Hijo de tigre nace con rayas.

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Algunos días pasan, Senkuu está en el dormitorio laboratorio de su hermana, hablando sobre medicamentos y un posible viaje a África, así que Senko le muestra un libro de información sobre África que ella misma recopiló. Ambos están tan absortos en su charla que ignoran a cierta visita que acaba de llegar. Quien abre la puerta es Sengoku.

—Vaya, sabía que algún día nos visitarías— sonríe y entrecierra la mirada.

—Necesito hablar contigo— es Byakuya, que porta un gesto serio.

El propietario lo deja pasar y se alojan en una habitación aislada.

—De hecho, desde hace mucho Hakodate y yo deseábamos hablar contigo— explica Sengoku, dejándose caer en un sofá y engancha un brazo en el respaldar—. Pero nuestro abogado dijo que de las siete veces que fue a buscarte, nunca lo recibiste.

Byakuya frunce el ceño y toma asiento.

—He venido para llevarme a Senkuu.

A Sengoku no le inmuta la noticia.

—Ciertamente, el abogado no pudo hacer el intercambio legal de su custodia, así que todo queda en manos de Senkuu, ¿cuál será su decisión?

Byakuya aprieta los puños, parece más vulnerable y al mismo tiempo más enojado.

—No me interesa lo que Senkuu piense, soy yo el que debe decidir lo que es mejor para él... Tardé en comprenderlo, pero ya no cometeré el mismo error.

Sengoku amplía su sonrisa.

La puerta se abre, los hermanos miran en dirección a la entrada, es su padre.

—Senkuu— dice Sengoku con una sonrisa tranquila—, Byakuya ha venido por ti.

Los niños se sorprenden un montón.

—¿Está aquí mismo?, ¿ahora? — Senkuu se ilusiona.

Ya no es él quien tiene que buscarlo, ¡es Byakuya quien ha venido por él!

—Correcto— afirma Sengoku—. Quiere que vuelvas con él a Tokyo.

—¿Uh?, ¿no habían hecho ya la adopción legal? — pese a la pregunta, está tentado a salir huyendo de esta casa para volver a su antigua y feliz vida.

—En realidad no, Byakuya jamás firmó ningún papel— Sengoku alza los hombros con indiferencia.

A Senkuu ya no debería sorprenderle, pero todavía pregunta seriamente:

—¿Y qué harías tú si me fuera ahora mismo?

Senko pone cara de decepción, anticipando sin ningún esfuerzo la respuesta de su padre, pues conoce sus motivos. En efecto, Sengoku suaviza su sonrisa y su mirada, usa un gesto más pacífico y liberador.

—Nada.

Senkuu arruga la frente y vuelve a preguntar:

—¿Entonces para qué fueron a buscarme?

—Y yo debería preguntarte por qué aceptaste venir a vivir con nosotros. Pero yo sé por qué.

—Deja de hacerte el listo que no te luce— sonríe con arrogancia.

Sengoku suelta una suave risa:

—Kukuku. Los años después de que Byakuya te adoptara, a tu madre y a mí nos carcomía la incertidumbre sobre tu bienestar, ¿habríamos tomado la decisión correcta?

» Byakuya nos dijo que tú ya sabías que no eras su hijo biológico y que no sufrías ningún tipo de estigma o trauma al respecto. Eso ya era suficiente para nosotros, pues lo que siempre quisimos era no tener cargos de consciencia, pero tampoco tomar responsabilidad por ti— se inclina para pronunciar la última oración con frialdad.

Lógico y eficiente. | Dr. Stone | - 28Donde viven las historias. Descúbrelo ahora