Capítulo 28 Parte II

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Alexander.

Semanas después...

Bajé las escaleras en dirección al sótano con mil escenarios en la cabeza. Cada uno peor que el anterior. La ansiedad y el miedo al tener a Lia tan indefensa en mis brazos, aún permanecían frescos en mi sistema. Y sinceramente, eran sentimientos que preferiría no volver a experimentar jamás.

Aquella noche fue lo más parecido a mi infierno personal, infierno que planeo extender a todo el que interponga en mi camino a partir de ahora.

El suelo chirrió con cada pisada, transformando la estancia en un lugar tan desagradable como entrañable. En estas paredes, me convierto en la pesadilla de muchos, ya que entre ellas, sucedió mi primer asesinato y mi iniciación en la Bratva, con apenas trece años. Este lugar es un testigo silencioso de mi sangrienta historia, una que, por el momento, prefiero mantener oculta de cierta chica pelirroja.

El ambiente nauseabundo del calabozo es la premisa perfecta, para lo que estoy a punto de hacer.

La habitación es oscura y lúgubre, con paredes de piedra que le dan un aspecto frío y húmedo. Cadenas oxidadas cuelgan de los muros y una tenue luz proveniente de una bombilla ilumina débilmente la estancia, proyectando sombras alargadas y siniestras en las esquinas. Cada paso es una silenciosa advertencia, una que se hace eco en todo el lugar.

Me detengo justo enfrente de la primera celda, la más amplia de todas. Busco las llaves y abro la reja, que al moverse emite un crujido siniestro.

Dentro, la mujer cuelga esposada, con una respiración leve e imperceptible. Avanzo hasta detenerme a pocos pasos y ella levanta la cabeza. Apenas logra percibir mi presencia. Lleva varios días aquí, así que le cuesta darse cuenta de que su final está muy próximo.

Natacha Volkov la joya de cualquier evento insignia de la alta sociedad. La joven más codiciada por hombres de gordas billeteras y una envidiable influencia en las altas esferas, no es más que un amasijo de carne y sangre.

—No me subestimes Natacha— la muy puta levanta la mirada con él deprecio brotando de sus ojos— El sentimiento es mutuo.

Sonrío como si su opinión me importara una mierda. Me agacho y aprisiono su barbilla con mis dedos índice y pulgar. Su mirada destella ira, decepcionado de que aún tenga ganas de luchar, la suelto y me limpio las manos. Doy una vuelta por la celda examinando cada herramienta y mueble que utilizaré para acabar con ella de la forma que merece.

—Debes saber que, si sigues vivas, no es por la inexistente bondad de mi corazón, sino porque he estado demasiado ocupado como para preocuparme por tu patética existencia—le digo sin dejar de examinar el lugar.

Definitivamente, si hay una parte de la casa que necesita remodelación es esta. Quizás debería dejarle ese trabajo a Vlad. El muy hijo de puta estará encanto de hacer reformas.

—Demasiado ocupado fornicando con una que no pertenece a nuestro mundo— su voz interrumpe mis cavilaciones haciendo eco en la celda.

Me detengo en seco al escuchar la ofensa y una sonrisa escapa de mis labios al ver que por fin ha decidido romper el mutismo autoimpuesto, nada más y nada menos que para hablar de mi mujer.

— Por menos que de eso tu padre ejecutaba a los traidores.

Suspira pesadamente como si le costara respirar y eso que no ha visto lo que le tengo reservado.

—Él si era un hombre en todo el sentido de la palabra.

Solté una carcajada al escucharla.

Esta mujer había logrado llegar tan alto gracias a sus mentiras, su boca flexible y su cuerpo fácil. Ella jamás había conocido quien era verdaderamente mi padre. De lo contrario no se hubiera acercado a él y mucho menos casado, cuando solo llevaba días de haber enviudado. Pero claro cómo eran el mismo tipo de mierda, quizás empatizaban mejor de lo que me imaginaba.

¿En que lio me he metido? #PGP2024Donde viven las historias. Descúbrelo ahora