-Capitulo 4-

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Snezhnaya, la nación Cryo, un lugar tan frío como hermoso. La blanca nieve cubría todo a su paso: los árboles de ramas cristalizadas, la hierba helada, los lagos convertidos en espejos de hielo, y las imponentes montañas que parecían tocar el cielo. En el corazón de esta majestuosa tierra, se alzaba la gran mansión del Arconte Cryo. Su hogar.

A pesar de ser un viajero frecuente, siempre encontraba la paz al volver a su nación. Aquí no tenía que lidiar con las intrigas de Inazuma. Después de la traición de Raiden y Yae Miko, ni siquiera las consideraba conocidas. Para él, eran como extrañas a las que nunca había visto. Ahora, su mundo giraba en torno a su Alfa, Kazuha, y algunos amigos que había ganado gracias a él. Cerca de su hogar, había un pueblo lleno de vida, con habitantes que adoraban a su Arconte por todo lo que hacía por ellos.

Pero nada de eso importó cuando todo se convirtió en un infierno.

Las llamas, que a menudo se asocian con el calor y la seguridad, esta vez trajeron la destrucción. El fuego, feroz y cruel, se extendió rápidamente, devorando árboles, casas, recuerdos y esperanzas. Los gritos de la gente llenaron el aire. En medio de todo, se escuchó un grito desgarrador. El Arconte Cryo había salido de su hogar, y al ver la devastación, su voz se alzó con dolor y furia. La impotencia lo carcomía, porque esta no era la primera vez que veía su mundo arder en llamas.

¿Cómo llegamos a esto? —te preguntarás, querido lector.

Déjame contarte...

Horas antes

Habíamos terminado de recorrer la nación. Kazuha y yo volvimos a mi habitación. Apenas entré, me tiré sobre la cama, dejando que el cansancio se apoderara de mi cuerpo. Pero Kazuha no me dejó descansar. Se lanzó sobre mí y comenzó a hacerme cosquillas, arrancándome carcajadas involuntarias. Mi risa resonó por la habitación mientras él me besaba la cara entre ataques de cosquillas.

—¡Para! ¡Kazuha, ya, para! —le grité, sin poder contener la risa.

—No hasta que digas que soy el Alfa más increíble del mundo —respondió con una sonrisa traviesa.

—¡Lo eres, lo eres! —grité entre risas.

Después de un rato, me tomó por la cintura y me sentó sobre su regazo. Me miró con ternura antes de darme un suave beso en los labios. Correspondí al beso, sintiendo la calidez de su amor.

—Te amo, Arconte Cryo —susurró, mirándome con esos ojos que parecían ver a través de mi alma.

Sonreí y acaricié su cabello, dejando un beso corto en sus labios antes de acurrucarme contra su pecho.

—Y yo a ti, mi Alfa —respondí con una tranquilidad que, sin saberlo, pronto sería arrebatada.

De repente, la puerta de mi habitación se abrió de golpe. Me alerté de inmediato, levantándome rápidamente para ver a Chongyun, uno de mis mejores amigos. Su expresión de preocupación hizo que mi corazón se acelerara.

—___, ¡mira afuera! —gritó, su voz cargada de urgencia.

Corrí hacia la ventana y lo que vi hizo que el mundo se detuviera. El cielo blanco de Snezhnaya se había teñido de un rojo infernal. Las llamas danzaban salvajemente, consumiendo los árboles, las casas y todo a su paso. Mis ojos se abrieron con horror. Una silueta se movía entre el fuego, una figura oscura que parecía dirigir la destrucción.

—¡NO! —grité con toda la fuerza de mis pulmones.

Mi cuerpo se movió por instinto. Empujé a Chongyun y corrí hacia la entrada. Afuera, la escena era aún más aterradora. Mi pueblo, mi gente... mi hogar. Todo estaba envuelto en llamas. Mi cuerpo se movió antes de que mi mente pudiera procesarlo. Corrí directo hacia el fuego.

"Tengo que detenerlo."

Con manos temblorosas, intenté usar mi poder Cryo. Pero el fuego era más fuerte. Gritando de dolor, metí mis manos en las llamas, intentando congelarlas. Mi piel ardió, las quemaduras se hicieron presentes, pero no me importaba.

"¡No otra vez!"

Flashback

Tenía siete años. Gorou y yo jugábamos en mi habitación. A él le encantaba peinar mi cabello. Decía que era suave y hermoso, y yo me dejaba hacer. Ambos éramos Omegas, y como niños, creíamos que juntos podíamos enfrentarlo todo. Los Alfa tontos no nos intimidaban. Nos cuidábamos el uno al otro.

—Cuando seamos grandes, no dejaremos que ningún Alfa nos mande —le dije, con la inocencia propia de un niño.

—¡Exacto! ¡Seremos Omegas libres! —respondió con una gran sonrisa.

De repente, bajamos corriendo por las escaleras, pero yo tropecé con mi padre. Su mirada de odio fue lo último que vi antes de que me golpeara con fuerza, tirándome por las escaleras. El dolor fue instantáneo. Mi nariz sangraba, y Gorou corrió a ayudarme mientras mi madre discutía con mi padre.

Mi padre salió furioso de la casa. Lo que siguió fue el inicio de mi pesadilla. Desde la ventana, vimos cómo las llamas se levantaban. Mi padre quemó todo. Mi hogar, mi pueblo, todo se volvió cenizas. Gorou lloraba a mi lado. Y yo, aún siendo un niño, entendí que mi padre me odiaba por ser un Omega.

Presente

—¡NO OTRA VEZ! —grité con todas mis fuerzas, volviendo a la realidad.

Kazuha llegó corriendo detrás de mí y me abrazó por la espalda, apartándome del fuego.

—¡Detente! ¡Tus manos están quemadas! —me dijo con voz llena de preocupación.

—¡NO! ¡NO PUEDO! —grité, liberándome de su agarre y corriendo de nuevo. Mis manos se hundieron en el fuego una vez más, usando mi Cryo para apagar las llamas. La piel de mis manos se quemó más, pero no me importaba. ¡No dejaría que mi hogar se destruyera otra vez!

Cuando al fin el fuego se extinguió, todo lo que vi fue destrucción. Casas en ruinas, árboles calcinados, el pueblo asustado... y mis manos, rojas y llenas de ampollas. Me desplomé de rodillas, agotado.

Kazuha corrió hacia mí, cargándome entre sus brazos.

—Tranquilo, ___, vamos a curarte. Yo estoy aquí, siempre estaré aquí —susurró mientras me llevaba de vuelta al interior de la casa.

En otro lugar

—¿Entonces ayudarás? —preguntó un Omega de cabello azul con una sonrisa astuta.

—¿Estás seguro de que podrás separar a mi hijo de ese tal Gaming? —respondió la Alfa, alta y elegante, con voz dominante y una mirada intimidante.

—Sí. Ya le dije que su hijo estará lejos de ese chico de Liyue. Todo lo que tiene que hacer ahora es quemar Snezhnaya, y todo estará en su lugar —dijo el Omega con una sonrisa sádica.

La Alfa sonrió, satisfecha, y estrechó la mano de su nuevo aliado.

Scaramouche había conseguido la ayuda de Arlecchino, una mujer que haría cualquier cosa para separar a su hijo Freminet de Gaming. No le importó que la misión implicara destruir una nación entera. Lo único que le importaba era el "bien" de su hijo.

Cuando llegaron a Snezhnaya, Arlecchino miró la nación con cierta admiración. Sabía que su hijo había recibido allí su visión, pero no le importó. Si para proteger a Freminet tenía que reducir este lugar a cenizas, lo haría.

Y lo hizo.

Las llamas devoraron la nieve.

La helada tierra de Snezhnaya se convirtió en el infierno en la tierra.

🍂El viento me guío hasta ti🍂 Kaedehara x Malereader (Omegaverse)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora