Entrevista

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El camarógrafo se pone en posición detrás de la cámara mientras termina de comer su empanada. Es un muchacho joven de aproximadamente veinte años de edad. Lleva una gorra azul en la cabeza con la visera cubriendo la nuca. Tiene migajas de carne en la comisura del labio y se rasca con los dedos la mandíbula, mientras ajusta el foco de la cámara. Tú estás sentada frente a él a una distancia y le señalas con el dedo la comisura de tu propio labio, avisándole que tiene restos de comida en ese lugar.

El camarógrafo entiende el mensaje, levanta ambos pulgares y se limpia con la manga de la camisa, ensuciando el regalo que Suguru le dio al llegar. Un detalle de agradecimiento por hacer esta entrevista y aguantarlo.

La prenda tiene un estampado del líder de la secta, abrazando a sus dos pequeñas demonios cuando estas tenían ocho años de edad, y de fondo hay un par de dedos flotando sobre la cabeza de Suguru, simbolizando cuernos.

El personal de staff ajusta las luces dando iluminación a la amplia habitación.

Detrás de los invitados de honor hay un póster gigante de la portada de la historia. La mota con polvo compacto impacta suavemente en la piel de Suguru llenando los poros e inconscientemente la maquilladora se acerca demasiado a él.

Carraspea cerrando su mano izquierda acercándola a la boca.

—No soporto tu "hedor" a mono.

La sonrisa amable de Suguru y su comentario racista obligan a la maquilladora a retirarse, sintiéndose humillada por la actitud de este hombre.

Tú estás sentada a su lado, te han dado un atuendo muy sofisticado y permites que la otra mujer te maquille. Le das una mirada a tu esposo por el rabillo del ojo, le arrebatas la mota a la maquilladora para pasarlo en el polvo sacando una gran cantidad y lo estampas en la punta de la nariz de Suguru.

—¡Listo! —sonríes mostrando tu perfecta dentadura—. Con eso llamarás más la atención del público.

Suguru cierra los ojos conteniendo su sentir, se limpia la nariz con un pañuelo que saca del bolsillo del pantalón con movimientos delicados y gira la cabeza en dirección a ti, mostrando una mirada gélida.

Los ojos de Suguru se crispan entrecerrados mirando a la joven que tuvo el descaro de hacerle eso en su atractiva y preciosa cara.

¿Este mono de baja categoría se atreve a tocarlo tan causalmente?

—¿Cómo te atreves a poner tus sucias manos sobre mí, insolente? —escupió, con la voz chorreante de veneno. Geto apartó su mano de un manotazo y la miró con absoluto desprecio—. ¿Tienes idea de quién soy? —siseó él, moviendo los dedos con ganas de retorcer su escuálido cuello.

Tú lo ignoras, cruzas una pierna por encima de la otra soplando el esmalte de las uñas y la maquilladora siente la tensión palpable entre ustedes decidiendo retirarse. Aprieta la mandíbula y se aleja como un gato con pasos ligeros para que no noten su presencia.

—Puff... —Tus labios vibran salpicando gotas de saliva y recoges la lima de tu regazo para usarlo en las uñas—. No seas aburrido. Me debes eso por los comentarios de odio que hiciste cuando estábamos en la casa de playa.

Suguru Geto entrecerró los ojos a rendijas delgadas por la broma de esta descarada mujer.

¡Cómo se atreve esta mota de polvo a burlarse del líder de la secta!

La sola idea le hacía hervir la sangre, tanto, que las venas de sus brazos se engrosan por debajo de las mangas del yukata.

Se reclina en su asiento e inclina el torso hasta acercarse lo suficiente a ti y susurrarte al oído:

—¿Crees que estoy jugando? —siseó él, con la voz empapada de malicia—. No soy un simple mortal para que juegues conmigo.

Seguiste ignorándolo observando el esmalte en tus uñas, cosa que estaba acabando con la paciencia de Geto, cuya mano sale disparara, agarrando tu brazo sin hacer presión.

—Comporte o estaré obligado a tomar "medidas" —gruñó él, encerrando su brazo con los dedos—. No soy de los que se toman a jugar. Recuérdalo, o vivirás para arrepentirte.

Su expresión se torció en una sonrisa cruel y burlona mientras soltaba tu brazo, saboreando el miedo que brillaba en tus ojos. Este desdichado mono aprendería su lugar, de una forma u otra.

Levantaste una ceja por la advertencia. Ibas a responder, pero tu celular timbró. El tono de la llamada hizo eco en la sala y el muchacho de la gorra dejó de comer y comenzó a imitar los movimientos que hacen los artistas en el MV.

—¡Qué buen gusto! —exclamó Satoru, quien salió de uno de los camerinos vistiendo un atuendo verde—. ¿Es tu prometida, Suguru? Me cae bien —dijo con una gran sonrisa, acercándose por detrás del camarógrafo para arrebatarle una de las empanadas de la bandeja frente a él.

Las cejas de Geto se elevan, entreabre los labios y su cara de sorpresa es un poema. No cree lo que ve: Satoru con un atuendo verde que lo hace parecer un alíen mientras come una empanada.

Tu saltas de la silla para ir con Satoru, coges una de las brochas de maquillaje que está sobre la mesa cerca de ti para usar como micro e imitas lo que hace él.

Ambos hacen desorden en el set, el camarógrafo captura el momento siguiéndolos con la cámara y aparecen Shoko junto a Haibara en versión adultos.

—¿No estabas muerto? —preguntas a Haibara, deteniendo tu baile.

Shoko te rodea los hombros con el brazo acercándote a ella.

—Es televisión, nena —responde, tirando del brazo a Suguru, quien se niega a hacer el ridículo con ustedes—. ¡Oh, vamos! No estamos grabando. Deja de ser tan tú.

—Déjalo. Está molesto porque lo sacaron de la serie en la segunda temporada y tuvieron que reemplazarlo con Kenjaku —se burla Satoru, sacudiendo los brazos en el aire siguiendo el ritmo de la canción.

Geto tuerce una sonrisa burlona, cruza los brazos levantando la barbilla con mirada de superioridad solo para responder.

—Al menos no me partieron a la mitad.

Shoko hace un sonido de golpe bajo sacudiendo la mano. Te suelta y se pone en medio de ellos dos con una sonrisa en su cara.

—¿Tengo que salir corriendo de nuevo como en el gimnasio?

Hay tensión en el ambiente, las miradas de ambos hechiceros se sienten casi palpable y sus energías malditas se crispan alrededor de sus cuerpos. Parece que sucederá una batalla, el staf está nervioso porque ya sucedió antes. No tienen idea de qué manera calmarlos, hasta que tu intervienes.

—Don't you want me like I want you, baby? Don't you need me like I need you now? Sleep tomorrow, but tonight, go crazy... —Tenías el rostro contorsionado dramatizando tu actuación. Pasaste el brazo alrededor de los hombros de Suguru, acercándolo a tu cuerpo mientras seguías sujetando la brocha que usas de micro—. Apateu, Apateu.

Geto suspira cerrando los ojos, se sujeta con los dedos el hueso nasal bajando la cabeza y murmura.

—Eres un dolor de cabeza.

Sonríes y cuando termina la canción le das un beso en la mejilla y confiesas:

—Odio a tus hijas.

***

INFELIZ MATRIMONIO. [#PGP2024] ✓Donde viven las historias. Descúbrelo ahora