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La casa de los Kiramman destacaba entre las demás. Sin duda era la más iluminada de toda la calle (además de la más grande), y era la que más decoraciones de Navidad había puesto comparada con las demás.
___ se fijó en los dos renos con luces del jardín, en las luces que colgaban del tejado y los árboles y de las pequeñas campanas arriba de la puerta principal. Caitlyn salió de repente de la casa y cruzó el jardín para abrirle la puerta, que estaba cerrada con llave.
— Hola — saludó ella primero, con una sonrisa. ___ le contestó lo mismo —. Pasa.
Su relación no era algo oficial. Ni siquiera se habían dicho "te quiero", o se habían besado. Eran algo como amigas íntimas, aunque las dos sentían algo por la otra. El problema era que ninguna se atrevía a decírselo a la otra por miedo a perder su amistad, pero Caitlyn, después de pensárselo durante más de una semana, invitó a ___ a su casa por Navidad a cenar y se lo contaría todo.
___ no conocía a los padres de Caitlyn. Durante la cena, ambos se comportaron muy amables, a pesar de las miradas disimuladas de Cassandra, que sospechaba que algo pasaba entre las dos. Tobías, en cambio, siempre era el que le hacía las preguntas y sonreía de la forma más sincera cuando ella contestaba. La madre de Caitlyn se disponía a escuchar, y aunque su forma de ser era algo más seria que su marido, a ___ no le importó y no se sintió incómoda.
Al acabar la cena, Caitlyn la acompañó hacia su cuarto y cerró la puerta. Encima de la cama se encontraba una pequeña caja roja envuelta con un lazo de color plata brillante. Caitlyn fue a buscarlo de inmediato, emocionada, y se acercó a ___ de nuevo, que miraba cada detalle de la habitación.
— Para ti — sonrió la peli azul —. Te he hecho un regalo de Navidad, espero que te guste — recalcó, estirando las manos que sujetaban la cajita.
— Oh — dijo con ternura —. No tenías por qué — sonrió.
___ empezó a abrir la caja. Deshizo el lazo y abrió la tapa cuadrada, dejando ver una bola de lana negra en el interior. La chica frunció las cejas y la sacó, mirando a Caitlyn con duda, que sonreía nerviosa.
Parecían unos calcetines, pero al desdoblarlos, pudo ver que eran unos guantes sin dedos con un tejido que parecía haber sido hecho a mano.
— Los he hecho yo — confirmó Caitlyn, nerviosa —. Pensé que como siempre tienes las manos frías... Bueno... Con unos normales es más difícil mover los dedos, así que te he hecho unos sin... Sé que te gustan las cosas de lana, y lo siento si están un poco mal, pero era mi primera haciendo cosas de lana. Tuve que pedirle ayuda a...
Caitlyn calló cuando sintió los brazos de ___ rodeándola en un cálido abrazo. No tardó en corresponderle, aunque estaba ansiosa por saber lo que opinaba de ellos.
— Me encantan — admitió ___, y cuando se separaron del abrazo no tardó en ponérselos —. Espérate aquí — dijo, y se fue por la puerta, dejando a Caitlyn confundida. En cuanto llegó de nuevo, ___ ocultaba algo detrás de su espalda —. También te he traído un regalo... De lana, como tú dices — rio, repitiendo las palabras de Caitlyn.