Capítulo 3

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La humedad en su mejilla lo despertó del sueño. Jackson sonrió inconscientemente y soltó una pequeña risa sin abrir los ojos.

—No lo puedo creer... —dijo comenzando a abrir los ojos. —Es un milagro que te hayas despertado antes que yo. —dijo con una voz juguetona. Se giró hacia dónde venían los besos. —¡Ah! —gritó al encontrar a Nike chupeteándole la nuca.

Lo bajó de la cama de inmediato pensando en que no llevaba el cachorro en su casa ni un día y ya le estaba molestando. Miró a su lado y Mark seguía durmiendo, ajeno hacia cualquier cosa que pasara a su alrededor.

Jackson en muchas ocasiones había pensado que el castaño no se despertaría ni aunque en el exterior estuviese ocurriendo el Apocalipsis mundial.

Se desperezó y fue hacia el baño. Encendió el grifo de la ducha y se acercó a la puerta. Miró a su novio, desnudo bajo sus sábanas antes de cerrarla. Hubiera preferido ducharse con él, pero sospechaba que si lo esperara no podría ducharse hasta después de comer. Se metió bajo el agua fría, le gustaba la temperatura baja por la mañana, eso le ayudaba a despejarse y a que su cuerpo se activará al cien por cien. Se colocó una toalla bajo el torso y salió por ropa. Nike se había vuelto a subir a la cama y se había acurrucado junto a Mark. Jackson gruñó pero lo dejó que se quedara con el castaño.

Fue hasta el vestidor y agarró un vaquero y una camiseta sencilla. Estaba a punto de sentarse en su sofá cuando escuchó la puerta. Debía ser su vecina, para devolverle la bata de baño.

Abrió la puerta sin esperar a quien encontró ante él.

—¿Papá? —preguntó sorprendido al ver ahí plantado a su padre. —¿Qué haces aquí?

—¿Un padre no puede visitar el piso que ha comprado para su hijo? —inquirió con el ceño fruncido.

Jackson no perdió detalle en que había dicho que había ido a visitar su piso, y no a él. Entonces recordó a Mark, desnudo en su cuarto.

—Claro... —dijo sin dejar pasar a su padre y pensando alguna excusa para que se marchara.

—Pues déjame entrar. —dijo como si su hijo fuera idiota.

—Verás, es que estaba... —comenzó a decir, pero su padre lo apartó de la entrada.

—Apártate de una vez. —dijo haciéndose paso. Jackson miró preocupado hacia la habitación. Su padre fue hacia la cocina y dejó una bolsa sobre la encimera. —He traído el desayuno.

—¿Para los dos? —preguntó sorprendido.

—Sí. Hace mucho que no desayunamos juntos. —contestó el hombre, resuelto.

Jackson ni siquiera recordaba cuando fue la última vez.

—En realidad... no estoy solo, papá. —reconoció Jackson.

Su padre se giró para mirarlo.

—¿Ah no? —preguntó y no tenía una expresión demasiado amistosa.

—Mark está...

—Ah... —dijo sin dejar terminar a Jackson. —Mark. —dijo como si todo lo que representara aquel nombre no le gustara nada de nada. —¿No estará durmiendo, verdad?

Jackson se tensó.

—¡Claro que no! —mintió Jackson. Para su padre dormir hasta tarde era propio de vagos y zánganos. En realidad, casi todas las cosas que solía hacer Mark, su padre las consideraba malos hábitos. Por lo que Jackson quería evitar que su padre tuviera aún más mala impresión de Jackson. —Está en la ducha.

—Ya. —dijo sin creerse ni una palabra.

—Iré a decirle que estás aquí. —dijo mientras comenzaba a caminar de espaldas hacia su habitación. —En seguida vuelvo, ponte cómodo.

Sólo tres deseos - 爱 // MarksonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora