Bifurcación.

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Así pues, mientras Mei acuesta a su hija en la cama, Byakuya cocina la cena. Cuando ella regresa a la sala ve su plato servido junto con los cubiertos, una servilleta y una copa medio llena.

—Cuidas los detalles— hace notar la joven madre.

—Jaja, los detalles hacen que los momentos sean especiales— él toma asiento en el lado opuesto de la mesa.

Ella se sienta frente a su plato sin cortar contacto visual con él, prueba un trozo de carne del estofado y sus ojos casi se cruzan por el exquisito sabor.

—No me cabe duda que también eres un gran cocinero, ¿cómo aprendiste?

—Eh, jaja, la rutina diaria— se pone un poco nervioso y nostálgico, pues aprendió a cocinar dentro de los nueve meses antes que Senkuu naciera.

—Con estas habilidades debes tener una esposa en casa, ¿no?

—Para nada— pone una sonrisa patética—, si hubiera una esposa no estaría cenando en la casa de otra mujer.

Los ojos de la madre brillan de ilusión.

—Eres muy simpático, fiel y sabes cocinar, ¿cómo es que no estás casado?

Byakuya emite un montón de sonidos incomprensibles y se sonroja antes de decir algo coherente:

—La verdad nunca tuve suerte con las chicas, aunque tuve dos muy buenos amigos— hace una pausa y entristece la mirada—. Esos amigos tuvieron un hijo en un mal momento de sus vidas, cuando eran muy jóvenes y con problemas económicos.

Mei se asombra, se identifica inmediatamente, recuerda que ella tampoco tenía dinero y la llegada de Tomoko le vino muy mal. Por su parte, Byakuya considera pertinente descartar los detalles importantes:

—Yo me ofrecí a cuidar de su hijo...Fueron los doce años más maravillosos de mi vida— su melancolía se acentúa en tristeza— ...Pero todo lo bueno acaba, sus padres regresaron para llevárselo y ahora estoy por mi cuenta de nuevo— termina con una sonrisa.

Caso contrario, Mei está llena de lágrimas. Byakuya se espanta.

—¡Ah, no era mi intención hacerte llorar! ¡Disculpa!

Mei niega con la cabeza y se seca la cara con las mangas de su camisa.

—Debe ser muy doloroso perder a un hijo. Realmente lo lamento por ti.

—N-no digas eso...Al final ellos son sus verdaderos padres— Byakuya procura no dar lástima ni aprovecharse de su antiguo hijo para ganarse el corazón de Mei y tapa su desilusión con una sonrisa.

Ella ve a través de su farsa y toma su turno para confesarse:

—...Yo también tuve una hija en mis tiempos de universidad. Cuando ella nació, su padre dijo que se haría cargo, pero de pronto desapareció, según sus padres él se fue a otra ciudad y desde entonces no lo volví a ver. Sus abuelos pidieron a Tomoko, yo podría estudiar y trabajar, pero ellos la educarían, yo no tendría derecho a cuestionar su crianza. Han sido años difíciles, pero no me arrepiento de nada, no puedo imaginar mi vida sin Tomoko, así que puedo comprender lo que sería que aparten a un hijo de ti.

Byakuya está perplejo, hasta hace una hora estaba haciendo el ridículo en un bar y ahora tiene enfrente a una mujer que comparte una historia similar a la suya, le comparte sus desventuras al mismo tiempo que es capaz de comprender las suyas. ¡Ella debe ser la indicada!

—...Mei.

—¿Sí? — todavía se seca las lágrimas.

—¿Lo intentamos?

Lógico y eficiente. | Dr. Stone | - 28Donde viven las historias. Descúbrelo ahora