La fiesta

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La semana había pasado con rapidez. Un día viernes, Omega despertó e inmediatamente comenzó su rutina habitual para prepararse para su día de escuela. 

Se miró al espejo, somnolienta.

Se talló un ojo.

Abrió el fregadero y comenzó a lavarse los dientes, viendo doble.

Era uno de esos días en los cuales no quería ir.

Por lo que se le ocurrió intentar convencer a uno de sus hermanos.

Si tan solo uno accedía, lograría faltar ese día.

Pero ¿Quién?

¿Quién sería fácil de convencer en ese momento?

Después de la ducha y de cambiarse de ropa, con pasos rápidos llegó hasta la cocina, abrazando al primero que se coló en su vista: Echo.

Después de la ducha y de cambiarse de ropa, con pasos rápidos llegó hasta la cocina, abrazando al primero que se coló en su vista: Echo

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—¡Echo, hermanito! 


—No lograrás convencerme, Omega.


—¿De qué estas hablando? —Preguntó ella, haciéndose la confundida.


Su hermano, dejando el bowl con masa para hot cakes a un lado, se colocó a su altura, para después decir: —Soy tu hermano, y te conozco. Nunca bajas tan feliz en un día regular de clases.


Ella arrugó ligeramente la nariz. ¿Tan fácil era de descubrir?


Tratando de convencerlo, nego con la cabeza. —¿Es que no puedo cambiar mi actitud por una sola vez sin que sospeches de mi? —Arqueó una ceja.


Al notar que sus palabras estaban funcionando y verlo dudoso, hizo que una ligera sonrisa se colara en sus labios.


—Bien, te creo, pero no deja de ser extraño. —Volvió a tomar el bowl de la mesa. —Sobre todo porque no hay un solo día en que bajes confundida.


—Nueve horas de sueño no son suficientes. —Ella alego, inconforme.

The Bad Batch: Realidad alternaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora