Capítulo 6: Dos dolores y un funeral

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¡Qué alegría volver a ver tus cabellos despeinados como la primera vez!


Jaime pov:

El ataúd donde se encuentra el cuerpo de Ali, es de madera y marco dorado, rodeada de flores artificiales –pues me molesta mucho el olor desagradable de las flores para muerto, es más hasta podría escribir un libro sobre esta extraña manía mía sobre las flores, se llamaría: “Una flor para los muertos” Porque quién puede saber si al muerto que tienen allí le interesa o no las flores que le pongan en su ataúd, pues de que le servirán ¡si ya está muerto! Y aun así la gente sigue con la bendita costumbre de ponerle flores tan horrendas a los muertos, por eso yo prefiero colocarle flores artificiales a la urna de Alicia, pues no tienen ningún aroma, ¡ni a muerto, ni a nada!–, pero un vecino se le ha ocurrido la brillante idea de traer una corona de flores blancas y amarillas que tienen ese olor espantoso que realmente me incomoda, pero sería muy mala educación de mi parte retirar la corona de ahí, tomo eso como excusa y pocas veces me dirijo a ver el cuerpo pues, también quiero evitar el dolor. La pared detrás del féretro tiene una cortina blanca con bordados de oro que pende de una de las vigas de madera del techo; a los lados están dos bonitos floreros y una alfombra negra debajo.
Todos se sientan alrededor de la casa y la señora Rita es quien sirve el café, yo no tengo fuerzas ni ganas para eso. Ella a sido muy amable desde que Alicia cayó en el hospital y ahora nos acompaña en este dolor tan grande de ver a mi esposa metida en esa fría caja de madera.

Cuanto  quisiera que se levantara, que se pusiera en pie y me abrazara, o mejor aún que pudiera despertar de esta horrible pesadilla que parece ser nuestra vida.
Pero solo intento engañarme inútilmente. Ya no hay nada que pueda hacer por ella, no pertenece al mundo de los vivos. Todo esfuerzo es inútil.


Mery pov:

Cuando llego a la casa, ya Jaime ha preparado todo, están aquí algunos vecinos, saludo a la señora Rita quien me da un abrazo y dice "No temas, ahora está en un mejor lugar"; es una mujer dulce y de mirada reconfortante, también al igual que yo, la muerte de Alicia le ha dejado sin aliento y con un nudo en la garganta. Trae un vestido negro de gabardina y mocasines en tono azabache con la hebilla de metal bastante gastada en forma de mariposa; sobre su blanca cabellera lleva un pequeño sombrero de lino.
Me causa melancolía, ella es como nuestra madre y hoy más que a una amiga sepultará a una hija.
Un impulso me mueve en este momento, estoy dispuesta a hablar, así que daré unas palabras:

–Hermanita hoy te has ido, tan joven y tu vida se acortó, no encuentro las palabras indicadas para expresar mi dolor y, creo que… ¡Que jamás las hallaré! Grandes cicatrices me han dejado hoy tu adiós; son tantos los recuerdos, ¡ahhg!… tantos momentos felices y otros tristes y difíciles… es impresionante como la vida se ¡ahhg! acaba en un segundo, tan solo ruego a Dios que te cuide y te reciba allá en su seno y te puedas reunir con nuestros padres, ¡recuerdas! Eras apenas una niña –digo llorando sobre el féretro– cuando ellos murieron, pero al fin, al fin estás a su lado ¡Riendo, cantando, bailando… junto a ellos en el cielo! Y tan solo quiero… ¡quiero que me esperes allí por un corto tiempo! Porque en algún momento partiré para estar junto a ustedes y ser la familia feliz que fuimos alguna vez, ¡te amo hermanita!, tú sabes que te amo, descansa en paz.

Lloro desconsolada sobre el cristal que hoy nos divide, y que no me permite abrazarla y cuanto quisiera hacerlo, tomarla fuerte entre mis brazos y no soltarla, decirle que lo siento por las veces que la ofendí, por todo lo que no le di y también porque a pesar de todos los defectos que tenemos nos amábamos mucho, mis manos no se mueven, es como si también hubiese muerto con ella, yo debería estar allí y no mi hermanita, pero la vida en ocasiones es injusta y cruel, castiga a los inocentes y deja libre a los culpables.

Jaime se acerca y me toma de los hombros, siento el dolor imprimido en este gesto, sus manos están tensas y heladas al igual que su mirada que se pierde hacia el interior de la casa, él también quiere hablar…me pide un permiso y comienza su discurso con una media sonrisa en los labios, para contener el llanto:

–¡Qué alegría volver a ver tus cabellos despeinados como la primera vez! Alicia, amor, te extrañaré tanto, ¡no sabes cuánto lo haré!, fue muy corto el tiempo que viviste junto a mí, junto a nosotros, y no sé si Dios es egoísta y te llevó al cielo para tenerte junto a Él; quizás se arrepintió de enviar tan bello ángel para que estuviese con nosotros y, recapacitó, así que decidió devolverte al cielo, ¡pero no importa! Soy feliz tan solo de haberte encontrado en mi camino Alétheia, parece que al fin te has ido al País de las Maravillas, y a pesar de que… ¡ya no estés entre nosotros! –Unos silenciosos sollozos se le escapan–, tu recuerdo quedará prendado en nuestra alma y sé que jamás nos dejarás, te prometo que cuidaré de Jeremías, ¡recuerdas que intentaste hacer que lo prometiese! Pues ahora estoy comprometido a hacerlo, porque te amo y siempre te recordaré; cada instante que Dios me permitió vivir contigo quedará grabado en mi corazón, ¡buen viaje Alicia, buen viaje!…
Ha terminado de hablar y rompe en llanto, lo abrazo y le digo al oído:
–Ya no llores más, ella... ahora está en un mejor lugar.


Jaime pov:

Mery intenta consolarme, y algo distrae mi atención: quien está llegando es mi primo Julio, aunque me parece extraño que esté aquí, pues nunca tuvo una buena relación con nosotros, es más él fue muy mentiroso –y lo sigue siendo–, siempre hablaba mal de Alicia, creo que siempre estuvo celoso de nosotros.
Prefiero no prestarle atención y acomodarme en una silla. De pronto el profesor de historia Johan Bermejo se sienta a mi lado, intento levantarme he irme, pero él me mantiene sentado sujetando mi brazo y con su mirada penetrante que refleja autoridad y tristeza a la vez, me obliga a sentarme.

–Quiero pedirte disculpas –dice en tono conciliador.
–No tiene que hacerlo –respondo mientras intento nuevamente levantarme– no le guardo rencor.
–No te vayas por favor, yo comprendo tu dolor –me detiene nuevamente–. Yo también sufrí muchísimo con la muerte de mi esposa.
–Sí, lo sé, pero usted nunca nos trató de la mejor manera.
–Está bien, lo admito, te pido me disculpes, esa época en la que ustedes estaban en el liceo fue una época difícil para mí, hacían ya dos años, en el 1978 que a mi esposa le habían diagnosticado cáncer de mamas y en ese momento nuestra familia se devastó, fue un proceso difícil para mí.
>>y aunque Amelia era fuerte, e iba ella misma a las terapias, pude notar su cansancio, estaba agotada y cansada de luchar contra su enfermedad, mis hijas y yo la acompañamos todo ese largo tiempo por ese calvario –te conté alguna vez que tengo tres bellas hijas, la menor tiene tu edad–, por ello estuve muy frustrado en ese entonces, y pagué mi rabia y dolor con ustedes ¡lo siento tanto! Pasaron esos dos dolorosos años, en los que mi vida era un martirio lleno de impotencia y melancolía, y podía ver como el cabello de mi esposa se volvía blancuzco y poco a poco ella… ella fue cediendo hasta que lamentablemente… –dice quebrando su voz hasta casi llorar– murió en 1980, cuando ustedes se graduaban.
–No lo sabía, lo siento tanto por usted –digo sintiéndome mísero–. Le compadezco, y gracias por sus disculpas.

Es impresionante la cantidad de personas que han vivido momentos difíciles y los han superado y yo aquí quejándome contra Dios por mi dolor, pero no me doy cuenta de todo el dolor que hay a mi alrededor, soy tan egoísta al sentir que Dios me ha defraudado o castigado, pero aún tengo algo bello porque luchar: “mi hijo”, ese ser tan maravilloso que es fruto del amor que Alicia y yo nos tuvimos, gracias a que Mery está aquí acompañándome estoy más tranquilo, la vida puede ser injusta a veces, sin embargo, hay un rayo de luz que nos ofrece una pequeña esperanza, no sé en verdad que ocurrirá en nuestras vidas a partir de ahora, pero mi esperanza tiene nombre, se llama: Jeremías.

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