- Capitulo 3 -

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El consejo se reunía como cada día a debatir sus preocupaciones, ahí se encontraban los Targaryen y las demás casas de los siete reinos

En esta ocasión la princesa Rhaenyra tenía una propuesta para su rey, la cual esperaba que aceptara

Esta se levantó para dirigirse a los reyes, viéndolos a ambos, ansiosa de su respuesta

- Mi primogénito, Jacaerys Valeryon, heredara el trono de hierro después de mi – sus manos jugueteaban entre sí por los nervios que sentía – Por lo que propongo comprometerlo con Helena, así podremos unir nuestra familia y reinar juntos.

Ella veía expectante a Alicent, esperando una reacción positiva hacia su propuesta, pero esta solo negó viendo a la mesa con una sonrisa irónica

- Que acertada propuesta hija mía – felicito su padre, con una sonrisa orgulloso de ella

Sabía que su padre aceptaría sin dudarlo, pero lo que le preocupaba era la reina, la cual no mantenían una buena relación después de su boda con el rey

- Rhaenyra...- dijo por lo bajo, mirando fijamente a los pechos de la nombrada, se vio a si misma notando como su vestimenta estaba manchada por la leche para su recién nacido

Se tapó avergonzadamente con sus brazos, todos los hombres presentes evitaban ver a la princesa, y aun cubriéndose se sentó

- Es una excelente idea cariño – volvió a felicitar su padre con una sonrisa, que le duro poco porque comenzó a toser

- El rey y yo apreciamos tu propuesta, la consideraremos como corresponde – Antes de que cualquiera diga algo, esta se levantó y se dirigió a su esposo – Debes descansar, querido esposo.

Con eso ambos se retiraron de la habitación, siendo seguidos por los demás del consejo, dejándola completamente sola.

En la fosa de los dragones se encontraban los jóvenes jinetes, junto a los maestres que les decían como avanzar

- ¡Dracarys! – le ordeno el menor de los Valeryon a su dragón Arrax, este no tardo en obedecer y quemar a aquel cordero enfrente de el

Todo esto era nuevo para ellos, que aún no tenían experiencia con ellos, pero su emoción nunca se desvanecía

Pero en cambio Aemond, que aún no tenía su dragón, se molestaba por no tenerlo y desearlo tanto, muchos de sus días se veían arruinados por la rabia que le generaba ser el único en no tenerlo

Toda la clase fue observada por una joven con pecas desde lejos, se aseguró en que no fuera vista por los maestres

Ellos siempre complacían a la princesa, además de que fuera por su deber, era por su dragón, el cual, aunque fuera bastante joven, superaba a muchos de los dragones de la fortaleza, siendo casi del tamaño de Bruma, el cual es adulto

- Te tenemos una sorpresa Aemond – dijo Aegon, el nombrado lo miro extrañado – Encontramos un dragón, para ti

- ¿Cómo? – pregunto con un semblante serio

- Nos sentimos mal que no tuvieras uno y los dioses proveen – intentaba reprimir una pequeña risa, hasta que vio a su sobrino acercándose con el supuesto dragón – Te presento al Terror Rosado

Al decir eso estallaron en risas viendo la cara de molestia del Targaryen, eso a había causado cierta gracia a la niña que veía todo desde las sombras, pero la reprimió

Los tres muchachos que jugaron esa broma se retiraron del lugar aún entre risas, dejando al peliblanco solo, o eso al menos pensaban

Estaba por salir de donde se encontraba escondida, pero observo como Aemond se adentraba a la cueva de la fosa, donde se albergaban los dragones

La Danza de DragonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora