¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La mejor jugadora de cartas se encontraba en La última gota, disfrutando de su cóctel mientras les ganaba a sus rivales. ___ nunca había perdido, ni pensaba hacerlo, así que las apuestas cada vez eran mayores, y todas suyas.
— Uy, qué buena soy, ¿verdad? — se burló, cuando ganó por quinta vez a los chavales que jugaban contra ella.
Los chicos se marcharon fastidiados y ___ cogió el dinero que había ganado. Le dio un sorbo a su bebida y la removió mientras esperaba a que los siguientes jugadores se unieran a la partida, pero, en vez de eso, una chica morena de pelo corto y liso se sentó en frente de ella. Tenía un poncho que tapaba su brazo izquierdo.
— Dicen que eres la mejor jugadora de cartas — dijo ella. ___ cogió la baraja y empezó a mezclarlas, haciendo algún que otro truco para impresionar.
— Sí, bueno, eso dicen... — la miró fijamente sin dejar de removerlas —. Para jugar hay que apostar. ¿Tienes algo que llame mi atención?
La morena no contestó. Se sacó un cigarro de debajo de la mesa y le prendió fuego.
— Necesito algo para distraerme — dijo —. Si tú ganas, haré algo por ti; pero si yo gano, tú harás algo por mí. ¿Te parece un trato aceptable? — preguntó, luego inhaló del cigarrillo y exhaló al aire. ___ movió la mano de un lado hacia otro en frente de su cara para apartar el humo.
— ¿Y qué es lo que tendría que hacer por ti? — preguntó, dejando la baraja de cartas en la mesa. La morena se incorporó.
— No lo sabrás hasta que gane — contestó. ___ soltó una pequeña carcajada.
— Eso si ganas. Haz los honores — dijo, señalando la baraja. La chica la cogió y empezó a repartir.
La partida no fue del todo mal. La morena era una rival de verdad, no los chavales a los que ___ se enfrentaba. Necesitaba un rival digno y lo había encontrado, aunque no iba perdiendo del todo.
El camarero se acercó a la mesa y le retiró el vaso vacío a ___. Después se acercó a la chica, poniéndose en frente, y le susurró algo al oído que ___ no pudo escuchar. Después de eso, el camarero se fue como quien no quiere la cosa.
— ¿Trabajas aquí o algo? — preguntó ___, mientras le tiraba una carta a la morena.
— Algo así — dijo después de tirar su carta —. Eres buena.
— Gracias — contestó —. Tú tampoco juegas mal. Por fin he encontrado a un rival digno de vencer — dijo. La morena rio.
— Me hace gracia como crees que vas a ganar.
— ¿Disculpa? — preguntó irónica, mirando su baraja para robar una del montón. Luego tiró otra y ahora era el turno de la chica, pero no tiró ninguna carta. Se la quedó mirando y ___ no supo por qué —. Te toca — informó.
Pero, entonces, la chica tiró la última carta boca abajo, indicando que había ganado el juego. ___ se incorporó y esperó a que la morena dejara su baraja sobre la mesa. Cuando lo hizo, efectivamente las cartas eran correctas. Había perdido.
— Vaya... — dijo. Fue lo único que pudo decir. La chica se la quedó mirando con una sonrisa victoriosa —. Bien, has ganado. Enhorabuena. ¿Qué quieres que haga por ti? — preguntó mientras se volvía a recostar en el sofá.
— Quiero que me entretengas.
— Mhm — asintió —. Obras de teatro, ronda de whiskies, juegos de mesa... ¿Qué te apetece?
La chica levantó una ceja, sin creer que ___ fuera tan inocente. Entonces se levantó y se sentó en el sofá, a su lado, colocando el brazo que tapaba el poncho en el respaldo, rodeando a ___.
— Ese tipo de entretenimiento no — dijo, mirando sus labios.
___ se empezó a poner nerviosa, y lo disimuló con una sonrisa irónica. Desde el principio supo lo que iba a pedirle, pero creía que no haría falta por que ganaría. Se arrepintió de haber apostado por un segundo, pero, su mirada se dirigió hacia sus labios también y, en un impulso rápido, las dos empezaron a besarse.
La morena se empezó a desesperar y el beso empezó a subir de nivel. Colocó su mano en la cintura de ___ para acercarla, mientras que ella tenía sus manos en su nuca, pero en cuanto se las puso en el pecho y la apartó, las dos se separaron. Se quedaron mirándose hasta que una de las dos habló.
— No me has dicho como te llamas — dijo la morena, apartándole un mechón de pelo de la sien. La chica dudó un poco en responder, pero, después de unos segundos, lo hizo.
— ___. ¿Tu nombre?
— Sevika.
— Sevika... — repitió en un murmuro y se separó. Soltó una pequeña risa —. Dime, Sevika, ¿cuántas cartas hay en una baraja española?
La morena se la quedó mirando algo extraño, pero igual contestó:
— Cuarenta — dijo. ___ asintió.
— En dos barajas hay 80, ¿estamos de acuerdo? — Sevika asintió —. Bien, dime una cosa. En una baraja hay diez cartas de cada palo, por lo que, en una baraja completa, hay diez aes, diez doses, diez treses, y así hasta llegar al rey. Si juntamos las dos, hay veinte de cada.
— ¿Qué coño quieres decir con eso? Ve al grano.
___ se acercó a la mesa, donde aún quedaban las barajas sobre la mesa con las que habían jugado y las cogió. También acercó el montón de cartas robadas al borde de la mesa para alcanzarlo mejor.
— ¿Ves mi baraja? — dijo ella —. Tenía un quinteto de caballos. Tú tenías un trío — explicó, señalando cada carta —. Durante los quince minutos que hemos estado jugando, han pasado un total de trece caballos. No los has cogido por que ya las tenías desde el principio, o eso me has hecho pensar —. Sevika la miró sin entender nada —. Me explicaré mejor: en total hay veinte caballos. Yo tenía cinco y tu tres, por lo que, entre las dos, teníamos ocho. Si han pasado trece, trece más ocho veintiuno, eso no cuadra.
Sevika soltó un suspiro que acabó en una risa.
— ¿Y qué quieres decir con eso?
— Lo que quiero decir, Sevika, es que el camarero que ha venido antes te ha dado una carta. Has hecho trampas. Te has esperado un rato para que no sospechara, un error por tu parte. El camarero te ha cambiado una carta por la de un caballo y, con el trío, has podido cerrar la partida y ganar, haciendo trampas.
— Eres muy lista — dijo ella —. ¿Quieres que te devuelva la recompensa? — preguntó irónicamente. ___ soltó una pequeña risa en el mismo tono.
— Quédatela de momento, pero, por lo que sé, nadie me ha conseguido ganar, ni siquiera haciendo trampas — alzó las cejas y se levantó, recogiendo todas las cartas —. Si quieres una recompensa de verdad, Sevika, gáname y te recompensaré como quieras.
La morena rio y se levantó del sofá hasta quedar a la altura de ___, apartándole un mechón de pelo rápidamente.
— Ya veremos quién gana mañana — dijo, y se fue por donde vino.
___ se la quedó mirando mientras removía las cartas. Era una clienta astuta, pero no lo suficiente. Si quería el premio, tenía que ganárselo. ___ era una chica de negocios, y no iba a perder su oportunidad.