Capítulo 41. ¿Cuantos corazones más?

59 10 8
                                    

Cauich

—¿Tienen peonias?—pregunté a la encargada de la florería. Era la tercera vez que visitaba una en busca de las preciadas flores.

La joven negó con la cabeza, un poco apenada.
—Pero tenemos girasoles...—señaló hacia una sección donde destacaban los girasoles.

Sacudí la cabeza.
—Son lindos, pero no, gracias—dije, dándome media vuelta y saliendo del lugar.

Miré mi reloj: eran casi las 3 de la tarde. La frustración comenzaba a invadirme, pues había estado buscando las flores desde las 12 del día.

En una florería anterior, me hicieron esperar 40 minutos mientras el encargado terminaba unos arreglos que debían estar listos para la 1 de la tarde. El joven me dijo que tal vez podrían tener peonias, así que decidí quedarme. Sin embargo, resultó que no tenían. Me sugirió otra florería a una hora de distancia, apenado fui hasta allí, pero tampoco las encontré.

De regreso, vi otra florería y me detuve. Pero, como ya conté, tampoco hubo suerte.

Suspiré, llevándome una mano al cabello y tirando de él con suavidad. Se hacía tarde, y hoy era el día perfecto para entregarle las flores.

—Ugh...

Suspiré nuevamente y empecé a conducir sin rumbo fijo mientras buscaba más florerías en mi celular. Para mi alivio, aún quedaban cinco abiertas. Después de revisar fotos y reseñas, me llamó la atención una llamada "Rosetta", que estaba dentro de un centro comercial. Aceleré el paso, estacioné el coche y me dirigí rápidamente hacia el lugar.

Al entrar, un aroma a rosas, lavanda y vainilla me envolvió. Miré a mi alrededor y vi ramos de flores perfectamente decorados, envueltos en papeles de tonos pastel, mientras que otros se presentaban como flores sueltas. Una mujer mayor se me acercó, curiosa.

—¿Buscabas algo en especial, joven?—llevaba un delantal gris sobre un vestido azul, unos lentes y sus cabellos mostraban las primeras señales de canas.

—Busco peonias—respondí rápidamente, aferrándome a la esperanza de encontrarlas.

La mujer giró la cabeza.
—Solo tenemos peonias amarillas, azules y rosadas—dijo, volviendo su mirada hacia mí—¿Buscabas algún color en particular?

Una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro.
—Rosadas—respondí aliviado.

La mujer asintió suavemente y me pidió que la siguiera. Caminamos unos pasos hasta donde estaban las flores, esas que no crecen en cualquier lugar.

—Casi nadie compra peonias—dijo con una sonrisa mientras soltaba una ligera risa—Supongo que puedes pagarlas, ¿verdad?—levantó una ceja con un toque de picardía.

Eso me puso nervioso. Sabía que el costo era elevado, y aunque mi sueldo no era el más bajo, estaba dispuesto a pagar todo por Morgan.

Asentí.
—Sí.

La mujer dejó de sonreír y me miró con sorpresa. Sin decir más, tomó cinco peonias y comenzó a arreglarlas en un hermoso ramo.

—Debe ser una mujer muy especial para que le regales estas flores—comentó rompiendo el silencio.

—Es mucho más que eso—respondí con sinceridad.

La mujer terminó el ramo.

—¿Sabes el significado de las peonias?—preguntó, mientras sus manos seguían en el arreglo.

Avergonzado, bajé la cabeza y negué. Pensaba que con saber que eran las flores favoritas de Morgan era suficiente, pero me intrigaba la idea de que hubiera algo más detrás de ellas.

El dolor de ser nosotros ✔️ Editando Donde viven las historias. Descúbrelo ahora