Nikolay llamó a la chica para que los atendiera y ordenó unos helados para ambos. Mientras esperaban, el bullicio de la feria llenaba el aire: risas de niños, música alegre, y el constante murmullo de la multitud. Las luces de los juegos mecánicos parpadeaban en colores brillantes, creando una atmósfera mágica y vibrante.
Nikolay, con una mezcla de nerviosismo y curiosidad, preguntó:
—¿Te gusta más la feria o Disneyland?
Christina, intrigada, lo miró fijamente.
—¿Cómo sabes que en Disneyland hay estos tipos de juegos? Además, ¿por qué hablas de Disneyland?
Nikolay se rascó la cabeza, claramente buscando las palabras adecuadas. Finalmente, respondió con cierta vacilación:
—Tenía en mente volver a Londres, por eso pregunté sobre Disneyland.
Christina frunció el ceño levemente, procesando sus palabras.
—¿Todavía tienes planes de volver? Yo amo nuestras ferias. Mamá y papá y yo siempre estábamos acostumbrados a estas ferias.
Nikolay, sorprendido, le preguntó:
—¿Tu padre te llevaba a las ferias?
Christina asintió con una sonrisa nostálgica.
—Sí, no creerás que los choferes me llevaban a todos lados. Mi padre, una vez, fue un simple constructor, un ingeniero.
En ese momento, la chica se acercó con los helados, colocando los coloridos postres en la mesa con una sonrisa amable. Nikolay le pasó la cuchara a Christina, quien la tomó con gratitud y comenzó a comer su helado, su expresión suavizándose mientras continuaba su relato.
—Te digo algo, todos los años íbamos a Crimea. Nos subíamos a los circuitos y disfrutábamos en familia, pero luego todo cambió.
Nikolay la miró con una mezcla de tristeza y comprensión. Lentamente, se inclinó hacia ella, su expresión se suavizó y su tono se volvió más cariñoso.
—Eres diferente cuando te quitas la máscara de princesa caprichosa. Eres tierna, dulce. Es muy extraño porque finges ser otra cosa, siempre detrás de una estúpida máscara.
Christina, con una media sonrisa, levantó la mirada hacia él.
—¿Fue tu abuela quien te dijo eso?
Nikolay negó con la cabeza, sus ojos brillando con sinceridad.
—No, eso lo digo yo. Eres una buena persona cuando te quitas ese disfraz de princesa mimada y caprichosa.
Christina rió suavemente, un destello de diversión en sus ojos.
—Tal vez es porque antes era una princesa embrujada, y fuiste tú quien rompió el hechizo como en un cuento de hadas.
Nikolay la miró fijamente, sus ojos llenos de admiración y un toque de amor. Los sonidos de la feria parecían desvanecerse, dejándolos en su propio pequeño mundo. La luz suave de las lámparas de la feria iluminaba sus rostros, y por un momento, ambos sintieron que algo profundo y verdadero estaba floreciendo entre ellos.
Nikolay y Christina salieron de la feria con sonrisas en sus rostros y el sonido lejano de risas y música de fondo. El cielo, teñido con los colores del atardecer, creaba una atmósfera mágica.
—Si quieres, te puedo llevar al trabajo —le ofreció Nikolay con amabilidad.
Christina, con una media sonrisa, negó con la cabeza.
—No, deseo caminar por las calles —respondió, jugueteando con un mechón de su cabello.
Nikolay la observó con ojos de enamorado mientras ella comenzaba a alejarse.

ESTÁS LEYENDO
Mi Reino por un Amor©© (COMPLETA✓)
RomanceUn exitoso hombre de negocios decide reeducar a su malcriada hija enseñándole cómo trabajar. El Reino de Inglaterra para el amor.