Los monstruos no se esconden en los armarios o debajo de las camas, ellos se esconden tras una sonrisa, tienen facciones humanas y son capaces de sentir, pero no de tener piedad, aveces los monstruos están en nuestra propia familia y no lo notamos.
Los años pasaban y yo seguía sin notarlo, ¿pero quien me culparía? ¿Quien sería tan cruel como para culpar a una niña? Lo triste es que con el tiempo me di cuenta de su presencia, el miedo se hizo presente, la presión en el pecho cada que lo miraba estaba ahí, a pesar de que mis papás se alejaron para que yo no lo viera eso no evitaba que el llegara a casa de mis tíos. El que mis papás me hayan alejado de él no me regresaba la tranquilidad, no hacía menos el temor de dormir, eso no alejaba los monstruos del pasado, no alejaba a los monstruos que yo habia creado para mi, esos que habia creado para sentirme protegida y para no volver a ser lastimada.
Y a pesar de haber creado algunos, esos monstruos no me dejaban avanzar, el miedo me consumia diariamente, el miedo a lastimar a las personas a quienes quiero, el miedo constante de saber que el esta libre, el dolor que sentía al saber que ese monstruo estaba en su casa haciendo su vida, que el seguía como si nada hubiera pasado mientras que yo sufría, mi mente me atormentaba, era doloroso saber que no hicieron nada al respecto o que hicieron lo que ellos creían seria lo mejor. No tuve la justicia que deseaba. Pero lo más doloroso era saber que mi familia seguía pensando que fue solo un abuso y no una violacion.
Mi reflejo se apreciaba en el espejo frente a mi cama, estaba pálida, las ojeras se pronunciaba demasiado en mis ojos, sentía que mi cara se derretía con el paso de los días me miraba demacrada, mirarme en ese espejo me daba asco,el solo recordar como Carlos pasaba sus manos por mi piel, como repartía besos y como parecía disfrutar mis súplicas de dolor me provocaban náuseas, no soporte más, tome el vestido celeste que reposaba en mi cama y me lo puse, tome mi maquillaje y lo aplique en mi rostro, debía admitir que con el tiempo perfeccione la manera de maquillarme, el corrector hacia menos notorias las ojeras, el rubor rosáceo daba vida a mi rostro, mis labios estaban de un color rosado.
Tome mi celular y salí a la sala, mis tíos estaban sentados con mis papás en esta, tome asiento en el sillón individual, mi tía me miro y me sonrió.
- Aroa, ¿crees recomendable cambiarle de antidepresivo a Anye? - indagó mi madre, haciendo que la vista de todos los presentes tuviera en mi.
- La verdad no, el que está tomando es perfecto para ella, la fluoxetina no es un antidepresivo adictivo, pero ¿por que preguntas?
- Eh estado yendo con una psicóloga y ella cree que es recomendable que un psiquiatra me vuelva a examinar y cambiarme la medicación. - dije, me sentía nerviosa, todos me miraban como si hubiera dicho alguna locura, y sabía perfectamente porque era.
- ¿Por que vas con la psicóloga? - pregunto mi tío Emilio.
- Lo que paso con Carlos no me deja tranquila, tengo depresión y ansiedad y por eso voy a la psicóloga
- Ya debes superar, después de todo solo te toco.
Esas palabras, esas mismas palabras me dieron en mi punto débil, "el solo te toco" como mierda les explicaba qué no, qué el me violo. La presión en el pecho regreso, era hora de hablar.
- No, el me violo, si hubo penetracion, tal vez no de su miembro pero si con sus dedos, y créanme que si no lo hubiera parado el si hubiera metido su miembro en mi..
La mirada de todos era fuerte, me sentía pequeña en esa sala, tenía la sensación de ser un conejito rodeado de una manada de lobos hambrientos.
- ¿Y porque no hablaste? -mi tía me pregunto mientras una de sus manos tocaba mi pierna derecha, baje la mirada, sentía que las lágrimas saldrían en cualquier momento y odiaba esa sensación, odiaba sentirme tan débil, odiaba tener miedo.
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¡NO! más silencio.
Teen FictionAnyelin tiene un oscuro secreto que su familia pensaba guardar hasta la tumba, ella vive con miedo a las personas que la rodean, pesadillas e insomnio, todo por culpa de personas que la dañaron en un pasado.