Colapso delirante

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Ya estaba muerta,
mi brazo olía a sangre.
Mis ojos vacíos y sin una mirada fija no entendían lo que había hecho.

Estaba por tocar el cielo.
El dolor estaba haciéndose dar ver lo sucedido.

Tal vez el arcoíris después de la lluvia no era exactamente para quedarme.

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