Sombras del pasado y lazos del futuro

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NARRA SARA
Me desperté después de una breve siesta, sintiéndome desorientada. Miré el reloj: ya había oscurecido. Me levanté con pereza, cambiándome rápidamente antes de bajar al piso de abajo. Mientras descendía las escaleras, escuché voces provenientes de la sala. Por un momento pensé que Kevin había llegado, pero al acercarme me di cuenta de que no era él. Era Joe.

Cuando nuestros ojos se encontraron, una mezcla de sorpresa y confusión cruzó su rostro. No lo había visto en meses, y no esperaba encontrarlo aquí.

—Sara —dijo con tono serio, aunque sus ojos parecían analizarme con curiosidad—. ¿Qué haces aquí?

—Hola, Joe —respondí, intentando mantener un tono neutral—. Me vine a quedar unos días.

Frunció el ceño, visiblemente intrigado.

—¿Qué hizo Nick ahora para que tengas que venir aquí? —preguntó con brusquedad.

Levanté la mirada y fue entonces cuando noté su estado. Tenía ojeras profundas, los ojos rojos y un olor a alcohol que no podía disimular.

—¿Estás borracho? —pregunté, preocupada.

Joe suspiró, cruzándose de brazos.

—No estoy borracho, Sara. Y ese no es el tema aquí. El tema es... ¿qué pasó con Nick?

Intenté mantener la calma.

—Joe, esto no te incumbe. Pero tú necesitas un baño, un café, un ibuprofeno y, sobre todo, dormir.

Él soltó una risa amarga, cargada de sarcasmo.

—Corazón, no necesito tu pena. ¿De qué me sirve? Al final, elegiste a Nick, el hombre perfecto, en lugar del rebelde Joe. Lo entiendo perfectamente.

Su mirada, cargada de tristeza, me descolocó. "¿De verdad piensa que fue tan simple?", me pregunté.

—Joe, lo siento. No es que te haya rechazado porque no seas perfecto o porque Nick lo sea. Es mucho más complicado que eso. Una parte de mí los ama a los dos, pero alguien una vez me dijo: 'Si te enamoras de dos personas, elige a la segunda, porque si hubieras amado realmente a la primera, no habría habido una segunda.'

Él me miró, su rostro endureciéndose mientras intentaba asimilar mis palabras.

—¿Y qué pasó entonces? ¿Por qué estás aquí? —preguntó con voz quebrada—. ¿Por qué no estás en su casa, con él?

—Porque, como todas las parejas, tenemos problemas. Pero eso no significa que no nos amemos.

Él rió de nuevo, una risa amarga que me dolió más de lo que quería admitir.

—Sara, no me vengas con eso. El problema no es "normal". Es Nick. No ha firmado el divorcio. ¿Cuánto llevan juntos? ¿Y todavía no es capaz de dejar atrás a Priyanka?

Sus palabras eran como cuchillos, porque sabía que había verdad en ellas.

—Va a firmarlo —dije con firmeza—. Él me lo prometió. Y lo hará. Más ahora que estoy esperando un hijo.

Joe se quedó helado. Sus ojos se llenaron de una mezcla de incredulidad y dolor.

—Espero que sean muy felices —dijo finalmente, con sarcasmo y amargura—. La familia perfecta, ¿no? Ojalá abras los ojos. Esto no es un paraíso. Si no ha firmado hasta ahora, ¿qué te hace pensar que lo hará por el bebé?

No esperó mi respuesta. Se levantó, sacudió la cabeza y salió de la casa, dejándome sola con mis pensamientos.

NARRA NICK

Después de que Sara se fue, me quedé sentado en el sofá, sosteniendo mi teléfono con fuerza. La había llamado varias veces, pero no respondió. Cada minuto que pasaba, sentía que la estaba perdiendo más.

Sabía que no podía seguir procrastinando. Priyanka era el único obstáculo real entre Sara y yo. Había llegado el momento de terminar con esto, sin importar las consecuencias.

Agarré las llaves del auto y conduje directamente hacia la casa de Priyanka. Cuando abrió la puerta, me recibió con una sonrisa que, lejos de reconfortarme, solo me irritó.

—Hola, mi amor. ¿Qué haces por aquí? —dijo dulcemente, intentando tocarme.

Retrocedí, evitando su contacto.

—No me llames "mi amor". No soy tu amor. Tenemos que hablar.

Su sonrisa desapareció, pero me dejó pasar. Cruzó los brazos, con una expresión desafiante.

—¿Qué te pasa ahora?

Tomé aire, intentando mantener la calma.

—Esto se termina aquí, Priyanka. Vas a firmar el divorcio.

Ella rió, incrédula, pero la risa se apagó rápidamente.

—¿Hablas en serio? ¿Dejarías todo esto por esa mocosa? —preguntó, su voz teñida de veneno—. Todavía estás casado conmigo, Nicholas. ¿Qué crees que diría un juez si supiera que ya estás con otra mujer?

Me acerqué a ella, mirándola fijamente.

—Esto no es una amenaza. Es una decisión. Si no firmas el divorcio, nos veremos en un juicio. Y créeme, no voy a dar marcha atrás.

No esperé su respuesta. Salí de la casa y cerré la puerta de golpe.

Mientras conducía de regreso, mi mente era un torbellino. Priyanka tenía razón en algo: esto no iba a ser fácil. Pero tenía que hacerlo. Tenía que demostrarle a Sara que estaba dispuesto a luchar por ella.

 Tenía que demostrarle a Sara que estaba dispuesto a luchar por ella

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