Cita de juegos PARTE 2

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Los adultos conversaban animadamente dentro de la hermosa sala principal, los Mahomes les mostraban sus planes para expandir la familia, por eso se habían mudado tan pronto, al parecer, el ambiente de los Kelce iba a estar lleno de niños y eso les gustaba, creían que sería bueno socializar un poco antes de que cumplieran la edad indicada y entrar al Pre-K, de pronto, un estruendo sonó.

—¿Qué es eso? — Taylor se levantó asustada, por su mente pasaba una sola palabra, Evie.

—Debe ser en el jardín— Patrick les dijo y todos lo siguieron. —Deben estar jugando o un mapache—


Caminaron deprisa por el pasillo para llegar a una puerta alterna que da al gigante jardín, si estaban cerca de una zona peligrosa no se lo iban a perdonar, no los habían dejado ni siquiera quince minutos solos y ya una cosa loca estaba pasando.

—¡Evie! — Travis y Taylor gritaron sorprendidos, ¿Qué demonios es lo que su hija estaba haciendo?

La pequeña estaba dando muchas vueltas con Bronze dentro del auto de juguete, los dos estaban de lo más divertidos riendo, Sterling y Charles miraban a sus hermanos como si fueran un par de niños fugitivos de un manicomio, ¿Estaban locos?, ambos tenían los ojos bien puestos y congelados en sus expresiones de sorpresa, hasta que vieron que los adultos llegaron para controlar la situación.

Evie aceleraba el juguete, no era el más rápido como un auto de batería real, pero tenía la fuerza suficiente para dar cientos de vueltas en un solo punto del césped del jardín, el cual, ya estaba sufriendo estragos, puesto a que por las vueltas y el peso del vehículo con los niños ya se marcaba el pasto y se podía notar la tierra debajo de las llantas, giraba el volante con la misma dirección en repetidas ocasiones, a la derecha y no planeaba soltarlo por ahora.

—Dios mío, Travis, parala, parala, ¡Parala! — Swift estaba asustada, le daba miedo que cualquiera de los dos pequeños saliera volando, no iba a ser una caída precisamente horrible, pero si se podían lastimar, además de la vergüenza que le daba que en su primera visita a una casa ajena arruinara algo y lastimara a uno de los niños.

El enorme hombre corrió directo a ellos, quedándose al lado para que su hija viera que ya la habían atrapado, se cruzó de brazos esperando a que la niña captara, pero a ella la verdad es que no le importaba, pues Bronze y la rubiecita estaban divertidos dando vueltas como si fuera el mejor juego del mundo, lo malo de ello no era arruinar el césped caro de los Mahomes, sino que alguno probablemente vomitaría ante el mareo.

—¡Evie!, deja de pisar eso, vamos, para— su padre le hablaba.

—¡Noooooooooo! — daban vueltas.

—Evie Kelce, vamos, detente— le repitió.

Ella reía a carcajadas con Bronze.

En eso, Patrick se acercó también, riendo como nunca, ¿Esa era Evie Kelce?, la Evie que tanto le advertía su gigante amigo. —Bronze, dile que pare—

—No puedo papá— el niño reía.

—Vaya, parece que ha encontrado a su pareja de diabluras, vamos Bronze, convence a Evie—

—No, olvida eso de convencer, tu sostén un lado del auto y yo el otro— Travis se sintió desesperado por detener a su hija.

—Ok— Mahomes siguió el plan.

Ambos hombres se colocaron en un punto estratégico para detener aquel auto de batería, al no sentir que daban vueltas Evie dejó de pisar el pedal, Taylor avanzó rápido con ellos y bajó a su hija del vehículo.

—Mami— Evie estaba mareada, dieron tantas vueltas que veía que todo giraba junto con ella.

—Evie— la tenía en brazos. —Trav, va a vomitar, Travis—

Eres mi juego finalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora