Nos sentamos a la mesa los tres, mientras el aroma del arroz con azafrán que había preparado Elena nos inundaba las narices.
-Esto está buenísimo- dijo Adam llevándose un bocado a la boca, haciendo sonreír a Elena. -No probaba una comida así desde que se fue mamá- se hizo un silencio incómodo.
-¿Y cómo van con el trabajo?
-Bien, Adam al parecer tiene un talento además del de romper las bolas-dije para romper la tensión, lo que hizo reír a Adam, quien me dio un pequeño golpecito en el brazo.
-¿Te gusta dibujar Adam?- Elena intentaba entablar una conversación
-Si, desde siempre, por un tiempo dejé de hacerlo-me llevé el vaso de agua a la boca y le di un gran sorbo. Lo mismo hizo Adam. -Pero ya sabes, nunca le perdí el gusto, y ahora con este trabajo he vuelto a hacerlo más seguido.-dijo
-¿Fuera del trabajo también?- le pregunté y asintió con comida en la boca. -Tenes que mostrármelo- le dije
-No- dijo y rodé los ojos.
La cena y la hora pasaron rápido. Elena se había quedado lavando y ordenando la cocina, y aunque por más que Adam intentó ayudar, ella se negó. Nos encontrábamos en mi habitación intentando seguir un poco más con los dibujos que habíamos arrancado para poder adelantar trabajo antes de la entrega final.
-¿Tenes pensado seguir con algo relacionado al arte después del instituto?-pregunté para cortar el silencio que había mientras Adam dibujaba concentrado, aunque después de varios días con él, no me molestaban los silencios que se producían a veces.
-Todavía no lo tengo pensado- dijo.
-Es obvio que sos buenísimo para esto- dije sin pensarlo
Adam clavó la mirada en mi.
-Serías un idiota si dejaras pasar el talento que tenes-intenté sonar relajada.
-Dije que todavía no lo tengo pensado, no que no lo haría-me corrigió
Ahora yo clavé la mirada en él.
Nos miramos a los ojos por unos segundos que parecieron ser horas donde los minutos corrían lentamente.
-Me encanta que digas que soy talentoso- largó Adam sonriendo y yo hice muecas imitándolo hablar.
-Mejor termina eso- dije
-Creo que ya es tarde- cerró el cuaderno donde estábamos trabajando y yo me levanté para ayudarlo a juntar los lápices de dibujo.
-Si está bien, podemos seguir mañana- le dije guardando todo en su estuche y entregándoselo.
-Mañana no puedo- dijo y salió hacia la puerta.
-¿Por qué?- insistí -No quedan muchos días para la entrega-.
-Tengo un asunto- fruncí el ceño y lo dejé irse, pero antes de llegar a la puerta frenó en seco y giró para verme. -Mañana hablamos- me dijo y me plantó un beso en la mejilla.
Nunca había sentido la sensación que me estaba pasando por todo el cuerpo en este momento. Me había tomado desprevenida, y no sabía cómo reaccionar. Creo que dejé de respirar por los siguientes segundos hasta que Adam cruzó el umbral de mi puerta y escuché sus pasos bajando las escaleras. Sus labios plantados en mi piel me trajo a la memoria el sueño que había tenido con él. Intentaba siempre parecer relajada frente a él, pero el mínimo gesto que tenía hacía me erizaba la piel, me inquietaba, y me hacía acelerar el corazón de la manera que menos pensaba, o algún día creí imaginarme.
No tenía mucha experiencia con chicos, siempre fui tranquila por así decirlo. Sí había dado mi primer beso, y había dado pequeños pasos, pero nunca fui más allá. Adam provocaba cosas en mi que nunca había sentido, y me negaba a reconocerlo. No quería.
Intenté despejar mi mente metiéndome al baño y dándome una ducha. Una vez que el agua golpeando mi cuerpo relajó cada músculo, me terminé de bañar, me vestí, y me metí a la cama.
Parecía que no había dormido nada cuando sonó la alarma y abrí mis ojos, viendo la habitación con pequeños rastros de luz que pasaban por la persiana.
Me hice una bolita y volví a taparme hasta la cabeza, pero a los 5 minutos volvió a sonar el celular. Dí un salto pero agradecí en mi mente haber puesto una segunda alarma, sino me hubiese quedado dormida.
Me senté en la cama y miré el celular. 06:45 de la mañana.
Mirar un punto fijo con cara de pocos amigos es lo que mejor me sale en este momento. Hoy no tengo ganas de nada. Es de esos días.
Me levanté con los ánimos por el piso, y me dispuse a darme una ducha. Una vez lista, bajé a desayunar, a ver si con comida en el estómago cambiaba el asunto.
-Buenos días- me saludó amablemente Elena, pero no respondí el saludo con palabras. Una pequeña mueca fue mi "Buenos días".
Elena dejó un boul con yogurt, granola y fruta delante de mí, me dió un beso en la cabeza y siguió haciendo sus cosas sin emitir una palabra. Me conocía mejor que nadie. Sabía cuándo indagar en mis reacciones así, en qué momentos emitir palabras, y cuándo sólo necesitaba mi espacio. Conocía sobre esos días.
Desde que mamá empezó a viajar, tengo de estos días. Simplemente no tengo ganas de nada, siento un vacío dentro de mí, y debo obligarme a mí misma a levantarme de la cama. No tengo ganas de hablar con nadie, ni hacer nada. Son esos días donde lo único que podría mejorar sería un abrazo de mamá. Pero no lo tengo.
Recibí un mensaje de Sam diciendo que estaba afuera de casa, por lo que tomé mi bolso, y salí.
-¡Buenos buenos días!-me saludó demasiado entusiasmada por ser las casi 7 de la mañana.
-Buenas- dije chocándole el puño -No estoy de humor, perdón- expliqué al ver la cara que hizo Sam al saludarla.
Sam también me conocía, pero le costaba un poco más darme mi espacio, y no opinar sobre mis cambios de humor. Igualmente la entendía. Su personalidad no la dejaba retener sus comentarios intentando hacerme sonreír.
-Es de esos días- dijo llegando al Instituto. -Todavía existen esos días- rodé los ojos. -¿No llamaste a tu mamá?- preguntó
-No Sam, siempre me dice que está ocupada, que no es el momento, en fin. Dejé de insistir- dije cerrando la puerta del auto. -No se qué hago acá, al pedo vine- me molesté conmigo misma.
-¡Es viernes Rose!- Escuché la voz gruesa de Adam detrás de mí y maldecí en mi mente. No quería lidiar con alguien más para darle explicaciones y escuchando comentarios que no me servían de nada.
Le dí la espalda y caminé en dirección al instituto ignorándolo completamente.

ESTÁS LEYENDO
Adam.
Roman d'amourÉsta no es la típica historia de amor juvenil, ni la típica historia del chico malo y la chica buena. Ésta es la historia de cómo un amor puede hacerte vivir de nuevo. Cómo puede hacerte sentir cosas que nunca habías sentido, ni experimentado. Cómo...