El típico latido que nunca se olvida

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Nadie dijo nada. Leia comenzó a llorar nada más terminar de contar su secreto y ninguno de nosotros éramos capaces de acercarnos para consolarla. Después de unos minutos me sentí con fuerzas de hablar, a pesar de que Hermione intentó frenarme.

- Injusticia tras injusticia -. Al romper el silencio, todos se me quedaron mirando.

- ¿Qué? -. Preguntó Leia mientras se secaba las lágrimas con la manga de su sudadera, que, fijándome bien, me di cuenta de que era blanca y sin ningún tipo de logo o dibujo, al igual que la que Emilio llevaba cuando se conocieron, según nos había contado.

- Primero lo que pasó con Olaf y ahora esta mierda de historia. Perdiste a una persona que de verdad querías por los tratos de Héctor. Sinceramente y tal como lo has contado, yo pensaría lo mismo que tú.

A pesar de que nadie más se había atrevido a abrir la boca, todos me dieron la razón.

- Lo sé, pero a veces la vida es un poco chunga y sé que este no es un secreto muy impactante ni peligroso, pero el miedo que tengo por si algún día se descubre que todo fueron invenciones mías, puede conmigo-. En las palabras de Leia se notaba su miedo.

- Tranquila. No va a pasarte nada, como si tenemos que ir nosotros a hacer de testigos-. Aportó Mary mientras se acercaba por atrás para darle un abrazo.

Al notar los brazos de Mary, Leia se levantó enfadada y volvió a su habitación. Mary se quedó completamente petrificada con una cara de tristeza que hasta a mí me hacía sentir mal. De cierta manera había sido su culpa que Leia contara su secreto y que todos nosotros la viéramos en un pequeño derrumbamiento. Habíamos cambiado nuestra visión hacía ella por una estúpida pregunta del juego de la botella.

Una vez se fue Leia, todos hicimos lo mismo, dejando a Mary sola en la habitación. Yo me levanté con Hermione y esta no quiso ni despedirse con un beso, se metió en su cuarto y yo tuve que hacer lo mismo.

El fin de semana pasó volando. Aunque no lo dijésemos verbalmente, decidimos no hablar de lo sucedido en la fiesta de pijamas. Todo sería mucho mejor así. Además, desde aquel día, Hermione no se acercaba a mí. No me dirigió la palabra hasta que llegó el lunes y yo me digné a hablar con ella. Estábamos en el descanso hablando entre todos, exceptuando a Hermione y Leia que estaban apartadas del grupo.

- Chicas, ¿Por qué no venís? -. Pregunté mientras intentaba tapar el sol con mi mano.

No obtuve respuesta, por lo que me levanté y me acerqué a ellas.

- Hola, ¿Puedo hablar con Hermione? -. Fui directo al grano.

- Ella no quiere hablar contigo -. Respondió Leia indignada.

- ¿Y eso? No creo haber hecho nada malo -. Lo dije sin pensar y con un tono brabucón, un tono que solía usar mucho cuando era pequeño e iba a insultar a la gente de mi instituto. Esto hizo que Hermione saltase enfadada.

- Porque en teoría éramos tú y yo los que se encargaban de proteger los secretos para que ninguno saliera a la luz y sin embargo tú te quedaste callado escuchando lo que te estaba contando -. Hermione lo soltó con ira.

- Intenté detenerla, pero ya sabes como es. No me hizo ni caso.

- Pues podías haberte tapado los oídos como hice yo.

Estaba tan atento a la historia de Leia que no me fijé en que mi chica sí cumplía su palabra.

- Y luego quise intentar que no dijeras nada para ver si con algo de suerte podíamos fingir que tú también habías respetado su intimidad, pero al fin y al cabo todos sois iguales. Os interesáis por cosas que no deberíais.

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