Gymnopédie No. 1" de Erik Satie

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Capitulo 3

-Me quiero ir de aquí.-Comencé a explicarles a mis padres.-Me he dado cuenta, que este no es mi camino.-Señalé a mi padre.-Mi error fue no pensar en mis gustos. Me dejé llevar porque era lo fácil. Sé que lo hice mal. Pero se nos obliga que tengamos claro con dieciocho años lo que queremos ser, y hay personas que aciertan y personas que no. Y yo no he acertado. Lo noto. Y además, se me da fatal, no es algo intuitivo, no se si me explico. Siempre pensé que mi trabajo sería como un derivado de algo que se me da bien. Y seguro que con el tiempo mejoraría, porque con esfuerzo, todos seguimos hacia delante. Pero es que no quiero intentarlo, o por lo menos, quiero darme una oportunidad para descubrir si hay algo que me hace feliz.-Les conté con una sonrisa nerviosa. Quería que entendiesen mi opinión, puede que me equivocase, pero al menos seria por algo que yo he decidido. Prefiero equivocarme con mis errores que con el de los demás. Ya era una adulta. Haría lo que yo quisiese, pero si apoyaban mi decisión, mejor que mejor. 

-¿No podrías haberlo sabido antes?-Respondí y fruncí el ceño en respuesta.-Te hemos pagado el mejor master que hay, vale miles de libras.

-Si y también, he dado la cara por ti en el bufete.-Añadió mi padre. Enfadado.-Tienes una edad, deberías de tener clara las cosas. No puedes estar dando tumbos por la vida.-Se levantó enfadado y se fue. Dejándonos a mi madre y a mí.

-Os entiendo, mamá. Créeme que lo hago. No quiero ser egoísta. Pero quiero ser feliz. Ahora mismo, no lo estoy siendo.-Me rompí con la última frase. Porque era cierto. Descubrir que algo no supera tus expectativas es duro después de tanto tanto sacrificio y tiempo. Por eso, quiero descubrir mi camino. O al menos, no quedarme con la duda, de lo que hubiera podido ser.

-Estas pasando por una mala época sentimental y puede que haya contaminado lo laboral, hasta cierto punto. Cuando somos negativos, lo somos con todo lo de nuestra alrededor. La idea del trabajo que nos apasione, es irreal. Pocas personas se pueden permitir eso. A tu padre no le apasiona su trabajo, no significa que lo odie, pero al menos le gusta todo lo que le ofrece. Mira todo esto-Señaló nuestra casa. Observé nuestros techos altos decorados con aquellas lámparas de cristal. El gran jardín que nos rodeaba. Incluso teníamos cine-Mírate a ti misma. Vestida con las mejores marcas de arriba a abajo, con tu manicura perfecta, tu pelo perfecto de peluquería. Míranos.-Me cogió la mano.- Somos unas afortunadas. Mira lo positivo, no te centres en lo negativo.

-Mamá, esto no lo es todo. Y es una visión conformista de la vida. A veces las pequeñas cosas, son la clave.-Le respondí yo y le di un beso en su mano. 

-Es la vida real. No se que esperas de ti, sin este trabajo. ¿Volverás a estudiar de nuevo? ¿Cuántos años estuviste estudiando la última vez? Cuatro años. Añádele un máster. Por cierto, estudios que no te vamos a volver a pagar. Porque nuestro problema a sido mimarte desde el principio. Y que creas en mundos de fantasías. En el mundo real, en el de adultos, la felicidad dura poco.- El corazón me latía con fuerza y la ira subió desde mi pecho hasta mi rostro.

-No os necesito, esta no es una decisión que tomaremos los tres, solo la tomaré yo. Me encantaría que me apoyaseis, pero hay veces que es mejor demostrar.  - Me levanté de la mesa, y fui a mi cuarto. Cogí la maleta, que buena decisión tomé en no deshacerla del todo, sería más rápida. Dejé una nota, en ella estaba escrita que mi decisión estaba tomada. Que si me equivocaba, lo admitiría, volvería a trabajar, como ellos querían. Pero estaba a tiempo de enderezar mi vida. Y me fui, sin que ellos me viesen.

Una vez en el aeropuerto, el vuelo hacia España, saldría en unas horas. Estaba hablando con la mujer del mostrador, cuando me di cuenta de una cosa.

-En esta compañía tenemos dos tipos de clase. La turista y la clase ejecutiva.-Me dijo mirando la pantalla. Tecleaba deprisa metiendo en el ordenador mis datos.

-La ejecutiva.-Respondí sonriente. Saqué de mi cartera mi tarjeta cuando, el precio me dejó helada. No solía fijarme, pero ahora tendría que dosificar para gestionar el dinero de la boda. 

-Perfecto. Serían 700 libras.-Abrí los ojos y bufé en respuesta. Era demasiado. No era cociente de los privilegios que tenía. Y mentiría si os dijese que no dudé. No salí ni de mi ciudad y darme cuenta, que puede que no sería capaz. Que mi madre tuviese razón. Deseché ese pensamiento de mi cabeza, eran miedos, no podía dejar que se adueñasen de mi. 

-Mejor en la turista.-Me disculpé avergonzada, ella me miró raro. 

Estaba nerviosa. Fui directa hacia una cafetería. Necesitaba una taza y tomármela con calma. De fondo, estaba la pieza de Gymnopédie No. 1" de Erik Satie, su melodía suave me transmitió la tranquilidad que necesitaba. Me senté y relajé imaginándome lo que me deparaba. Realmente no venía con ninguna idea en mente. Empezaría por trabajar en lo que pudiese, y enseñar inglés podría ser una buena opción, siempre me gustó enseñar. Siempre me tocaba explicarles a mis compañeras cosas que no entendían, incluso, venían a mi casa de vez en cuando antes de algún que otro examen que llevasen mal. 

El avión aterrizó. Fue el vuelo mas incómodo de mi vida. En un lado me tocó un hombre que roncaba y que apoyó su cabeza en mi hombro, y el otro lado, una mujer embarazada, que con las turbulencias, vomitó, varias veces y casi yo también lo hago. 

Cogí un autobús para que me llevase a mi destino. Un pueblo costero en la costa Granadina. Y también, el pueblecito donde veraneaba mi madre de pequeña.  Nunca había estado allí. 

Nada mas bajar del autobús la brisa marítima azotó mi cara con su olor característico. No sabría describirlo. Pero era maravilloso. Estaba anocheciendo. Todo el cielo estaba teñido de rosa. Las vistas eran increíbles. El mar sereno, junto a un peñón lleno de vida. Niños saltando. Y muchos restaurantes alrededor con ¿Barcas que tienen carbón? Invadiendo mis fosas nasales.  Necesitaba dar un paseo por el pueblo, pero no sería ahora. Estaba cansada. Me guie con mi teléfono, hasta llegar al hotel con vistas del mediterráneo. Una señora muy maja, me dio la llave y me deseó una buena estancia. A pesar de lo duro que estaba el colchón, no pude dormir mas a gusto. Escuchaba las olas del mar romperse. 

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Espero que os guste. Espero que disfrutéis esta historia. 

Y si te sientes como Valentina, estamos contigo.

Porque no todos sabemos lo que queremos hacer.

Porque lamentablemente, nos han enseñado al "deber" y no al "querer." 

Porque tenemos miedo a hacer lo que verdaderamente queremos por si hay salidas laborales o por si no.




Tenemos que intentar ser todos mas felices en un mundo cada vez mas infeliz.







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⏰ Última actualización: Jul 28, 2024 ⏰

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