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El dolor en mi pecho era demasiado fuerte. Las paredes se encogían, estaba temblando, mi mundo se perdía.

Lloré, grité.

No recuerdo lo que hice, cómo salí o cuánto tiempo pasé sentada frente al cuerpo desmembrado de Mateo.

Perdí todo.

Llorando me eché en el suelo rodeada de cadáveres, solo esperando que liberen el gas y poder olvidar todo.

Los días pasan en esta nueva jaula, desperté aquí, en un área diferente, entre la celda de esa criatura que ví la última vez que toqué a mi bebé y un bicho parecido a un perro negro y feo.

No hago más que llorar en silencio, las lágrimas no dejan de salir y no tengo fuerzas para moverme, todo resulta tan asqueroso.

Supongo que me alimentan mientras duermo, no he comido nada desde hace tiempo.

La extraño, ella era mía

CorruptoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora