Capitulo 38. Más sorpresas

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Morgan

Habíamos llegado al café. Cristhian había insistido durante dos días en que aceptara salir con él, y después de pensarlo, decidí darme la oportunidad. Llevaba un abrigo color café y unas botas negras. Cristhian, por su parte, vestía una camisa azul oscura, pantalón de vestir y zapatos negros.

—¿Recuerdas los viejos tiempos? —dijo mientras entrábamos en la cafetería—. Cuando tus padres me citaron aquí.

Asentí con la cabeza.
—Lo recuerdo muy bien.

Dimos unos cuantos pasos y encontramos una mesa libre donde nos sentamos. Rápidamente, un mesero se acercó a nosotros con otro pedido en la mano: un rol de canela.

—Uy, yo quiero uno —señalé el bocadillo que llevaba en la otra mano.

El joven mesero sonrió y anotó nuestra orden: un café de vainilla para mí y un té de manzanilla para Cristhian.

—¿Qué sucede, cariño? —Cristhian me miró y acarició suavemente mi mejilla.

Levanté un poco la mirada. Desde hacía dos semanas, él solía llamarme así por gusto propio. Aunque le había pedido que no lo hiciera, no se detuvo. Se había vuelto costumbre que me llamara por algún apodo cariñoso cuando estábamos fuera de la escuela. Suspiré.

—No lo sé... —Desvié la vista de él.

Él me siguió observando, intentando encontrar mis ojos con los suyos, y después de unos segundos de silencio, habló.

—¿Aún piensas en él? —Un café fue acomodado delante de mí, junto con el rol de canela, y el té frente a Cristhian. El mesero había vuelto y, con una sonrisa amable, se retiró no sin antes decirnos que si necesitábamos algo más, no dudáramos en pedirlo. Ambos agradecimos.

—A veces... —dije, retomando el tema.

—Sabes... deberías aceptar que fue algo pasajero —acomodó su mano encima de la mía y dio algunas pequeñas caricias—. Deberías empezar a mirar hacia adelante...

—Sí, pero... —Me detuve de inmediato.

Cristhian me miró, confundido.
—¿Pasa algo? —tragó saliva.

No respondí. Quité mi mano de la suya y me quedé estática y en silencio, mirando hacia la nada. El perfume de Cauich había llegado a mi nariz. Esa jodida esencia a madera y...

Di media vuelta.
—¿Cauich...? —Sin pensarlo dos veces, había dicho su nombre en voz alta. Y sin poder creerlo, él estaba estático detrás de mí. Levantó su mirada levemente y me miró.

—¿Morgan...? —pronunció.

Mi piel se erizó al escuchar su voz decir mi nombre. Quería abrazarlo, deseaba abrazarlo.

—¿Qué haces aquí? —interrumpió Cristhian, algo irritado.

Cauich lo miró.
—Vine a tomar un café... —señaló su mesa.

Giré mi mirada hacia donde había señalado, y ahí estaba otra sorpresa. ¿Qué hacía Elizabeth allí? Cristhian soltó una carcajada.

—Qué bajo has caído —se cruzó de brazos.

Cauich me miró asustado, como si estuviera igual de sorprendido que yo. Seguramente tenía alguna explicación, pero, ¿qué explicación podría haber cuando ves a tu profesor con una alumna en un café?

Cristhian me había invitado porque tenía algún interés en mí, ¿pero ellos...? Una lágrima corrió por mi mejilla al pensar lo peor.

Cauich, al ver eso, intentó tomarme del rostro, pero Cristhian se levantó, enojado, y lo empujó con fuerza. Eso llamó la atención de todos los comensales, quienes en silencio solo observaron.

El dolor de ser nosotros ✔️ Editando Donde viven las historias. Descúbrelo ahora