–400 € por el banco roto, cada señor pide 5.000 €. Serán 10.400 € de multa. Si lo dividimos entre 7, serán 1.485,70 € para cada una. Tendréis un máximo de una semana para pagar la multa; si no, se irán aumentando 100 € por semana que pase.
Los padres y madres de todas las presentes se miraban con incredulidad.
–Tengo una duda, ¿por qué tenemos que pagarles a esos señores por meterse en la pelea si se han metido porque han querido, no por obligación?
–La respuesta es sencilla: han salido heridos.
–Eso les pasa por arriesgarse. En ningún momento les hemos pedido tal riesgo.
–Otra duda –se lanzó la madre de Noa–. La pelea la ha empezado Irene con sus asquerosas amiguitas. Que paguen entre ellas la multa. Mi hija no ha hecho nada.
–Hemos entrevistado a cada una en privado. Irene nos ha afirmado que sufre bullying por parte de su hija. Sus amigas afirman haber estado con Noa primero, pero después se pasaron con ella.
–Espera, espera, espera. ¿Dos de las chicas que han pegado a mi hija eran amigas antes? Ponles más multa por falsas.
–La multa se la debería aumentar a tu hija y sus amigas. Pedí las grabaciones de la tienda de enfrente y siento decirle que la primera ostia se la dio Noa a Irene. Me creo a Irene y sus amigas. Chicas –se giró a nosotras tres–, tenéis que decidir qué cantidad queréis, o necesitáis. A ser posible, sin la influencia de los padres.
–No es justo, ellas han pegado a nuestras hijas también –manifestó otra chica con furia.
–A eso se le llama defenderse. Ellas no han agredido a nadie, solo se han defendido de una agresión.
Se quedaron calladas al darse cuenta de que no tenían razón. Cada una eligió el dinero que pediría.
–Lea y yo pedimos 500 € cada una, porque a nosotras no nos han hecho gran cosa. Solo defendíamos a nuestra amiga. El plazo nos da exactamente igual.
–Apuntado. ¿Y tú, Irene?
–¿Yo? 10.000 € entre todas. Porque...
–¡Pero esto es una ruina! ¿Tú te crees que cagamos dinero? Es imposible pagar esta deuda.
–Señora, no interrumpa a la chica. Continúa.
–Pido tanto dinero porque ya llevo 5 años sufriendo a mano de la chica que tengo sentada a mi lado. Ella empezó algo que a nadie le gustaría recibir: bullying. Le daré parte de este dinero a mi querida amiga Alexa, que es la que intenta animarme todos los días con llamadas y mensajes. Ella es la que mejor me conoce. A Lara y Lea también les voy a dar las gracias, aunque lo que les dé no sea tan vasto como a mi otra amiga. Me gustaría recibir esta cantidad en un mes.
Las otras 4 madres enemigas empezaron a quejarse por ser tan exigente.
–¡Esta chica nos quiere dejar pobres!
–¿Tú quién te crees que eres para pedir tanto dinero?
–Vale, pero pagarás todas nuestras facturas el año que viene.
–Antes dijiste que era Noa la que empezó lo del supuesto bullying, ¿por qué tenemos que pagar las otras tres?
–Porque han seguido el juego, han querido reírse de mí con ella.
–Pero chica, páganos a nosotras también. Sobre todo a mí, que antes me llamaste guilipollas y me pegaste.
–Pero lo hice porque también lo hicisteis vosotras.
–No me toques las narices, mentirosa de mierda.
Ella se levantó de la silla y empezó a acercarse más de lo que ya estaba. El guardia que teníamos delante pareció sospechar que no iba con buenas intenciones.
–Señorita, vuelva a sentarse en esa silla. –Noa no hizo caso. Se paró delante de mí con mucha furia. –¡Que te sientes, nadie te ha dado permiso para levantarte! –Los presentes en la sala nos quedamos quietos esperando a que reaccionara. –No te atrevas a tocarla. Si lo haces, subirá la multa.
Ese día acabó con otro ojo morado y 11.000 € en el bolsillo (me volvió a pegar). De camino a casa me puse a llorar.
–Irene, eres muy valiente.
–No me creo que esto haya pasado.
Pensaba que me echarían la bronca o que me castigarían. En cambio, me elogiaron.
En casa preparé tres sobres, en los cuales puse dinero y la dirección de mis amigas. Me guardé una cantidad de ese dinero en mi hucha. Fuimos a mandar las cartas, pagar la multa de 1.485 € y dejar el dinero restante en la cuenta bancaria.
Ese día fuimos a cenar al Burger King más cercano. Mientras esperábamos que nos trajeran la comida, llamé a Alexa para contarle lo sucedido.
Volvimos a casa nada más acabar de cenar, ya que al día siguiente había clase.
Manolo me llevó a clase ese día, nadie quería que se repitiera lo de ayer.
Cuando entré, todos se quedaron mirando como si fuera un bicho raro. Muchos le acompañaban el sentimiento a Noa, como si se hubiera muerto alguien de su familia.
El orientador llamó a todas las de la pelea una por una para preguntarnos nuestras versiones de la pelea. Al final, nos reunió a todas para comunicarnos que estaríamos expulsadas por la pelea y por haber hecho que todos perdieran un día de clase. Al parecer, cuando se enteraron de que nos habíamos peleado, se lo dijo un profesor y se acabó propagando por todo el colegio. Después de eso, les dieron un día de fiesta a todos.
–Mañana es el último día del trimestre, la expulsión será para después de las vacaciones de Navidad. Que no me entere yo de que vuelve a suceder esto, ni dentro ni fuera del colegio.
–¿Por qué todas expulsadas?
–Porque todas habéis hecho cosas mal.
El último día del trimestre lo pasamos como siempre. Una película, patio, otra película, nos dan las notas de ese trimestre y para casa.
Ya apetecía estar un tiempo sin ver a mis compañeros de clase, aunque fuera solo 2 semanas.
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Mi querida amiga Alexa [Completa]
Teen FictionPrimer libro de la bilogía 'Querida Amiga'. En "Mi querida amiga Alexa", sumérgete en la vida de Irene, una joven que ha soportado el acoso y la indiferencia desde la primaria. La llegada de Alexa, una nueva y carismática alumna, transforma su mundo...