Clarke observa a Lexa, quien está en silencio y con la mirada perdida; se acerca con un té en sus manos y se sienta a su lado con cuidado.
—Te traje un té —dice para llamar su atención y ve a la mujer mirarle con gratitud.
—Gracias —responde y recibe el gesto.
—¿Cómo te sientes? —pregunta Clarke, con cautela.
—Bien... dentro de lo que se puede —responde con un suspiro y una sonrisa triste—. Lo lamento mucho —agrega después de un momento.
—¿Por qué? —pregunta confundida.
—No tenías que acompañarme, tuviste que dejar la boda de Annie —responde pensativa.
—No te preocupes por eso, ella lo entendió perfectamente... —hace una pausa y extiende su mano para apoyarla en su rodilla—, ahora lo importante es tu padre.
Lexa asiente y mira la mano en su rodilla casi con añoranza, quiere alcanzarla, pero no puede, porque de pronto todo se siente extraño y no sabe cómo comportarse. Quizás es ese sentir que le dice que cometió un error al confesar sus sentimientos y no tiene idea de cómo serán las cosas de ahora en adelante entre ellas.
—Es demasiado tarde —dice mirando la hora para intentar pensar en otra cosa, pero irónicamente se siente como una confirmación a su situación con Clarke—. ¿Por qué no te vas a descansar? —pregunta, mirándole agradecida, pero con preocupación.
—Quiero estar contigo, no me moveré de aquí —responde con seguridad.
—Pero podríamos estar aquí mucho tiempo.
—Estaremos el tiempo que sea necesario —responde, sin dejar espacio a replicas.
Lexa asiente sin ser capaz de rebatir, porque no tiene las fuerzas para hacerlo en estos momentos, cuando su padre está en el hospital y su estado es reservado.
La llamada fue inesperada, pero su situación era algo que veía venir tarde o temprano, porque su salud se estaba complicando cada día más y más; sin embargo, siempre guardaba la esperanza que tuviesen más tiempo.
Lo que le reconforta en estos momentos, es que, desde que regresó, le visitaba todo el tiempo que le era posible; lo que les permitió reencontrarse, acercarse y de alguna manera conectar como padre e hija.
A pesar de lo incierto de su condición, sabe que, si la hora de su padre llega, ahora o después, cuando lo haga, será con su corazón en paz, tal como está el suyo en estos momentos.
Obviamente, siempre está el anhelo de querer extender el tiempo infinitamente para seguir compartiendo lo que nunca tuvieron, conocerse y experimentar de su relación, pero sabe que eso no está en sus manos y algo en su corazón le dice que se aproxima el tiempo de decir adiós.
Suspira profundo y mira a la mujer a su lado, siempre se siente mejor cuando está junto a ella y en estos momentos realmente la necesita; pero tenerla cerca, hoy, le provoca demasiados sentimientos encontrados y no sabe qué hacer con todo.
No es el momento, ni lugar, para pensar en nada más que no sea su padre, pero no puede evitar pensar en lo sucedido en la boda.
Lexa asiente y respira profundo, intentado armarse de valor cuando piensa que llegó la hora de ser completamente honesta y afrontar las consecuencias.
Quizás sea en el momento más absurdo y el lugar menos adecuado, pero, ¿Quién es capaz de elegir cuando el corazón quiere hablar?
—¿Me dirás por qué necesitas tomarte un respiro de lo que sientes? —pregunta Clarke, empujándole a abrirse—. ¿Por qué dices que me arrepentiré de querer saberlo?
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Un viaje inesperado
RomanceLexa y un viaje inesperado. ¿A quién conocerá y cómo terminará? Advertencia: Esta historia contiene temas que pueden afectar la sensibilidad de algunas personas, generar disparadores o herir susceptibilidades.