca vio unos ojos tan expresivos, nunca conoció a nadie como Santiago.   Le dolía como un bala en el alma ver mal a aquél chico que consideraba un amigo.

Juani se había estado cuestionando muchas cosas en esas 48 horas que se había pasado en su cama, pensando en él.

Ahora que no estaba al lado suyo lo extrañaba tanto.

Juani se permite recordar una de sus escapadas con Santiago.

Era medianoche, ninguno podía dormir, se pusieron cualquier ropa, agarraron un par de cosas y empezaron a andar por las calles de España.   Las calles iluminadas por los faroles, las tiendas 24 horas abiertas e ignoradas.

La oscuridad abajo de los ojos de los dos nunca había sido tan graciosa.  Los dos estaban pegados el uno al otro, agarrándose de la mano y riéndose, mirándose como los chicos cuando hacen alguna travesura.

Cantando entre ellos como borrachos, Santiago se permite cantar una de Luismi.   Se agarran las manos y, aunque la tonada no era similar a un bals, bailaron y dieron vueltas.   La voz de Santiago por momentos se rompía o era interrumpida por risas cuando sus ojos se cruzaban.  La sonrisa de oreja a oreja capaz dándole un tono más alegre a la canción ciertamente melancólica.   Es entonces que termina el tema y Santiago tiene la palma apoyaba en un lado de su cuello, su pulgar rozando su mentón.

Juani había agradecido que el otro no hubiese notado el enrojecer de sus mejillas.  Pero ahora, mientras recuerda al rubio cantando  tengo todo excepto a tí, aquella canción que nunca volvería a escuchar de la misma forma, hubiera deseado que pase todo lo contrario.

Ahora que no está hablando con Santiago, su mente crea situaciones capaz algo melosas o dramáticas.

Ahora que no está hablando con Santiago, se cuestiona que hubiera pasado si hubiera cruzado sus labios al notar la forma en lo que lo miraba en las tiendas de ropa.   Si hubiera agarrado la cara del rubio entre sus manos después de aquél comentario hecho de que parecían pareja.

Ojalá dejaran de sólo verse como una pareja y lo fueran.  Juani sigue encerrado, capaz,  en su etapa de ojalás.   Estaba medianamente deprimido, capaz asustado por lo que había pasado aquél miércoles que Bayona, a las apuradas, les dejó a todos el resto de la semana libre.

Viernes, siete de la tarde.  Juani sólo tiene la idea de estar eternamente enganchado a Santiago en su cabeza.

El tiempo pasa, otro tema de Bill Evans suena en sus auriculares, y él se cuestiona qué le podría decir.   Capaz en eso encuentra la motivación para finalmente levantarse de la cama, lo cual pareciera sorprender a Rafael aunque no dice nada.

La fantasía de compartir un pedazo de vida con el rubio lo había animado como a aquél que toma una bebida energética.  Se mete a la ducha y se arregla.

Pero antes de hablar con aquél chico del cual podía afirmar estar enamorado, no podía negar que necesitaba la valentía y sabiduría que solo le daría hablar con alguien más.

Capaz de los más sabios sin quererlo dentro del elenco, sabía que Francisco Romero era capaz de ayudarlo.

No cuestionen qué hago subiendo capítulo a las casi seis de la mañana, entré en demencia (es chiste pero no tanto)

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No cuestionen qué hago subiendo capítulo a las casi seis de la mañana, entré en demencia (es chiste pero no tanto).

Traté nueve veces de escribir esto de distintas perspectivas, tratando de mostrar la perspectiva de Santi o mostrar la situación de los dos en un mismo capítulo, pero siento que era necesario mostrar el punto de vista de Juani.

Les aviso les anuncio que no falta mucho para que termine esto, yo les digo dos o tres capítulos más y ya está aaa.

¿Vieron que el fic tiene más de mil vistas en total?  Les juro que no lo puedo creer, mil gracias a todos por el apoyo!  Sepan que aprecio muchísimo que lean, voten y comenten, me hacen muy feliz.

Y nada, eso, la voy cortando antes de que la nota esta sea más larga que el capítulo.  Besos gente, los adoro y nos vemos la próxima.

la cura para el insomnio (j.c. & s.v.n)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora