¡Quiero irme! (Primera Parte)

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Rotten entró de nuevo a su cuarto, miró aquella ventana donde la nieve caía dejando una línea blanca sobre ella.

- Sabes cariño - dijo el joven mientras se desnudaba enfrente del rubio -, ¿por qué tienes que ser tan complicado? ¿No es suficiente con gustarte una cosa o, más bien, delinearte por alguien en particular? Nunca entenderé a aquellos que vais de heterocuriosos. Parecéis viciosos, y no lo digo a malas ni mucho menos, pero creáis un problema porque cuando alguien os quiere se piensa que os burláis de esa personas por su orientación y he tenido varias desgracias con eso.

El delgaducho se acercó de nuevo a Sportacus dándole besos en su cuello y tocando su zona íntima. Robbie se alejó unos centímetros metiendo los dedos dentro del pantalón del héroe tocando su miembro mientras lo miraba con una sonrisa burlona. El héroe empezaba a sentirse mal, tal vez, tocarle en su intimidad le hacía sentir incómodo.

- ¿Sabes? Mi padre pagó a una sucia ramera para que fuese un hombre y no un marica - Robbie empezó a reír sin parar de tocar su miembro -. Menuda gilipollez, igualmente le salí gay y acostarme con aquella fulana me hizo sentir más sucio que ella que vendía su cuerpo. Te haré un hombre de verdad Rob, me dijo y todos los días era darme una paliza tras otra, haber si así dejaba de amar a los hombres. ¿No es curioso y a la vez resulta homofóbico que tus propios padres te dejen de hablar durante meses; qué paguen a una prostituta para que te acuestes con ella; aguantar palizas innecesarias simplemente porque te gustan los hombres y eres uno de ellos? ¿Acaso está mal? ¿Acaso es obligado que me tengan que gustar las mujeres?

Robbie dejó de tocar el miembro del héroe y se alejó llorando. Mientras, Sportacus quería quitarse el pañuelo de la boca. La acción del moreno fue quitárselo y besarle. Los labios de Sportacus eran pura droga para Robbie.

- Eres tan guapo y atractivo, Sportacus, tanto que me corro pensando en ti - Robbie volvió a tocar el bulto al héroe -. Déjame que te quite ese estrés que llevas encima, lo hago muy bien - Robbie sonreía al igual que un niño que sabe que puede solucionar el desastre que acaba de hacer -. Se chuparla muy bien.

- ¡DETENTE ROBBIE Y VÍSTETE!

Sportacus estaba perdiendo la paciencia; comenzaba a tenerle miedo al villano de la ciudad cuyo único objetivo era solo molestar a los chicos para que hicieran el vago.

- Robbie, por favor - le suplicaba el héroe -, entiendo que hayas tenido que pasar un infierno con tus padres; qué mis sentimientos por ti hayan cambiado, pero debes comprender que no me puedes secuestrar y tenerme aquí esposado como si fuera un delincuente. ¡Y vístete por Dios te lo pido!

- No - respondió el villano acercando sus labios en el cuello del rubio -, se que esto te gusta, porque si no es así, ¿por qué me has estado mandando señales de querer hacérmelo?

- Porque sentía algo por ti - explicaba Sportacus intentando quitarse las esposas de la pared -. Amor - el rubio necesitaba engañar a su secuestrador para liberarse -, suéltame y hagámoslo.

- ¿De verdad?

- Sí, amor.

Robbie sonreía y volvió a besarlo.

- ¿De verdad que me ves con cara de subnormal? - el villano golpeó fuertemente al estómago de Sportacus causando que el chico empezase a toser - ¡¿TE CREES QUE SOY IDIOTA?! ¡¿PIENSAS QUÉ ME PUEDES ENGAÑAR CON PALABRAS BONITAS?! No es por nada, cariño, pero antes de ti ya tuve otros chicos que también me hablaban como si fuera la última botella de agua del desierto. ¡¿RECUERDAS?!

Robbie se fue al cuarto de baño, mientras que Sportacus se recuperaba del golpe en su estómago.

Paranoias - SportaRobbieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora