–¿Has hecho las maletas?
–¿Para qué?
–¿Cómo que para qué? ¡Para irnos a la montaña!
–Pero yo no sabía nada. ¿Por qué no avisáis?
–¿No te lo había dicho tu madre? ¡Cariño!
–¿Y ahora qué quieres, Manolo? –preguntó mi madre de mala gana cuando vio a mi padrastro acercarse. –¿No ves que estoy vistiendo a la repugnante de tu hijastra? Como no suelta la puta Tablet de los cojones, no quiere moverse –dijo refiriéndose a mi hermana.
–¿No le dijiste a Irene que nos íbamos a la montaña?
–¿No se lo dijiste tú?
–Pero si la semana pasada, cuando lo planeamos, dijiste que se lo dirías tú.
–Sí, tienes toda la razón –comentó con un tono sarcástico–. Dije yo de decírselo y todo es culpa mía.
–Bueno, ¿para qué discutir?
–Pero Manolo, has empezado tú a discutir.
–Vale, toda la razón. Me voy con Irene para ayudarla.
–Ya es lo suficientemente mayor para hacerse la maleta.
–Y Carla es lo suficientemente mayor como para dejar la Tablet y vestirse ella sola.
–¡Eres un capullo de mierda!
–Yo también te quiero, cariño.
–¿Papá es un capullo? –cuestionó Carla, haciendo que me entren ganas de reír.
–¡Manolo! Acaba de aprender esa palabra por tu culpa.
–Bueno, Irene, dejamos a estas dos chicas aquí solas y nos vamos a tu habitación para hacer tu maleta. ¿Cuánto crees que valdrá la pena llevarse para cuatro días y tres noches?
–¿Tantos días?
–Te aguantas –gritó mi madre desde la otra punta de la casa–. Como eres menor, tienes que venir obligatoriamente con nosotros.
–Si quieres participar en esta conversación –empezó mi padre con cabreo–, vente aquí y hablamos. No se puede hablar si estamos tan lejos. Así no nos enteramos de nada.
–Tú no te vistas, ¿vale? Tengo que ir a la habitación de tu hermana para hablar con tu padre.
Mientras estaba haciendo la maleta, ellos dos peleaban sobre cosas que mi madre y mi hermana hacían que a mi padre le parecían mal, y en la gran mayoría de casos, estaba de acuerdo con él. No estirar la cadena después de ir al baño, dejar la toalla en el suelo después de ducharse, no guardar las cosas en su sitio, gritar en nuestros oídos, y en el caso de mi hermana, tirarse encima de mí cuando estaba tumbada en la cama.
Que si mi única figura paternal biológica era mi madre y solo ella podía mandar en nosotras. Que si él también tenía derecho para mandarnos porque nos había adoptado y legalmente es nuestro padre. Que si él no tenía nada que ver con nosotras. Que si ella maltrataba a su hija mayor y él la sacaba de ahí. Que la casa estaba firmada a nombre de ella y que si él estaba incómodo, se fuera de casa y se divorciaran.
Barbaridades 100%.
Después de una mañana un poco movida por los gritos y las peleas, pudimos ir al coche y salir de la ciudad.
–¿Podemos poner música? Dicen que cantando se van todos los males –propuse.
–Sí, Manolo, por favor. Pero no pongas esa música de mierda, ¿entendido? Irene me entiende, ¿verdad?
Asentí, pero no estaba segura de entenderla del todo. No me quitaba de la cabeza esa canción de ABBA que sonó hace un año en la fiesta familiar. No era fan número uno, ¿sabes?, pero estaba bien y me empezaba a gustar. También me gustaban esos solos y riffs de Metallica que tocaba Pedro.
–Soy el que conduce, así que soy yo el que pone la música. Tú tienes que aguantar mi música, pero yo también tengo que aguantar la tuya cuando la pones en tu móvil mientras limpias la casa.
–Vale, pero no soy la única que odia ese rock. Solo tienes que ver la cara de Carla cuando pones la música.
A Carla parecía no importarle en absoluto la música, mientras le dejasen estar...
–Vale, puede que a ella le dé igual, pero pregúntale a Irene, que antes me dijo que tampoco quería que pusieras esta música.
–Solo asentí porque no sabía qué decir. Simplemente no soy fan, pero esa música está bien.
–Pero en ese género solo son ruidos y gritos.
–Y en el reggaetón usan siempre el mismo ritmo y casi no vocalizan. Aparte, usan mucho autotune; la gran mayoría, y se nota que no son sus voces reales. Una cosa es usar un poco, como los que cantan pop ahora, pero los reggaetoneros se pasan bastante. Me parece surrealista que a alguien nacido en 1982 le guste ese género, aunque no lo voy a criticar. Aparte investigué un poco y los que gritan tanto solo son de alguna variante de ese género, no el rock en general.
–Anda, mírala. Ha salido como tú, sabiendo que no sois familia de sangre –comentó mirando a Manolo.
–Por una parte tiene razón, pero yo tampoco voy a criticar.
–Por lo visto, no me puede gustar nada, todo lo criticáis. Menuda familia que me ha tocado.
–Pero no lo hemos criticado en ningún momento. Solo he dicho cómo es el género y que me parece raro que a alguien de tu edad le guste eso, ya que solo lo escucha gente de mi edad. No lo hemos criticado en ningún momento.
–Y ahora resulta que me invento las cosas. Soy muy mala madre y muy mala mujer. No sé qué he hecho para merecerme esto.
–Pero, ¿qué dices?
–Lo que estáis insinuando de mí.
–Pero papi, ¿por qué apagas la música? –preguntó Carla–. Me estaba gustando.
–Porque hemos montado una gran discusión solo por eso.
–Espera, ¿a ti también te gusta esa música?
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Mi querida amiga Alexa [Completa]
Teen FictionPrimer libro de la bilogía 'Querida Amiga'. En "Mi querida amiga Alexa", sumérgete en la vida de Irene, una joven que ha soportado el acoso y la indiferencia desde la primaria. La llegada de Alexa, una nueva y carismática alumna, transforma su mundo...