Abro la puerta de mi habitación y la cierro fuertemente. Me dejo caer en la cama y me quito los zapatos que me han hecho polvo los pies en menos de diez minutos.
—Se creen que estoy perdiendo el control de la situación. Qué equivocadas están. —Digo, claramente, hablando sola.— ¡A la única a la que se le está subiendo la fama a la cabeza es a ti, Ruth! —Grito y le doy un puñetazo al cojín blanco.— ¡Siempre he tenido los pies en el puto suelo!
Y pensar que todo esto empezó con nuestro capricho de subir un vídeo a Internet... Si sólo nos hubiéramos mantenido calladas... ¿Qué estoy diciendo? ¡Yo quiero esto! ¡Me ha costado muchísimo llegar hasta aquí! Y he llegado contra viento y marea, ¡y estoy muy orgullosa de eso!
Muchas personas que se han hecho famosas en poco tiempo, casi tanto como nosotras, han tenido problemas para encontrarse a sí mismos/-as. Pero a mí no me pasa eso, no. Yo sé que tengo que trabajar muy duro para después recoger los frutos del esfuerzo. ¿Por qué me he enfadado tanto porque no me dejasen ir a una fiesta? Una fiesta sin ninguna importancia, ya iré a otras mucho mejores. Pero creo que no ha sido eso el motivo de mi enfado. Tengo un carácter muy difícil y odio que me digan lo que tengo que hacer.
Oh no, Dios mío. ¿Qué he hecho? Drake sólo quiere ayudarnos. Si no nos ha dejado ir de fiesta será por algo. Estoy mordiendo la mano que me da de comer.
"¡Aterriza Anne, aterriza!"
No puedo continuar así.
Me levanto de la cama de un salto rápido y ágil. Recojo la tarjeta de la habitación que arrojé al suelo y camino con seguridad hacia la puerta, sin embargo, el sonido de mi teléfono me impide continuar con mi camino.
—¿Hola?
—Hola, Anne, soy Liam.
—¡Hola! —Sonrío al escuchar su voz, ha llamado justo en el momento perfecto.
—¿Cómo estás?
—Muy bien —omito el detalle de mi rabieta—, ¿y tú?
—Perfectamente.
—¿Qué hay de la herida?
—La herida ya ha sanado y hace mucho tiempo, ya ni me acuerdo de que está ahí. —Me tranquiliza.
—Tengo muchísimas ganas de volver a Inglaterra para verte.
—¿Cuándo lo haces?
—Dentro de una semana, el día 10.
—Estaré esperándote. —Dice y yo sonrío.— Lo siento, Anne; tengo que dejarte.
—Te llamaré en cuanto pueda.
—Ten en cuenta la diferencia horaria, por favor. —Bromea, sé que eso no es motivo de preocupación cuando quiere hablar conmigo.
—Lo haré. —Los dos reímos.— Adiós, te amo.
—Adiós, yo más. —Se despide amablemente y cuelga el teléfono.
Ahora, continuo mi camino y salgo de la habitación. Recorro el pasillo a paso ligero y nervioso. Cuando llego a la habitación, mis nudillos se clavan en la puerta, la cual es abierta unos segundos después.
Entro a la estancia y me siento en la suave moqueta que recubre el suelo de la habitación.
—No sé qué me ha pasado, os debo unas disculpas.
—No seas idiota, Anne. —Dice Gemma sentándose a mi lado.
—A todas nos ha pasado o nos pasará, y tampoco es que haya sido algo tan grave como para...
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El Susurro de Anne
JugendliteraturPuede denominarse superación o persecución de sueños. Llame como se llame, es lo primero en lo que piensan al escuchar mi nombre. ¿Y por qué será? Un día, por alguna extraña razón, decidí cambiar mi vida. No es nada fácil arriesgarlo todo sabiendo q...