"Ellos destrozaron a mí mundo, ya es hora de que yo destruya el suyo."
➳ prohibido copias/ adaptaciones
➳créditos al autor original de las joyas de la princesa
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Ariana utilizaba un precioso vestido negro con encajes dorados, el cual resaltaba su figura con elegancia. Las joyas que adornaban su cuello y muñecas la hacían ver radiante, y su corto cabello le daba un aire de frescura y modernidad. A pesar de su belleza deslumbrante, Ariana estaba visiblemente enojada. No podría estar con sus concubinos en el banquete, pues el motivo de la celebración era el regreso del duque Krytiel, su prometido.
La princesa se asomó por el balcón del salón y observó a sus joyas. Entre ellas, Raymond la saludó con una mano y le sonrió dulcemente. Ariana, encantada con su presencia, le devolvió la sonrisa con igual dulzura.
—Qué pena, elegí un vestido que combinara con el traje de Ray y no puedo estar a su lado —dijo la princesa, suspirando con frustración.
En el patio, Efrit, el segundo concubino, se mostraba molesto al ver la cantidad de hombres que miraban a la princesa con ramos en sus manos, intentando llamar su atención para poder casarse con ella.
—¡Estuve poco tiempo ausente y estos tontos ya están compitiendo por su atención! —murmuró entre dientes, claramente enojado. —¡Ah, mi Tetalizia! Me apresuré al volver cuando escuché que me extrañaba, ¿y esto es lo que recibo? —dijo con una expresión deprimida mientras miraba a la princesa, evidentemente dolido.
Nell Phantom, otro de los concubinos, se acercó a Efrit y le recordó en tono serio.
—Efrit, mientras estemos en Arbezela, debemos seguir las órdenes del emperador.
Raymond, que había estado observando la escena, miró a Efrit con una expresión burlesca.
—No debiste haber bajado la guardia solo porque la princesa dijo que te extrañaba —dijo disfrutando de la reacción de Efrit. —Por cierto, fue todo un placer ayudar a la princesa.
—Es una pena que yo no haya tenido la oportunidad de hacerlo —dijo Haun Baek, lanzando una mirada envidiosa a Raymond.
Jade, que se mantenía escondido detrás de Haun Baek, añadió.
—Lo único bueno de estar cerca de la princesa es que mantiene alejadas a todas esas mujeres necias —admitió Jade con un suspiro. El concubino odiaba los banquetes y la atención que estos atraían.
De repente, se oyó una voz femenina, temblorosa y nerviosa.
—Em, J-Jade...
El concubino se tensó al escucharla. Hace unos días había tenido una breve y extraña conversación con esta mujer en el palacio. Ahora, allí estaba ella, observándolo con una mezcla de fascinación y algo más inquietante.
—"¡Ese vestido! ¡¿Acaso es...?!" —pensó Jade, reconociendo el atuendo que había notado en su encuentro anterior.
La mirada de Jade se tornó asustada. Se mordió los labios, deseando poder escapar de allí. La presencia de esa mujer le transmitía una inquietud inexplicable, y su manera de actuar era profundamente perturbadora.