Capítulo 4 "Cartas"

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Años anteriores en Inglaterra...

Los esposos Jake y Rowena Phantom Shelby se encontraban en una reunión con el médico de su hija, preocupados por ella y su condición.

Mireia es una niña muy lista, pero tiene problemas con el lenguaje, no se cuando comenzará a hablar. - Explicó el médico. - ¡Pero ella ya tiene tres años! - Dijo Rowena. - ¿Cómo se supone que interactuara con la gente en una escuela si no sabe hablar? - Preguntó. - Lo siento, señorita Phantom, pero si le sirve de algo, podría aprovechar para explorar otras cualidades de la niña. - Sugirió el médico. - ¡No me sirve de nada, gracias! - Contestó Rowena.

Jake suspiró, ya llevaba un tiempo con la misma situación.

...

Mireia se encontraba en el patio de su casa, era un día neblinoso como de costumbre en el pueblo. Era una tarde tranquila, su hermano no estaba y ella y Lucy estaban haciendo la tarea, bueno, Mireia estaba haciendo su tarea, Lucy estaba buscando lombrices en el barro.

¡Mireia, ven a ver! - Exclamó Lucy. - Ni de chiste me acercaré ahí. - Respondió su amiga.

Lucy rió y se acercó, tenía las manos embarradas al igual que su uniforme y zapatos.

¡Mirate! ¡Ya manchaste tu uniforme! - Regañó Mireia. - Se puede lavar rápido. - Le dijo Lucy. - ¿Puedo preguntarte algo? - Interrogó, a lo que Mireia solo asintió, para permitirle continuar. - ¿Por qué eres tan mala con Jacobo? - Preguntó Lucy.

Mireia puso los ojos en blanco.

Jacobo es un tonto, tu no lo conoces. - Le respondió. - Oh, por favor, al menos explícame algo. - Pidió Lucy. - Pues no hay nada que explicar, no viene jamás y cuando lo hace solo sabe ser un condescendiente que quiere hacer lo que quiera. - Le comentó. - Y claaaro, tú eres muy diferente. - Dijo su amiga. - Es distinto, Jacobo solo sabe quejarse cuando está aquí, en vez de ser agradecido por que le hacemos un espacio. - Explicó.

La pecosa se quedó poco satisfecha con lo que oyó, para ella Valentine era alguien muy importante, por lo que se imaginaba que era triste para los hermanos Phantom llevarse tan mal.

¿No te pareció aburrido criarte tan sola? - Le preguntó. - Se que tú y Valentine son dos causa problemas y debe ser muy divertido, pero yo paso mi tiempo de otra manera. - Le contestó, para luego devolver su mirada a los deberes. - Y si no tienes otras cosas que hacer podrías lavarte las manos y hacer tu tarea. - Agregó, sin sacar la vista de su cuaderno.

Lucy al escuchar aquello entendió que su amiga no iba a seguir conversando y se dirigió adentro, para poder lavar sus manos. En el camino hacia el baño noto algo peculiar la habitación de Jake Phantom estaba semiabierta y Lucy era alguien que se reconocía débil cuando la curiosidad llamaba. "¿A quién le importara si me meto a revisar un rato? Pensó.

Lucy se acercó con lentitud hasta la puerta.

¿Hay alguien ahí? - Preguntó en un susurro.

Habiendo confirmado que nadie se encontraba en la habitación se dispuso a revisar que cosas ocultaba ese misterioso hombre, revisó primero lo superficial, como arriba de la cómoda y de las mesas de noche, luego comenzó a abrir cajones.

¡Woow! - Exclamó viendo la cantidad de viejos posters que tenía de su antigua banda. - A Valentine le encantaría esto. - Dijo.

Siguió removiendo y se encontró con llaveros compartidos, bolsas de golosinas, un par de fotos antiguas y...

¡Cartas! - Gritó. - Mmm, se ven viejas... - Notó.

Lucy bajo un poco sus orejas, sentía mucha curiosidad pero no queria cruzar limites.

¡Lucy! - Llamo Mireia, entrando en la habitación. - ¡¿Qué estas haciendo aquí?! - Susurró. - ¡Oh! ¡Hola, Mireia! - Saludó. - Yo solo... - Se quedó pensando en que decir. - ¿Inspeccionaba..? - Dijo. - ¡No puedes venir aquí, ya sal... - Mireia interrumpió sus palabras. - ¿Qué es eso? - Preguntó. - Son unas cartas ¿,Muy raro, no? - Le contestó su amiga. - De echo, si es muy raro, papá me dijo que quemo todas sus cartas, por eso nunca más vi a sus antiguos amigos... - Concordó la joven.

¡Chicas! - Se escuchó de repente.

Ambas amigas voltearon para ver que Dany se encontraba en el marco de la puerta.

¡No pueden estar aquí! - Les dijo. - Mireia, tu lo sabes bien, vamos salgan. - Pidió la mucama.

Mireia llevo su mirada a las cartas por última vez y suspiró "¿Mi padre es más interesante de lo que parece?" Pensó.

...

El día era sombrío, como de costumbre, sin embargo, a Jacobo esas cosas no lo deprimian, después de todo sus actividades nunca dependían de que el sol brillara, no era un gran amante de la actividad al aire libre en lo más mínimo. Ahora mismo conversaba con Jolene a las afueras del pueblo.

¿Se podría decir que somos amigos? - Preguntó Jolene. - Claro que somos amigos, pensé que eso ya había quedado claro. - Le contestó él, con una sonrisita en el rostro. - Que alivio, me estaba preocupando de no tener amigos aquí. - Le dijo riendo la muchacha. - ¿Te gustan los bichos palo? - Hizo otra pregunta, sin ninguna conexión con la anterior. - No soy muy fan de los insectos. - Le contestó el. - ¿,Los perros? - De nuevo preguntó Jolene. - Prefiero por mucho a los gatos. - Le respondió. - Yo también prefiero los gatos. - Concordó la joven, sonriéndo, luciendo sus encias y sus dientes.

Jacobo se quedó unos segundos admirando la sonrisa de la chica que tenía al lado, se había encontrado con mucha gente en su vida y jamás encontró a alguien que tuviera ese tipo de sonrisa tan extraordinaria.

Tienes una hermosa sonrisa. - Le dijo. - G-Gracias. - Contestó simple la adulada, con un leve tono rosado tornándose en sus mejillas. - Uumm ¿Desde siempre viviste con tu tío? - Jacobo hizo una pregunta que evitará la incomodidad. - No, mi papá murió hace unos años y mi mamá no podía cuidarme. - Le contó. - Lo siento mucho. - Se compadeció Jacobo. - No te preocupes ¿Y tú? ¿Extrañas vivir con tu madre. - Ahora Interrogó Jolene. - La verdad sí, este pueblo es bastante sombrío, por lo que no es muy distinto a Londres, - Rió. - pero quisiera estar en mi habitación con mis viejos amigos de siempre, no soy de esos que socialize mucho. - Explicó.

Jolene sonrió comprensiva y miro hacia el horizonte, notando como el sol comenzaba a ocultarse.

Debe de ser muy difícil dejar amigos atrás. - Dijo ella. - Hasta ahora eres la única persona nueva a la que le hablo, así que imagínate. - Contestó Jacobo y ambos rieron.

Después de esa interacción, hubo silencio, un silencio tan asombroso que nadie se sentía incómodo, eran dos personas mirando al horizonte y nada más.

El pueblo de los susurrosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora