A nadie se le hizo raro que Sunoo bajara del auto de Sunghoon, los vieron a lo lejos discutir efímero porque azotó la puerta sin mensurar la fuerza y el castaño le recalcó que si algo le pasaba a su coche, él sería el encargado de reparar lo que dañara.
El pelinegro le mostró el dedo corazón y cruzó la calle, saludando desde su andar a Jake y Heeseung; el par los esperaba tranquilamente afuera del bar.—¡Chicos!—se acercó alegre, estirando su puño para chocarlo con ellos.
—Hola, Sun—Jake fue el primero en contestar.
—¿Cómo va todo?—Heeseung le siguió.
—Bien, creo, todo genial—exclamó pacífico, aleteando las pestañas con dulzura.
—Me alegro, ¿Park pasó por ti?
—Ajá, el fue quién llegó tarde, una disculpa por ello.
—Lo supuse, se le da la impuntualidad— rezongo Heeseung.
La tercia se fijó en el caminar de Sunghoon, venía hacia ellos con las llaves del automóvil girando en su índice y mostrando su dentadura blanca en una sonrisa extensa.
—Animalejos—pronunció.
—Hola, zancudo—su amigo de hebras rosas aprisionó sus labios para no reír con la cara que puso el aludido.
—¿Cómo me llamaste? —cuestionó, con extrañeza.
—Oh, de ninguna forma— el pelirosa se tragó la carcajada.
La cosa con el apodo, era que el ojimiel jamás tuvo la precaución de cubrirse el cuello; al contrario de eso, vestía una camisa de botones abierta de los primeros dos, como era su estilo. Y no, no le importó que los chupones que le fueron hechos el día de ayer, en reiterados puntos de su piel, estuvieran a la vista del público en general.
O quizá se le olvidó, tampoco comprendió la mofa de los novios.
—Deberíamos entrar—sugirió Sunoo, tomando la muñeca de Jake y checando la hora en su reloj—ya sé pasaron quince minutos de las nueve.
—¿Cómo le haces para leerlo tan rápido?—indagó humillado, viendo la manecilla que correspondía al segundero, avanzar.
—Me gustan los relojes analógicos.
—Los digitales son más prácticos.
—Quizá, pero te hacen poco hábil—concluyó.
—Veme a mí—se burló de sí mismo y el pelinegro le hizo segunda.
Heeseung sonrió atontado cuando miró a su novio reír tiernamente y Sunghoon por poco hace lo mismo con Sunoo.
Prefirió encender un cigarrillo y eludir la sensación.
—Ya, muchachos, vamos adentro—el pelinegro fue quién se encargó de dar la pauta.
—¿Alguien sabe por qué nos citó?
—No, creí que ustedes sabrían—Sunoo le contestó a Jake.
—No tenemos idea...—formuló en desconcierto.
Sunghoon exhaló una vez más el humo, inmerso en ver los autos que recorrían la avenida. Sintió la pesadez de tres miradas pero no les dio el gusto de voltear; él no sería el encargado de hablar, Jungwon era el indicado... De todas formas el ya no formaba parte del equipo laboral en Club Bengala, no tenía voz ni voto.
Sin mayor tema, Sunoo encabezó la fila de ingreso al bar y de primera instancia halló algunas sillas acomodadas encima de las mesas, otras más apiladas entre sí y las restantes arrinconadas contra la pared. Las luces estaban apagadas, solo tenían encendidas las luminarias en la zona de servicio, con eso se veía la barra iluminada sin ningún vaso encima, no había loza limpia en el escurridor y uno de los tres refrigeradores, estaba vacío.
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Club Bengala || Sungsun
FanfictionSunoo disfrutaba de su empleo, realmente lo disfrutaba. Se esforzaba al máximo para mejorar cada día y sus compañeros lo trataban bien, brindándole la orientación que necesitaba. Menos Sunghoon. Ese chico maldito, con sus ojos color café y sus pómu...