EPÍLOGO

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AMAYA.

Meses antes.

Escucho voces, y pitido de una máquina, es fastidioso el ruido, pero no logro si quiera abrir mis ojos. Mi corazón late tan fuerte que lo puedo sentir en mi pecho. No comprendía que había pasado solo se que me desperté en medio del desierto, escuche voces lejanas que me llamaban, las risas de dos niños, he incluso vi la silueta de Cinnia al fondo.

¿acaso había muerto? Aun no lo comprendía.

Seguí caminando por la arena con los pies descalzos siguiendo sus voces, no sintiendo el distintivo calor de la arena bajo mis pies. Es extraño, muy extraño.

Cada vez que me acerco ellos se alejan más y más, hasta un punto en que ya no escuche sus voces, ni las risas de los niños, el sol cayo y dio paso a una noche estrellada. Me quede allí sentada en una duna mirando las estrellas, rindiéndome y aceptando la soledad.

No se en que momento me quede dormida, pero en el momento en que despierto logro sentir pesades en todas mis extremidades. Miro a mi alrededor frunciendo la vista para no encandilarme con la luz brillante de la habitación de hospital.

Estoy rodeada de varias máquinas que custodian mi estado. ¿Qué me había pasado?, no recordaba mucho, lo ultimo que recuerdo es... es estar en el palacio de mi hermano cuidando a su esposa.

Tengo vagos recuerdos de un hombre, el rostro fino y moreno de un hombre.

—¡Hermana has despertado! —Harum aparece ante mi acunando mi rostro con emoción —mi hermosa hermana. Trato de hablar, pero se me es imposible —no te esfuerces cariño, no te esfuerces vale. Llamare a un medico no te muevas —no logro si quiera responderle.

Unas horas después soy tratada por una infinidad de médicos, luego caigo en cuenta que el palpitar que suena en toda la habitación es la de dos bebes, que crecen dentro de mi vientre.

¿Cómo sucedió? No lo recuerdo.

Mis padres se encuentran aquí junto a Gema y Hope, la esposa de Harum. Por lo que note la dos ultimas no se llevan bien, ambas están sentadas en las sillas que se encuentran en las esquinas de la habitación.

—¿Qué recuerdas? —pregunta el médico, alumbrándome los ojos con esa luz fastidiosa.

—No mucho —respondo —solo recuerdo estar con Gema en el salón, creo que le estaba enseñando a bailar —respondo con el ceño fruncido —también recuerdo un rostro, pero este está borroso.

—Tienes Amnesia, según los diagnósticos y las placas que te hicimos el daño cerebral que había se ha reparado, gracias a Alá era leve y que la bala solo roso el cerebro —le explica a mi hermano Omar, esté mira al doctor con atención a diferencia de mi que tengo mi vista fija en mis manos esas que están acunando mi prominente vientre —posiblemente recupere la memoria con el pasar del tiempo, lo que si debe mantenerse lo mas relajada posible y por la salud de los pequeños le recomendare medicinas que no afecten su proceso de crecimiento. Tuvo mucha suerte de sobrevivir —dice el doctor antes de salir.

—Hija, no sabes lo preocupado y angustiado que estuve —mi padre deposita un casto beso en mi frente —creí que te perdía, por un momento me vi imaginando tu muerte.

—Padre ¿Quién me disparo? —pregunto confundida.

—Ali, pero ya no pienses en eso.

—Pero él acaso no estaba...

—Muerto —termina por mí. Niega —él nunca estuvo muerto, pero ahora si lo esta y ya no te va hacer más daño.

Acaricio mi prominente vientre —¿estos bebés son hijos de quién? —vuelvo a preguntar. Padre mira a mis hermanos y ambos niegan.

ESCLAVO DE TU AMOR TOMO 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora