Emma
Podría ser mala persona diciendo que no me arrepentía, pero era lo que los dos queríamos, y sé que es lo que tenía que pasar tarde o temprano, y Charles ha empezado un juego que no he querido desperdiciar, terminando enredados en la cama, haciendo de todo menos hablar. Tras una tarde llena de cardio y sudor, volvimos a darnos una ducha y nos fuimos en busca de algún restaurante para cenar. La zona era increíble, y las calles acogedoras, era la típica foto que aparecía en las postales. Nos sentamos en la terraza de un sitio que nos llamó la atención y esperamos a que nos atendieran. Hasta este punto, agradecí que Charles supiera tantos idiomas.
–Me parece increíble que estemos aquí.
–Me parece más increíble lo que ha pasado esta tarde –no había dejado de sonreír desde que nos besamos.
–Sí.
–Creo que no he perdido dotes –vaciló, obviamente bromeando.
–Diría que sí.
–¿Ah sí? Ilumíname, señorita –se apoyó sobre su mano.
–La tienes pequeña, no lo recordaba.
Su boca se abrió en forma de o, totalmente ofendido.
–DIME que es broma.
–Te ha disminuido o algo. Una pena –estaba bromeando, pero él no se daba cuenta, era gracioso verlo ofendido.
–Vete a la mierda –rodó los ojos y dejó de mirarme.
–Comprate un aparato de esos que salen en publicidad del porno para hacer la polla más grande.
–Sí, anda. Ahora mismo –se estaba poniendo rojo y todo–, hace tanto que no veo porno que no me acuerdo ni de qué anunciaban. Si tu marido se hinchaba a pajas porque no te lo querías follar y lo veías desde su pantalla no es mi culpa.
–A callar, micro pene.
–Vale, exfoliante.
–¿Qué?
–Estás más seca que la mojama.
–Mis dedos no te dirían lo mismo.
–¿Eh?
–De lo mucho que me los he metido para masturbarme.
–Si mi polla pudiera hablar... –se rió.
–Recordaba que me dijiste que no te masturbabas apenas.
–Exacto, yo no me masturbaba.
–¿Otras sí? Me pareció entender que también dijiste que no tenías contacto con mujeres...
–... Vale, tú ganas, pero sabes perfectamente que la tengo de un buen tamaño, maldita.
–Como te picas, dios... que bueno –no podía parar de reír.
–Mimimimi... –imitó una boca con su mano.
–E ibas a contarme una historia completamente falsa para hacerte sentir mejor después del zasca que te acaba de soltar. Ay, que gracioso, de verdad.
–Cállate ya, por dios...
–Vale vale...
–Mide quince centímetros, ¿a ti eso te parece pequeño? –me reí aún más, esto es surrealista.
–Que noooo.
–Dios, que vergüenza... –se acabó riendo también.
La cena terminó transcurriendo entre risas y variadas conversaciones. Y después, de vuelta al coche. Al estar ambos dentro, me dio un beso en la mejilla y arrancó. Me vino a la cabeza todo lo que había pasado hoy, de verdad que no me lo creía. Nos encerramos otra vez en la habitación del hotel, mientras yo seguía pensando en todo lo que había pasado hoy. Era real. No lo estaba soñando. Dudaba si llamar a esto infidelidad, teniendo en cuenta como están las cosas de mal con Carlos y lo feo que me hace sentir. Porque con Charles todo era bonito. No había nada malo. Y con Carlos era como hablar con el señor tenebroso. Frío. Modesto. Sin sentimientos. Tenía claro que cuando lo volviera a ver, iba a tomar cartas en el asunto. Pero ahora, quería disfrutar al máximo de él.
Me quedé tranquila en la cama junto a él mirando el móvil y entré en mi aplicación del banco para revisar cosas, cuando de repente vi un ingreso de Charles de cincuenta mil euros.
–¡Charles!
–¿Qué? –me mira asustado.
–¿Por qué tengo ese dinero en mi cuenta?
–Porque de los cien mil que he ganado, cincuenta son tuyos.
–No tenías porqué.
–Sí tenía por qué. ¿Crees que Carlos va a dejarte algo después del divorcio?
–¿Quién te ha dicho que me vaya a divorciar?
Se me quedó parado, mirándome. Sopesando qué podía responder a eso.
–... A ver –se humedeció los labios–, no, pero pensé que...
–Es broma, si lo voy a hacer. No quiero pasar más vida con un hombre como él.
–¡Se me ha parado el corazón, cabrona! No me hagas esto que yo ya no doy para disgustos... –se pasó las manos por la cara.
–Anda ya.
–Oye, quiero pasar mi puta vida entera contigo, callate.
–Que mono.
–Por eso necesito que te divorcies, para que seas libre de estar conmigo sin tener que esconderte en Mónaco, Emma...
–Ya... –suspiré.
–Me molesta que siquiera tengamos que escondernos, como si no tuviéramos derecho a ser felices... –suspiró también y se apoyó en el cabecero de la cama.
–¿Y qué quieres? Estoy casada todavía, cualquier mínima muestra de amor en público puede ser alarmante, ya viste el simple hecho de agarrarme una mano cenando, las redes exportan. Igualmente, Charles, si me divorcio de Carlos no me voy a meter a otra relación tan rápido, me gusta como estamos así.
–Estaba hablando de que simplemente ya no te quedes atada. Me da igual lo que hagas después mientras te vea feliz y esté para poder presenciarlo, princesse. Aunque... si es conmigo, como que mejor –una carcajada débil se escapó de su boca para luego mirarme.
–Claro –sonreí.
–No me gusta ver cómo te trata. Te apaga. El hombre que esté contigo tiene que saber hacerte brillar. Arthur lo hacía, yo lo hice. Y Carlos no supo.
–Sí lo hizo, en su momento... O más bien, antes de reencontrarnos.
–Parece que solo sabía hacerlo cuando sabía que nadie podía hacerlo mejor –si Carlos hubiera oído eso, lo mataría.
–Ya...
–Debería trabajar más en si mismo.
–Y tanto.
–Tú no te mereces ser la mujer del proceso de nadie, eres demasiada mujer para eso.
–Voy a romper mi círculo con él.
–Y puedes volver a empezar, conmigo.
–Volvería a empezar contigo las veces que hiciera falta.
–Por eso nunca podría dejar de amarte –sonrió mirando hacia el techo, para que luego el brillo de sus ojos fuera directo hacia mí. Nunca sería capaz de vivir una vida sin Charles a mi lado–, me acuerdo de que cuando tocaba el piano, siempre salía la canción que me pedían que tocara.
–Eso fue hace muchísimos años ya.
–Ya, pero tocaba solo, y acababa tocando tu canción. Encima ni existía, tú fuiste la que la cantó y yo la hice partitura. Aún está guardada por algún sitio en el trastero.
–Sí, me acuerdo.
–Y me ponía a tocar el piano para no pensar en cortarme las venas, y mis dedos acababan tocando tu canción solos. Era increíble de ver –rió–, mi hermano me cerraba la tapa de golpe cuando la oía para "despertarme".
–No me olvidarás nunca, eh.
–Ni aunque pierda la memoria.
Joder, lo quería tanto.
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𝐬𝐢𝐧 𝐝𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐚 [FINALIZADA]
FanficLos Dos libros aquí. Llevas siete años con el famoso Arthur Leclerc, tenéis una relación preciosa, pero empiezan a haber tentaciones cerca. Charles, su hermano mayor y tu amigo desde que empezaste a salir con Arthur, empieza a actuar de manera dis...