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Me levanto como cada mañana a prepararme para irme al hospital, vaya lugar de mierda... a veces me arrepiento del haber elegído la carrera de enfermería, no me dejan descansar, siempre tengo que estar en ese lugar turbio soportando a gente que ni siquiera debería llamarse humana; lo único rescatable son mis compañeras de piso, ellas han sido mis amigas desde que me mudé a Las Almas.

¿Cómo llegué ahí? Estudié la carrera de Enfermería Militar, me trasladaron a la base de este pueblo, solo serví seis meses y despues de varias discuciones de los mayores cargos y viendo la situación actual, decidieron darle mas personal al Hospital Regional de Las Almas; tengo aquí casi tres años y medio pero no me quejo, cuando uno tiene vocación hasta el trabajo se hace con gusto, me gusta mucho ayudar a las personas en lo que se pueda.

Fui al baño directo a lavarme los dientes, al mirarme al espejo noté que mi cara lucía un poco descuidada, se me remarcaban unas ojeras como las del tamaño de un oso panda... vaya cosa tan espantosa; tomé un poco de base líquida y me la puse intentando disimularlas, quiero creer que ha funcionado.

–Tranquila Mica, solo unos días más y ya sales de vacaciones— dije dentro de mí intentando relajarme.

Total, terminé de arreglarme, peinarme y desayunar una manzana con yoghurt para luego dirigirme al Hospital, el lugar puede resultar enfadoso hasta cierto punto, pero me agrada; en la sección que se me asignó en el Piso 3 esta bien, solo por un ligero problema: el paciente Alan Rodriguez, ese chico solo se la pasa diciendo barbaridades que solo hace reír al personal y a los pacientes vecinos a su camilla, puede ser molesto pero también ayuda a que los pacientes no se sientan tristes o solos, hay menor riesgos de presentar cuadros ansiosos o depresivos.

Salí de mi casa a las seis de la mañana y me dirigí al Hospital, caminando porque no me gusta el Transporte Público de aquí por la simple existencia de los hombres que solo saben hostigar a las mujeres, y tambien ¿para qué pagar si caminando tambien llego?; aparte, la mañana me permite disfrutar el aire del sereno mientras veo el paisaje

Llegué al Hospital y ya es costumbre ver a mucha gente esperando ficha para algún tipo de atención médica, la pobre de Betty está que se duerme intentando teclear bien, y siendo honesta creo que hay mas gente ahorita en la mañana que en el resto del día, cosa que aun no comprendo y se me hace un misterio.

–Buenos días Betty— pasé y la saludé.

–Hola Mica, buenos días— hasta la voz se le notaba cansada a la pobre.

–¿Sabes si ya llegaron Carolina y Alicia?–.

–Alicia ya llegó, la ví pasar hace unos 45 minutos pero de Carolina aun no se–.

–Oh... bueno, deja voy para que termines de hacer tu trabajo para que ya descanses–.

–Está bien, te veré al finalizar tu turno–.

Asentí y moviendo mi mano despidiendome me alejé.
Subí las escaleras hasta el piso 3 y de repente escucho un grito como de dolor o angustia proveniente de uno de los cuartos donde están los pacientes encamados, inmediatamente fuí y dejé mis cosas en el casillero que ni siquiera tuve tiempo de ponerme el cubrebocas ni mis guantes de látex, corrí en dirección de sonido y veo como Alicia sale de ahí estresada y desesperada agarrandose la cabeza.

–¿Qué pasó Alicia?– contesté preocupada.

–Ay, que tu paciente 'favorito' me asustó– contestó enojada.

–¿Con qué te asustó ahora?– rodé los ojos porque ya conozco a Alan lo suficiente.

–Es que mira, le inyecté el medicamento que le toca en la mañana por intravenosa, hasta ahí todo bien, luego le iba a poner el otro medicamento por la manguera del suero, aun no lo piqueteaba cuando se exhaltó y grité, se estaba riendo de mí— contesta sollozando del enojo.
Yo me reí también cuando contó esto último.

–No te rías wey— contestó molesta.

–Ay ese Alan, dejamelo a mí ya, tu vete a tu descanso o a atender a los otros cuartos–.

Me puse mis guantes y mi cubrebocas y ya me metí de relevo, antes y Alicia no despertó a los pacientes con su grito; llegué a la camilla de Alan y lo ví "dormido"

–Alan, conmigo no puedes hacerte el loco— le dije en un tono serio.

–La asusté bien chido ¿si o no?— se giró hacia mí.

–Ahora ya va a estar traumada la pobrecita... ¿te terminó de inyectar el medicamento por el suero?–.

–No, ahí lo dejó cuando la asusté— me señaló el carrito donde estaba la jeringa ya preparada.

–A ver, estira la mano para terminar esto... ¿tu mamá y tu novia vienen hoy a visita cierto?–.

–Sí, pero ya me enfadé ¿hasta cuando voy a salir?–.

–Hasta que recuperes la movilidad de tu cuerpo, ya te dije–.

–Enfermera ya basta— empezó de quejumbroso y me hizo reír por los gestos que hacía mientras me hablaba.

–Alan cállate, vas a despertar a la gente de aquí— terminé de ponerle el suero, tomar nota de su estado y me fuí.

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Cuando ya era nuestra hora de desayunar, Alicia y yo vimos llegar a Carolina un poco desanimada, parecía que tenía ganas de llorar lo cual es muy extraño en ella porque siempre es la que nos anima o nos hace reír, y así ha sido desde que la conocí.

–¿Qué tienes Caro?— inició preguntando Alicia.

–Casi me atropella un autobús, y por correr al otro lado de la acera se me tiró mi desayuno–.

–¡¿Cómo que casi te atropellan?! Malditos desgraciados— Alicia se molestó por lo que le habían hecho a Carolina y esta última se puso a llorar cual niña pequeña, me paré de mi silla y la abrazé para consolarla.

–Ay mi niña, ya no llores— le decía mientras le acariciaba su cabello rizado y esponjado —ven, yo te convido de mi desayuno–.

–No mija, es tu comida, ahorita yo me compro algo— dijo mientras se limpiaba las lágrimas.

–Tú lo has dicho, es mi comida y quiero compartirla contigo–.

–Eres un amor de persona Mica, y para darte las gracias te voy a comprar algo de los dispensadores–.

–Comprame algo a mí tambien— Alicia levantó la mano.

–¿Qué vendes?— le contestó.

–Eres una grosera— riendo ante esa respuesta.

Mientras ambas reíamos y veíamos a Carolina intentar sacar su comida y sus golosinas, ví a lo lejos una silueta un poco familiar acompañada de dos mujeres ya mayores, la curiosidad me ganó y me paré de mi lugar para acercarme a ver si era quien yo creía.

–¿A dónde vas?— me preguntó Carolina que llegaba con varias golosinas en las manos.

–Ahorita vengo, creo que ví a alguien conocido– caminaba despacio escondiendome entre las paredes de acrílico opaco.

–Pero ¿y tu comida? Se te va a enfriar— me mencionó Alicia.

–Dile a Carolina que agarre comida de mi tupper, ya regreso— seguí caminando hasta alejarme del comedor.

Atravesé casi medio lobby hasta dar a la recepción, me escondí tras esa pared que tiene Betty atrás y ahí me dí cuenta de quien se trataba.

–¿Rudy?–.

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UNA SIMPLE ENFERMERA (Alejandro Vargas x Tú)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora