Solos en casa.

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Es de noche, Senkuu llega a un barrio de gente rica, baja junto a su nueva familia frente a una casa enorme. Por dentro también es deslumbrante, la familia se para delante de una escalera que se divide en direcciones opuestas.

—El dormitorio del lado derecho es el de Senkuu, el del izquierdo, de Senko— Sengoku señala con su dedo ambos caminos.

—El de Senkuu aún está vacío, así que pediré otra decoración de dormitorio como la de Senko— Hakodate saca su móvil para contratar el servicio.

—Hay algo que me interesa que compren— Senkuu se pone frente a su madre.

—Cualquier cosa. Dime, ¿qué necesitas?

—Yo me encargo de amueblar el dormitorio, tú tienes que vigilar las acciones— Sengoku la interrumpe.

—Tienes razón— ella mira a los niños, que parecen gemelos—. Mamá tiene que ir a trabajar, nos vemos— se marcha con la vista clavada en el móvil.

—¿Qué es lo que quieres, Senkuu? — le pregunta su padre.

Como un robot, Senkuu recita:

—Un termómetro de resistencia con un sensor de calor-

—Con una aleación de rodio-platino, gas xenón, una cámara térmica y una tobera de aleación de niobio— Sengoku completa la frase.

Senkuu está sorprendido, el mayor se ríe de él y explica:

—Senko también quería todo eso— mira a la niña—. Te compramos el equipo, lo encontrarás en tu cuarto.

Ella se asombra un montón, los destellos brotan de sus ojos, pero se tornan opacos cuando escucha lo siguiente:

—Talvez puedas compartirlo con tu hermano.

La niña ladea la cabeza con disgusto, gesto que se replica en Senkuu. Sengoku capta el ambiente hostil entre ambos y dice:

—Bien, ya entendí, le compraremos a Senkuu uno para él solo. El pedido tardará una semana o dos en venir, así que de todos modos prefiero que compartas el equipo con tu hermano. Nos vemos, tengo que trabajar también. Si necesitan algo, llamen, y si no— señala un mueble cualquiera—, ahí queda algo de dinero.

Dicho todo eso el hombre se va con la vista fija en la pantalla de su teléfono móvil. Senko se cruza de brazos y se va por la escalera izquierda. Senkuu exhala pesado y va a ver su cuarto, en efecto, está vacío. Se sostiene la quijada y analiza sus posibilidades de dónde pasar la noche, camina por la casa, en cada cuarto al que entra, la luz se enciende automáticamente.

—¿No hay nadie más en esta casa? Estamos sólo Senko y yo.

Busca los números de teléfono en los muebles de la sala, los encuentra en el mueble que indicó su padre, marca el número y el sonido de línea muerta le enoja. Deja el teléfono de lado, abre la primera gaveta del mueble y casi entra en shock, acto seguido se emociona un montón. Abre la siguiente gaveta, la otra y la otra, ¡todas están repletas de fardos de billetes! Senkuu ríe como desquiciado; sin embargo, recuerda que necesita una cama y todo este dinero no resuelve su problema.

Lógico y eficiente. | Dr. Stone | - 28Donde viven las historias. Descúbrelo ahora