¡Jacobo, mira! - Llamo Jolene.
Más tarde, en un horario casi nocturno, tanto Jolene como Jacobo se encontraban a las afueras del pueblo y se encontraron con algo maravillante.
¡Woow! - Exclamó Jacobo.
Jacobo nunca fue de los chicos a los que le gustará ir a explorar en zonas extrañas, siempre fue de mente bastante cerrada, pero se sorprendió en gran manera con lo que encontró...
¡Una flor primigenia!
Jamás había visto una en persona... - Contó. - Ni yo, aunque mi primo nació de una. - Comentó Jolene.
Las flores primigenias eran flores muy grandes, casi imposibles de encontrar naturalmente en zonas, ya que eso estaba prohibido. Estas flores poseen propiedades curativas que ayudaron al avance de la medicina, pero lo más asombroso es que de ahí se originó la raza florimana.
Es muy grande. - Notó Jacobo. - ¡Y hermosa! - Dijo Jolene. - ¿Deberíamos llamar a la policía? - Preguntó Jacobo. - ¿Para qué? - Interrogó Jolene. - Ya la encontrarán, por ahora es mejor que se quede aquí.
Los chicos miraban con asombro la hermosa y enorme flor, que en este caso poseía pétalos amarillos y estambres dorados, en ellos se podía ver el cáliz en donde se podía formar un embrión florimano. El aspecto era casi mágico, el color de sus hojas era un verde muy intenso y destellaba un olor a néctar delicioso.
Me preguntó como se habrá formado el primer florimano en esa flor si todavía no existía otro que meta por allí su embrión. - Dijo Jacobo, en un tono algo cómico. - ¿Crees que si me tomo el néctar volveré a sentirme como un bebé? - Preguntó Jolene. - ¡Que asco! - Dijo Jacobo y ambos rieron.
Mientras reían, una brisa suave hizo que los pétalos de la flor se movieran, como si les respondiera y estuviera conversando también.
En un momento Jacobo observo todo lo que tenía a su alrededor, la flor era hermosa pero no se había dado cuenta de que el espacio donde estaba también lo era, habían llegado a un bonito bosque, alejados del pueblo, los árboles bailaban con el viento y había aroma a eucaliptos en el ambiente.
Que lindo lugar... - Comentó.
Jolene se acercó hacia su amigo y lo tomó suavemente de la mano, mientras observaba también el mágico lugar en el que se encontraban.
¿Jolene, a qué escuela vas? - Preguntó Jacobo. - Jolene le sonrió dulcemente. - Voy al instituto Aurora ¿Por qué? - Contestó y preguntó. - Si no es muy lejos un día podemos vernos después de clases, yo voy al colegio Miracle. - Propuso Jacobo. - ¡Eso sería genial, Coby! - Concordó Jolene. - Tu escuela no queda muy lejos de la mía, podemos vernos en cualquier momento. Dijo, haciendo nuevamente esa extraordinaria sonrisa.
...
Un poco más tarde, Jolene sugirió ya marcharse, debido a que su tío no la quería fuera mucho tiempo por la noche, por lo que Jacobo acepto marcharse y volvió a casa, donde se encontró con nadie más ni nadie menos que su padre.
¡Hijo, me alegra verte! - Saludó Jake. - A-Ah, hola. - Saludó Jacobo. - Hijo, saldré un rato, cuida la casa. - Le dijo su padre riendo y dándole unos golpecitos en el hombro.
Jacobo observó como su padre salía de la casa y rodó los ojos, apenas y lo había visto desde que llegó, lo único que hacía su padre era pasársela en bares.
¡Auch! - Se escuchó desde arriba.
Jacobo instantáneamente llevo su mirada a las escaleras.
¡Me duele! - Se quejo cierta pelirroja. - ¡Solo te estoy cepillando el pelo, no exageres! - Le dijo Mireia, no pudiendo aguantar la risa.
Jacobo con curiosidad subió a ver que pasaba.
¿Qué sucede? - Preguntó. - ¿Y es a ti te importa por...? - Interrogó Mireia. - ¡No seas grosera con tu hermano! - La reprendió Lucy. - Caí de un árbol en un arbusto y tengo el cabello lleno de ramas. - Le explicó.
Jacobo abrió sus ojos en grande.
¿Estas bien? - Preguntó. - No debes preocuparte, me pasa seguido. - Le respondió Lucy, muy relajada. - Sí y si sigues así algún día me harás cometer un delito. - Le dijo Mireia. - Como sea ¿Donde estabas? - Preguntó Lucy, esquivando la amenaza de su amiga. - O-Oh, pues... - acarició su nuca. - Salí un rato con una amiga. - Le contó.
Aunque Jacobo mantenía su opinión de "los gemelos pesadilla" Lucy le parecía una persona cada vez las agradable.
¿Y dime, ya se aburrió de ti? - Preguntó Mireia con un tono burlón. - Mira, tú callate ¿Quieres? - Le contestó Jacobo. - Bueno, es algo inevitable ¿No? - Preguntó ella, soltando luego una risotada.
Jacobo aparto su mirada.
Pasen linda su tarde. - Dijo para marcharse de la habitación.
Estaba a punto de llamar a Jaden, pero se percato de que un misterioso cuaderno.
¿Qué es esto? - Se preguntó para abrir la primera página.
"Propiedad de Michael"
Frunció el seño y abrió la segunda página.
Un joven músico llegó a Francia, con su guitarra en mano se propuso a hacer una canción,
en una tierra que el arte abrazó.
Los campos de lavanda lo recibieron,
con un aroma suave y sereno,
los ríos susurraban secretos,
de un pasado rico y pleno.París, con sus calles adoquinadas,
era el sonido de esta canción sin fin,
la Torre Eiffel brillaba,
bajo un cielo de añil y carmín.En los cafés, las risas flotaban,
mientras el Sena brillaba a la luz del sol, el joven músico tocaba y tocaba
la canción, un latido, un amor.Las colinas de la Provenza lo inspiraron,
con sus viñedos y cielos tan azules,
cada amanecer era una sinfonía que le dana zazon a su canción, su corazón las abrazaba sin murmullos.Los castillos en el Loira lo dejaron sin aliento,
con historias de reyes y reinas en su esplendor, en cada piedra y jardín, un eco,
de tiempos pasados, llenos de color.Marsella y sus costas lo llamaban,
con el cántico del Mediterráneo que resonaba en su ser, las olas componían su sinfonía, un canto eterno, profundo y querido.En cada rincón de Francia, una melodía, un susurro, una historia, alimento para la canción, el joven músico, maravillado, capturó la belleza en su interior.
Francia, con sus paisajes y encantos,
le regaló al joven su inspiración,
en sus notas, el eco de un país hermoso, que resonará por siempre en su corazón"
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El pueblo de los susurros
FantasíaEn un misterioso pueblo privado, un grupo de adolescentes se encuentran viviendo sus vidas con normalidad, estudiando, conversando y jugueteando. Pero de un momento a otro el pueblo deja de ser el mismo, se oyen sigilosos susurros por todas partes...