Cap 3: Quiero Estar Junto A Tí

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Mat me abrazaba con un cariño que me desarmaba. Me costaba creer que esto estuviera ocurriendo, así que me aferré a él, devolviéndole el abrazo.

El sentir el suave roce del pelaje de Mat contra mi rechoncha barriga era tan agradable, al igual que sentir la calidez de sus brazos abrazando mi espalda. Incluso me atreví a olfatear su pelaje; olía muy bien. Sencillamente, esto era un sueño cumplido.

—¿Pero cómo? Creí que no recordabas nada de eso.

—Mis padres me hicieron tomar algo de terapia cuando les conté eso —dijo Mat, mirando a un lado, avergonzado—. ¡Pero ahora estás aquí!

Me separé un poco de Mat, sintiendo un gran peso, creyendo que tal vez no me gustaría lo próximo que saldría de su boca.

—¿Te alegra que ya no te tomen por loco? —dije en tono serio y triste.

—No. De hecho, siempre quise verte de nuevo. Desde que te conocí esa noche, sentí que mi vida era un desastre.

—¿¡Qué!? —dije alzando un poco la voz.

—¡Espera, no es lo que quise decir!

Mat me pidió tomar asiento al borde de su cama. Pensé que mi espíritu se quebraría en esos tensos segundos que nos miramos frente a frente. Mat parecía estar analizando la situación a detalle, mirándome con esos ojos que me ponían más nervioso. Luego de unos cuantos segundos de expectación, el lobo por fin se decidió a hablar.

—Lo que pasa es que... siempre quise volver a verte, ¿sabes? —dijo el lobo con una mezcla de emociones que me devolvió el alma al cuerpo—. Desde que te conocí, sentí que algo me faltaba. Quería verte de nuevo, conocerte más... y también quería que estuviéramos juntos. ¿E-es eso extraño para ti?

—De hecho, yo sentí lo mismo. Cada noche solo soñaba que una de esas puertas me llevara a ti.

Tomé a Mat de las patas, mirando a esos hermosos ojos azules, perdiéndome en su mirada por un momento. Cuando me quise dar cuenta, nuestros labios se estaban tocando. Cerré los ojos y solo me dejé llevar por la situación, correspondiendo a ese dulce beso. Me daba tanto gusto que Mat sintiera lo mismo que yo, que no podía volcar mi mente en nada más.

Tras dejar un corto hilo de saliva atrás, nos volvimos a mirar sin saber bien qué estábamos haciendo (o tal vez era solo yo). Ambos continuamos así por un rato, hasta que decidimos volver a besarnos. Sentía la lengua de Mat retorciéndose junto con la mía en un concierto maravilloso. Sentía el cálido pelaje de su pecho en mi enorme barriga, sentía cómo sus patas acariciaban gentilmente mi espalda hasta donde llegaban sus cortos brazos de lobo. Pero sin darme cuenta, algo más se formaba en mí, algo que me desconcertó por completo.

—Vaya, gordinflón, parece que tu pequeño amigo también quiere cariño.

Un escalofrío recorrió mi espalda al darme cuenta de que tenía mi polla dura. En un instante, el pelaje de mi cara se tornó en un rojo tenue, a la par que sentía cómo mis mejillas empezaban a arder en vergüenza.

—Lo-lo siento. Un beso está bien, pero esto... —dije, cubriéndome la entrepierna tan rápido como podía—. No quiero que me veas. Esto es muy vergonzoso.

Esto no podía ser. Tenía tanta vergüenza de que él me viera así, que solo quería desaparecer. Sin embargo, una de sus patas fue sobre mi mejilla, acariciándome con ternura. Aún así, no quería verlo directamente al rostro, así que bajé la mirada, percatándome de algo que, de nuevo, me estremeció.

—¡Ahh! ¡Tú también estás...!

—Ja ja. Es lo que tiene ser virgen, la pinga se te para cuando ella quiere.

Mat Y Yo.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora