El sol apenas había salido cuando Sparta llegó a la escuela al día siguiente. Las hojas secas crujían bajo sus pies mientras cruzaba el patio vacío, disfrutando de la quietud de la mañana. Le gustaba llegar temprano, antes de que los pasillos se llenaran de estudiantes, porque era su momento para ordenar sus pensamientos y prepararse para el día.
Pero hoy, su mente estaba lejos de la tranquilidad habitual.
No podía dejar de pensar en Raptor. Había algo intrigante en el nuevo chico, algo que iba más allá de sus ojos de colores diferentes. Tal vez era la manera en que se había acercado a él, o tal vez era la nota que aún llevaba en su bolsillo. A pesar de lo que parecía ser un comienzo casual, Sparta sentía que había algo más profundo entre ellos, algo que no podía ignorar.
Cuando llegó a su casillero, se sorprendió al encontrar a Raptor ya allí, recostado contra la pared con una sonrisa perezosa en los labios.
—¿Llegas temprano todos los días? —preguntó Raptor, con su voz suave y despreocupada.
Sparta asintió, un poco desconcertado por la presencia inesperada de Raptor.
—Sí, me gusta aprovechar la calma antes de que todo se vuelva un caos.
—Tiene sentido. —Raptor lo miró con sus ojos desiguales, que parecían analizarlo—. Pensé que podría encontrarte aquí. ¿Te importa si te acompaño?
—Claro, no hay problema. —Sparta trató de sonar casual, aunque su corazón latía un poco más rápido de lo normal—. Siempre es bueno tener compañía.
—Perfecto. —Raptor se enderezó y se acercó a su casillero, haciendo girar la combinación sin mirarla—. Todavía estoy tratando de acostumbrarme a todo esto. Es diferente de mi antigua escuela.
—¿Más grande? —preguntó Sparta, mientras guardaba sus libros en su casillero.
—Sí, y más... no sé, estructurada. Allí todos eran más caóticos. Aquí parece que todos tienen su lugar, como si todo estuviera preestablecido.
—Es un lugar pequeño. La gente tiende a seguir las mismas rutinas todos los días. —Sparta se encogió de hombros—. No es emocionante, pero es predecible.
—Eso tiene su encanto. —Raptor sonrió, aunque había un destello de algo más en su mirada, algo que Sparta no podía descifrar.
Justo antes de que el timbre sonara, anunciando el inicio de clases, Raptor miró su horario y se dio cuenta de algo.
—Parece que estamos en clases diferentes —dijo con un tono de decepción.
Sparta asintió, sintiendo una pequeña punzada de desilusión.
—Sí, estoy en Matemáticas ahora. ¿Tú?
—Historia. —Raptor hizo una mueca—. Bueno, supongo que nos veremos después, en la cafetería.
—Sí, allí estaré. —Sparta le sonrió antes de despedirse y dirigirse hacia su clase.
Durante el día, mientras se dirigía a sus diferentes aulas, Sparta no podía evitar pensar en Raptor. Incluso en las clases, donde solía ser uno de los más atentos, su mente divagaba, imaginando cómo estaría Raptor lidiando con su nueva rutina.
Cuando finalmente llegó la hora del almuerzo, Sparta se apresuró a la cafetería. Había algo que lo impulsaba, una anticipación que no podía controlar. Y allí estaba Raptor, esperándolo en la mesa de la esquina, justo como lo habían planeado.
—¿Qué tal la mañana? —preguntó Raptor cuando Sparta se sentó frente a él.
—Fue... normal —respondió Sparta, encogiéndose de hombros—. Matemáticas nunca es emocionante. ¿Y tú? ¿Cómo te fue en Historia?
—Sobreviví. —Raptor sonrió con un destello de ironía en sus ojos—. Al menos, ahora sé dónde están todos los baños. Aunque me perdí un par de veces.
Sparta rió, y la conversación fluyó con naturalidad. Hablaron sobre las clases, los profesores, y Raptor compartió más detalles sobre su antigua escuela, comparándola con San Martín.
Mientras comían, Sparta le contaba a Raptor sobre la historia del pueblo, las leyendas locales y los lugares que valía la pena visitar. Raptor escuchaba con interés genuino, haciendo preguntas y compartiendo detalles sobre su vida en la ciudad.
—¿No te parece demasiado tranquilo aquí? —preguntó Raptor, mirando por la ventana hacia el patio.
—A veces sí, pero también es un alivio. En un lugar pequeño, es más fácil encontrar tu propio espacio. —Sparta hizo una pausa, dándose cuenta de que estaba revelando más de lo que solía compartir con los demás—. Pero entiendo que para alguien que viene de la ciudad, puede parecer aburrido.
—No lo es tanto cuando tienes a alguien que te lo haga interesante. —Raptor sonrió de nuevo, y Sparta sintió que su corazón se aceleraba.
La tarde transcurrió rápidamente, y antes de que se dieran cuenta, era hora de irse a casa. Mientras salían de la escuela juntos, Raptor se detuvo en la puerta principal, mirando a Sparta con una expresión que mezclaba seriedad y curiosidad.
—Gracias por hacerme sentir bienvenido, Sparta. Sé que no es fácil ser el chico nuevo, pero tú lo has hecho más llevadero.
—No tienes que agradecerme —respondió Sparta, sintiéndose extrañamente tímido bajo la intensidad de la mirada de Raptor—. Es bueno tener a alguien con quien hablar.
—Deberíamos hacerlo más seguido. —Raptor le lanzó una mirada significativa—. Quizás podríamos salir este fin de semana, explorar el pueblo un poco más. ¿Qué dices?
Sparta sintió un nudo en el estómago, pero esta vez era una sensación agradable, de anticipación más que de nerviosismo.
—Me parece una buena idea. Podemos quedar el sábado.
—Perfecto. —Raptor le dio una última sonrisa antes de girarse y caminar hacia la salida—. Nos vemos mañana, Sparta.
Mientras veía a Raptor alejarse, Sparta se dio cuenta de que algo dentro de él había cambiado. Había una emoción latente, una chispa que no había sentido en mucho tiempo. Tal vez este nuevo chico, con sus ojos dispares y su actitud despreocupada, estaba trayendo algo nuevo a su vida, algo que ni siquiera había sabido que necesitaba.
Con una última mirada a la figura de Raptor alejándose, Sparta salió de la escuela con una sonrisa que no podía contener, sintiendo que el futuro prometía más de lo que había imaginado.
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Colores Opuestos (Spartor)
Fiksi PenggemarUna historia de romance escolar entre dos chicos cuyas diferencias los unen, desvelando un amor inesperado en medio de contrastes.